Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Noticia de agencia

Noticia servida automáticamente por la Agencia EFE

Esta información es un teletipo de la Agencia EFE y se publica en nuestra web de manera automática como parte del servicio que nos ofrece esta agencia de noticias. No ha sido editado ni titulado por un periodista de eldiario.es.

Un juez aprende más en Tolstoi que en el Código Civil, dice autor de relatos

Un juez aprende más en Tolstoi que en el Código Civil, dice autor de relatos

EFE

Sevilla —

0

Los relatos de Felipe R. Navarro están en varias antologías y, como profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Málaga, donde enseña Cultura Literaria del Derecho, cree que “un juez aprende más sobre su trabajo leyendo 'La muerte de Ivan Ilich' de Tosltoi que leyendo el Código Civil”.

“Al leer una sentencia, lo primero que se encuentra, antes de las normas aplicadas, es un relato de los hechos que van a encajar en esas normas; un jurista debe aplicarse en ese relato, debe aprender a contar, a seleccionar el material narrativo, a ordenarlo, a someterlo a elipsis o a integrar rellenar silencios; y eso lo suele hacer mejor un escritor que un jurista”, ha dicho a Efe Navarro.

Para el profesor y escritor, “contar la vida, contar el Derecho, es construir una ficción; el escritor y el jurista aspiran ambos a lo mismo, a la verosimilitud, a contar algo de manera que parezca que eso fue lo que y cómo ocurrió”.

Felipe R. Navarro, que ha publicado un nuevo libro de relatos titulado “Hombres Felices” con la editorial madrileña Páginas de Espuma, especializada en narraciones breves, ha recordado que “hay una historia larga de escritores que estudiaron Derecho y que incluso aprendieron a escribir leyendo manuales de Derecho”.

“Supongo que por sus exigencias de precisión, de que nada sobre ni nada falte para que se entiendan los razonamientos posteriores que el derecho plantea”, ha añadido al recurrir a un ejemplo:

“Hay que pensar en 'El mercader de Venecia', una libra de carne, nada menos, pero nada más; ahí tenemos al Derecho y a la literatura contando juntos la vida; es más, desconfío de cualquier jurista que no tenga interés en la literatura, siempre será un jurista incompleto, un mal jurista”.

Navarro ha asegurado que “uno de los grandes juristas españoles, Eduardo García de Enterría, borgeano confeso, fue también académico de la Lengua, por citar un ejemplo reciente; pensar en el Derecho me ayuda a pensar cómo narrar, escribir me ayuda a trabajar con el Derecho”.

Sobre su actividad judicial ha asegurado que jamás le ha proporcionado un argumento para un relato, pese a que principalmente se dedica a “la gestión del desamor”, como su admirado amigo el también escritor Rafael Pérez Estrada se refería al Derecho de Familia.

No obstante, esa actividad en un gabinete jurídico sí que le proporciona “la posibilidad continua de reflexionar sobre el hecho de narrar, sobre cómo contamos para que lo que contamos encaje en lo que cuenta la norma”.

Navarro ha rechazado que el lenguaje judicial se siga distinguiendo por el abuso de los gerundios, porque, ha asegurado, en las sentencias “ya no hay 'considerandos' ni 'resultandos'; cuentan lo mismo, pero de modo distinto; incluso podríamos pensar que las sentencias son un género lampedusiano”.

En uno de los relatos más breves de “Hombres felices”, un hombre que involuntariamente sirve de modelo a un cuadro de Edward Hopper pierde el empleo por ese motivo -el dueño de la gasolinera en la que trabaja lo reconoce en el lienzo fumándose un cigarrillo junto a los surtidores de combustible-, un argumento que, según el autor, no trata del destino:

“Tiene que ver con eso que decíamos sobre las ficciones, de qué modo se construyen y cómo nos afectan de modo distinto, cómo un hombre que podría resultar o creerse de algún modo honrado por servir de posible punto de partida a una historia hermosa, un cuadro capaz de conmover, en la práctica se ve arrasado por ese robo de una parte de su historia en un momento determinado de su vida”.

Cuando, de acuerdo con el título de su libro, se le pide una definición de la felicidad, Navarro responde: “Si tuviese idea sobre ese asunto no habría escrito cuentos, sino quizás el manual de autoayuda definitivo, o bien estaría fabricando la fórmula magistral para venderla en píldoras verdes, porque por lo que sé los colores azules y naranjas para píldoras exitosas ya están cogidos”. Alfredo Valenzuela

Etiquetas
stats