La bomba de relojería de las rencillas familiares: Cesc Gay lleva al límite el amor fraternal en ‘53 domingos’
La familia no es siempre ese refugio instaurado en el imaginario colectivo. En ocasiones, los lazos de parentesco son una bomba cargada de deudas emocionales y roles perpetuados desde la infancia. Esto, que se ha visto frecuentemente en el cine de Cesc Gay (Barcelona, 1967), caracterizado por exponer las debilidades humanas, se vuelve a apreciar en la comedia que el director acaba de estrenar en Netflix. Disponible en la plataforma desde este viernes, 53 domingos usa la reunión de tres hermanos para diseccionar el mito de que el amor fraternal es un espacio seguro y abordar el tabú de cómo gestionar el cuidado a los padres cuando se convierten en personas dependientes e irreconocibles.
Protagonizada por Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez y Alexandra Jiménez, la película es la adaptación de la obra de teatro homónima del cineasta. La historia obliga al espectador a asomarse a un espejo incómodo en el que se reflejan las estructuras de cuidado, las jerarquías familiares y el impacto del envejecimiento en una generación que trata de cuidar a sus progenitores enfrentándose a la realidad de la falta de tiempo y recursos. Es una generación que ha alcanzado la edad adulta y que, además de lidiar con sus propias crisis vitales y laborales, intenta encontrar cuáles son sus personas de confianza al percatarse de que los vínculos de sangre quizá no lo son todo.
De hecho, el motor de 53 domingos no es el padre, sino la relación que mantienen los tres hermanos y su evolución a lo largo de la cinta. Cesc Gay explica a elDiario.es que creer que la familia debe ser un bloque sin fisuras es “como pensar que todos los matrimonios son felices”, una falacia que ignora que “el ser humano es así, se pasa el día peleándose” y que no existe diferencia entre la dinámica de unos hermanos y la de una “reunión de vecinos intentando ponerse de acuerdo en si arreglan el ascensor o no”. “No hay lugar en el que no haya conflicto”, señala el director, que agrega que quien se dedica a escribir se aprovecha de eso para crear dramas o, en este caso, comedias.
La cinta recoge un combate de egos entre hermanos que se manifiesta en discusiones que el director califica de “absurdas y ridículas”, como la disputa por cambiar una bombilla. Son problemas que evidencian cómo la familia es capaz de ignorar el problema real —el futuro del padre— para centrarse en sus propias rivalidades. La película juega con roles de envidia y competitividad a menudo aprendidos en la niñez, mostrando patrones que se repiten constantemente mientras el tiempo pasa fuera de la casa en la que se ambienta la trama. El final es muy significativo, pero 53 domingos pone el foco en aquellos cierres que no se producen, en esas rencillas que nunca acaban desapareciendo.
La estructura de la película indica lo difícil que es llegar a acuerdos mediante cuatro intentos fallidos de una cena, una muestra de la disfuncionalidad familiar donde los hermanos no se sientan en la mesa hasta que es demasiado tarde. “La primera vez que como director afrontas un guion siempre vas un poco más perdido”, advierte Cesc Gay. “Aquí ya venía con esa ventaja, y mi trabajo se trataba, sobre todo, de adaptar y reescribir cosas. Quería que fuera una película muy ágil, y no quise que se sentaran a hablar hasta la última secuencia, que es la estructura irónica que tiene. Cuando finalmente se sientan, aparece Alexandra con malas noticias”, explica.
El papel de la mujer en los cuidados familiares
En el ring doméstico de 53 domingos, es la hermana Natalia quien intenta ejercer un “papel conciliador” que el director define como un lugar “donde lo que ella siente no es lo importante, pues lo importante es encontrar y generar siempre un ambiente agradable”. Aunque al final todo salta por los aires, el personaje interpretado por Carmen Machi representa a la mujer que asume la carga, algo a lo que pone el foco Cesc Gay en una España donde la mayoría de cuidadores siguen siendo ellas. “Las mujeres son quienes más pringan eso. Es una realidad en las familias y en la forma de funcionar en esta sociedad, pues nos cuesta cuidar a los padres y acaba siendo más la mujer la que lo hace”, señala el cineasta.
Es por esta razón que Gay quería que, al estar Natalia entre dos hombres, tomara ese rol. “Es un personaje que tiene este equilibrio de querer siempre que no haya conflictos, que no haya peleas. En este caso, además, lo que quiere es ponerse de acuerdo con sus dos hermanos”, argumenta el director. No obstante, este utiliza a Carol, interpretada por Alexandra Jiménez, para que sea la narradora que rompe la cuarta pared. “No es ninguno de los tres hermanos. Por eso mira a cámara, se relaciona directamente con el espectador y le avisa de que van a ver una película donde los hermanos se van a pelear”, cuenta, agregando que era una estructura que tenía la versión teatral y no quiso eliminarla.
Carolina alude al espectador en los interludios y en la reflexión final. “Todo el rato te está recordando, con el hecho de mirarte, de hablarte un poco, que es la narradora. Y no estamos acostumbrados en las películas. Cuando hay una voz en off es más fácil, por ejemplo, que el espectador se asocie o se vincule con esa voz en off. Pero a mí me gustó la energía que tenía hacerlo de esta manera, por eso quise abrir con ella andando por la calle y contando cosas”, argumenta el cineasta.
Asimismo, el filme también juega con la influencia que tiene la posición económica de cada hermano, esa disparidad de clases que existe dentro de una misma familia. “Es radicalmente importante”, reflexiona Cesc Gay. “En muchos momentos de la película es clave que a tu hermano mayor le vaya muy bien, que tenga una vida de lujo y no porque se la haya ganado él, sino porque se casó con la hija del jefe, que es la frase literal que tiene Javier Cámara. Él interpreta a un actor y, como cuenta Alexandra al público, no le han ido tan bien las cosas. Se lleva al extremo lamentable y patético por mi parte, con toda la ironía posible, de que lo contratan para hacer de tomate en un anuncio de gazpacho”, añade.
Pese a que Cesc Gay ha apostado por el humor para hablar de estos temas y mostrar en pantalla los conflictos familiares, considera que también se puede abordar esto desde otra perspectiva y llamar la atención de la gente. “Un director o directora podría hacer esta película, hacerla muy dramática e intensa y que saliera una grandísima película que tuviera mucho éxito. Al final las películas conectan con el espectador, sean dramas o sean comedias”, afirma el cineasta, que concluye que “todo se puede hablar desde muchos lugares y todos tocamos los mismos temas”, siendo lo que cambia “la mirada y la intención del director y del escritor”.
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