Jafar Panahi y la guerra en Irán marcan la previa de los Oscar: “No entiendo qué hago aquí. Estoy, de alguna forma, por obligación”
La semana previa a los Goya, la Academia de Hollywood organiza en su flamante museo de Los Ángeles varios encuentros con los nominados de varias categorías. Uno de los más esperados es el de Mejor película internacional. Los ciudadanos de los países nominados residentes en LA abarrotan la sala, y tiene la peculiaridad que, al contrario que con el galardón de Mejor película, donde suelen ir los productores, son los cineastas los que acuden a un encuentro donde suelen destacar las bondades de sus rivales a menos de 48 horas de la ceremonia de los Oscar.
Este año el nivel de las películas nominadas al Oscar internacional lo hacía aún más interesante, pero sobre todo había interés por cómo afrontaba el evento el director iraní Jafar Panahi, nominado por 'Un simple accidente', mientras el país en el que se encuentra bombardea el suyo. Su familia sigue allí, y a pesar de haber manifestado su rechazo a la dictadura en Irán e incluso saber que cuando pusiera un pie allí le iban a arrestar y meter en prisión, lleva desde que salió para hacer la promoción del filme asegurando que quiere regresar a Irán.
El encuentro entre los cinco nominados, nuestro Oliver Laxe, por Sirat; Joaquim Trier, por Valor sentimental; Kleber Mendonça Filho, por El agente secreto; Kaouther Ben Hania, por La voz de Hind y el propio Panahi comenzó de forma extraña. Las moderadoras no mencionaron la guerra ni las bombas sobre Irán, y solo Kaouther Ben Hania hacía una referencia a lo que estaba ocurriendo.
Sin embargo, en un momento concreto Panahi reconoció cuando le preguntaron por la valoración de la campaña por el Oscar, que no entendía ni siquiera qué hacía allí. “La verdad es que tengo sentimientos encontrados y realmente no entiendo por qué estoy aquí. Tal vez ni siquiera quería estar aquí. Comparar los Oscar o cualquier otra cosa con lo que está ocurriendo en mi país carece de sentido”, comenzó diciendo.
El director, que ganó la Palma de Oro por su película, subrayó esa “dualidad de sentimientos”, y reveló que había sido empujado a hacer una promoción que no quería. “No estoy pasando por días ni noches muy buenos. Pero continué porque me había comprometido con mi distribuidora y con esta campaña. El día en que terminó el plazo de votación escribí una carta a mi distribuidora y les pedí que me dieran permiso para no continuar. Les pedí que se guardaran la noticia, que yo no estaría presente hasta el mismo día de los Oscar, pero me dijeron que si hacíamos eso tendríamos que notificarlo a la Academia y podría ser controvertido. Como no quería armar un escándalo seguí adelante, en cierto modo, por obligación”, dijo lanzando una pulla a Neon, su distribuidora en EEUU y también la de los filmes de Laxe, Filho y Trier.
Panahi se refirió a Irán en casi cada intervención, también cuando le preguntaron por los retos creativos de una película hecha en clandestinidad. “Cada película tiene sus problemas, a veces son económicos, y los míos son políticos. En los regímenes autoritarios existen las intervenciones gubernamentales, las cuales generan problemas en todo. En Irán existe el problema de la censura, y la gente tiene que ingeniárselas para sortearla”, explicó. Pero también añadió que, sin haber estado en prisión, no hubiera podido hacer esta película, y subrayó la ironía: “Este régimen, al arrojarme a la cárcel, en cierto modo me regaló esta película. Todos estos personajes eran personas que yo había conocido en prisión”.
¿Qué va a suceder después de este régimen?, ¿quién estará al mando?, ¿continuará el ciclo de violencia? Cada minuto surgen nuevos acontecimientos que nos alejan de este ideal
Un filme que habla sobre la violencia, sobre cómo romper el círculo que genera, algo que considera difícil ya que “el régimen está inyectando violencia en la sociedad”. “Cuando estaba haciendo esta película me decía a mí mismo que no era para el momento presente, sino para después de la caída del régimen. Y me planteé esta pregunta: ¿qué va a suceder después de este régimen?, ¿quién estará al mando?, ¿continuará el ciclo de violencia? Cada minuto surgen nuevos acontecimientos que nos alejan de este ideal de que se rompa la violencia. Solo en cuestión de dos días el régimen mató a entre 30.000 y 40.000 personas. Lo cual significa, una vez más, que intentó introducir la violencia en la sociedad. Esta película es un buen documento que muestra cómo es el pueblo de Irán”, apuntó con pesar.
El genocidio en Gaza también se coló en la conversación en boca de Kauother Ben Hania, que en su primera intervención recordó que el protagonista de su película Motaz Malhees, no podrá estar en la ceremonia, ya que se le ha prohibido la entrada por ser palestino. Pero mostró confianza en que el cine sirva para algo. De hecho, informó de que se ha presentado un proyecto de ley ante el Congreso de EEUU, la Carta de Derechos para la Rendición de Cuentas, con la que ha sentido que su trabajo tiene sentido porque “puede tener un impacto real en la realidad misma”. “No sé si llegará a aprobarse en un sistema que ya está tan viciado como este. Y, de nuevo, pido disculpas por la atmósfera tan densa que estoy generando, pero esta noche también me siento muy enfadada porque Motaz no pueda asistir a los Oscar por la simple razón de ser palestino”, contestó a las moderadoras, que lograron que el resto de conversación girara en torno a ese sentimiento de comunidad que se ha creado entre los cinco nominados de una de las ediciones más potentes que se recuerdan en la categoría de Mejor película internacional.
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