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'Lemóniz', la historia de una tragedia convertida en ficción: “Las víctimas de ETA han cargado con la vergüenza durante años”

Guillermo Sanna y Florentino Flórez posan con el cómic

Clara Nuño

13 de julio de 2026 21:19 h

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Sabía que lo iban a matar y, aun así, se quedó. Esta podría ser una de las frases que resumiera quien fue Ángel Pascual, un hombre (casi) olvidado por la historia. Uno más entre las 853 víctimas mortales de ETA, según datos del Ministerio de Interior. Pero Pascual fue mucho más un número. Ángel Pascual era un ingeniero nuclear de la central de Lemóniz (Vizcaya). Una central que empezó a construirse en 1972 por la empresa Iberduero (luego Iberdrola) y que nunca llegó a ponerse en marcha tras múltiples protestas de grupos ciudadanos, ecologistas y antinucleares en una España que empezaba a despertar del letargo de la dictadura.

La central nunca llegó a ponerse en marcha porque, a fines de los 70, la organización terrorista decidió sumarse a las protestas con su habitual forma de actuar, a base de Goma-2 y arrebatando vidas, con el objetivo de detener las obras a cualquier precio. Una de las vidas segadas fue la de Pascual, que también era la mano derecha de Jose María Ryan, el ingeniero jefe; secuestrado y asesinado antes que él. Por eso, Pascual, que recibió múltiples amenazas, sabía que lo iban a matar. Ángel Pascual fue la última y novena víctima mortal de Lemóniz.

Este episodio negro de la historia reciente de España es el que han elegido el guionista Florentino Flórez (1961, Avilés) y el dibujante Guillermo Sanna (1976, Palma) para rendir homenaje a aquellos hombres a los que mataron por ir a trabajar. “No hemos hablado con las familias, no hemos hablado con nadie involucrado directamente hasta ahora”, explica Flórez a elDiario.es frente a una jarra de agua y rodeado de cómics en la madrileña librería Generación X.

“Para nosotros, aquellas personas que murieron son admirables y, con este cómic, intentamos darles la mayor dignidad posible. Esperamos que sus allegados lo entiendan así”, continúa el guionista para señalar que la razón por la que ambos se han involucrado en un proyecto que les ha llevado varios años de investigación y documentación (que puede encontrarse referenciada al final del libro) es sencilla: ahí había una buena historia que todavía no se había contado. O no del todo.

Lemóniz: ETA y el movimiento nuclear (Norma editorial, 2026) narra, en definitiva, quiénes fueron aquellos que se convirtieron en una cifra más en las estadísticas, desde los obreros Baños, Guerra y Negro hasta los dos ingenieros, sobre cuyos hombros recae buena parte del relato. Sobre todo en Pascual, el menos conocido de ambos. “El nombre de Ryan nos sonaba a todos porque salió mucho en su momento en la televisión, pero de Pascual no se sabía casi nada más allá de la labor que ha ido haciendo su hijo para que se recuerde la figura de su padre”, continúa Flórez.

Página de 'Lemóniz'

Ryan, padre de cinco hijos, fue secuestrado, ejecutado a sangre fría con las manos atadas a la espalda y abandonado en un bosque. Pascual, padre de tres hijas y un hijo, fue tiroteado por tres pistoleros cuando llevaba en el coche a su adolescente de 17 años a la parada de autobús. “Su hijo ha contado muchas veces cómo él llegaba a casa de madrugada, borracho como todos los chavales rebeldes de su edad, a la espera de la reprimenda de un padre que no estaba, que ya nunca podría estar”, cuenta el guionista.

Realidades complejas

Pascual fue la última víctima mortal y la penúltima en general. La última fue Alberto Muñagorri, de 10 años, que resultó herido de gravedad el 26 de junio de 1982 en Rentería por una bolsa-bomba colocada por la banda en la puerta de un almacén de Iberduero. El niño estuvo muchas semanas debatiéndose entre la vida y la muerte. Finalmente, perdió el pie izquierdo y quedó ciego de un ojo. “A las ocho horas del atentado (…), mi madre tuvo que tragarse una manifestación que gritaba Gora ETA miltarra! a las puertas de mi casa”, dice el testimonio de un Muñagorri adulto recogido por Flórez y Sanna al final del relato.

Página de 'Lemóniz'

El cómic, por tanto, ilustra una realidad compleja borrada por el paso del tiempo. “La lucha ecologista era una buena excusa para ETA, para decir ‘estoy ayudando al pueblo vasco y lo voy a liberar del peligro nuclear’”, explica Flórez, señalando que, cuando profundizaron en el tema y se asomaron a las vidas de los dos ingenieros asesinados, se dieron cuenta de que ellos solos “construían una gran historia” en la que Flórez opina que lo que a él le importa es “que se sepa que estos tíos fueron unos héroes y tienen que ser recordados”. Así, la novela gráfica incide en que todos los asesinados por ETA en su ciega lucha contra esta central fueron civiles: obreros e ingenieros. Trabajadores a los que esta obra rinde homenaje recuperando su recuerdo con nombres y apellidos.

“El cómic acaba de salir, pero ya nos están llegando correos de gente que quiere compartirnos las historias de su familia, y eso es muy emocionante”, continúa el guionista para señalar la importancia de reivindicar a las víctimas del terrorismo. “Hablamos con un periodista que trabajó durante diez años con uno de los hijos de los obreros muertos y nos contó que, tras una década a su lado, el hijo comentó de pasada que a su padre le había matado ETA. ¡Diez años sin abrir la boca!”, desvela Flórez, indicando que las víctimas han cargado durante mucho tiempo con “una especie de vergüenza”. “Ellos se enfrentaban a que el padre moría y luego, en el pueblo, les decían ‘algo habrá hecho’”, apunta Flórez.

Página de 'Lemóniz'

Las ilustraciones de Sanna, por su parte, están llenas de contrastes con, por un lado, escenas muy íntimas y, por otro, viñetas cargadas de violencia. “El dibujo, en un caso como este, es como el lenguaje. Es un vehículo de expresión”, explica el mallorquín, quien ha trabajado, entre otros, para Marvel, con los que ha dibujado para numerosas series como Bullseye (2016), Deadpool (2017), Amazing Spider-Man (2021), New Mutants (2023), Iron Man (2022), Star Wars (2022) y Savage Wolverine (2025).

Para Sanna, en casos como este, hay que tener en cuenta que, a veces, el virtuosismo o el detalle puede pasarle por encima a la historia que uno está contando. “Si te fijas en el detalle del dibujo, pierdes el hilo narrativo. Por eso en las escenas de violencia está todo mucho más esquematizado, porque las cosas pasan más rápido y en las familiares hay más detalle”, ejemplifica el dibujante, que se vale, también, de la luz y la oscuridad para variar entre los ambientes opresivos y los amables, donde ambos autores buscan contar quiénes fueron aquellos que ocuparon unas líneas en los periódicos y telediarios de entonces.

La pregunta hoy es qué queda de todo aquello. Tal y como redacta Flórez en el cómic, en septiembre de 1982, el Estado central se hace cargo de la continuación de Lemóniz. Un mes más tarde, el PSOE gana las elecciones y no se reanudan las obras. En 1984, el Gobierno decreta la moratoria nuclear, paralizando tres centrales en construcción: Sayago, Valdecaballeros y Lemóniz. La ley de ordenación del sistema eléctrico de 1994 reconoce el derecho de los titulares de las tres centrales nucleares a percibir una compensación por las inversiones realizadas. El pago se sufraga a través de la tarifa eléctrica, en el recibo de la luz. Los españoles pagan 5717 millones de euros a lo largo de 19 años. En 2020 se salda por fin la deuda. La empresa desmanteló y vendió el equipamiento instalado. Escribe Flórez que, en el lugar, ya solo quedan los grandes edificios vacíos.

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