La cultura reclama aforos al 100% y pasaporte COVID para no desaparecer

Varias personas del público asisten al concierto de Fangoria a 17 de agosto de 2021 en la plaza de toros de Toledo (Castilla-La Mancha).

Peio H. Riaño


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Paco López Martín, presidente de la Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo (ARTE), se citó hace unos días con el responsable de uno de los espacios de conciertos más importantes de España. Está en Madrid y, aunque podemos imaginar de qué centro se trata, prefiere no desvelar el nombre. “Si en noviembre no tengo el 100% del aforo y con el público en pie, cierro”, asegura López que le contó el empresario musical. En esa misma conversación le habló de una situación financiera lamentable después de un año y medio con aforos limitados y taquilla bajo mínimos. En unas semanas arranca una nueva temporada cultural y decisiva para la sostenibilidad de las industrias del sector, que han llegado agotadas y reclaman permiso para actuar a pleno rendimiento con la población vacunada.  

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“Lo peor en estos momentos es que las directivas sanitarias vigentes se escribieron en abril y no se han modificado, a pesar de tener casi un 70% de la población con la pauta completa”, señala López Martín. Por eso reclama “valentía y voluntad” a la clase política para ayudar a los sectores más damnificados. El 59% de las empresas culturales han despedido durante la pandemia, según el último informe de Fundación Contemporánea.

Según los datos obtenidos de la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística (INE), el sector cultural nunca perdió tantos puestos de trabajo en un solo año como en 2020: 42.100 trabajadores se quedaron en la calle. El primer año pandémico provocado por el coronavirus fue más destructivo que cualquiera de los cuatro años en los que la pasada crisis financiera esquilmó las cuentas del sector.  

Cada comunidad autónoma marca un aforo diferente y desde la Consejería de Cultura de Madrid aseguran que a mitad de este mes la consejera Marta Rivera de la Cruz dijo que “a final de agosto será el momento de revisar las cifras y ver la posibilidad de ampliar aforos”. A falta de unos días para que acabe el mes, no han revisado los protocolos. El sector consultado tampoco confía en que vayan a hacerlo. De momento, en Madrid, los eventos culturales están limitados al 50% de aforo en interior y al 75% en exteriores. El presidente de ARTE explica a este periódico que la temporada estival acabará en unas semanas, pero que el otoño y el invierno están en el aire y son tres meses decisivos para la supervivencia de las pequeñas y grandes empresas de espectáculos en vivo. 

Al borde del cierre

El WiZink Center, convertido en un centro de vacunación 24 horas, también tendrá problemas de supervivencia como palacio de conciertos, asegura Pablo López Martín, si la situación no se revisa. “No va a poder resistir otro año con el público sentado, con mascarilla y distancia de seguridad. Y, como este, el circuito de salas de conciertos de la capital. La situación no es rentable y ya no tenemos más ahorros. Así van a llegar vivas a primavera muy pocas. Necesitamos empezar a hablar del pasaporte COVID. Y con urgencia. Si no pueden aprobar el aforo al 100%, que nos ayuden económicamente para no cerrar”, apunta el presidente de ARTE. 

En Francia ha ocurrido esto. El Centre National du Cinema et de l’Image Animée (CNC) ha ejecutado un fondo de ayuda de 90 millones de euros para distribuidores, productores y exhibidores. Estos últimos recibirán 59,3 millones de euros del total y la prioridad serán las pequeñas salas de cine. De esta manera, el Gobierno francés paliará los seis meses de cierre de las salas de cine, que reabrieron en mayo al 65% de ocupación. Desde agosto, el público debe mostrar el pasaporte sanitario para acceder al cine, que ya tiene aforo al 100%. La población francesa con pauta completa apenas supera el 50% y las pérdidas han obligado a retrasar los grandes estrenos a la espera de garantizar más público en los próximos meses. 

“No podemos esperar más ayudas económicas porque nunca van a cubrir las necesidades del sector. Lo importante es volver a la actividad plena cuanto antes”, sostiene con énfasis Joaquín Martínez Silva, Kin, presidente de la Federación de la Música de España, ESmúsica. Cuenta que el plan de recuperación y resiliencia por venir no será nada si no hay un plan de contingencia ahora. “No podemos hablar de futuro si no tenemos presente. No podemos permitir que el sector desaparezca. El pasaporte COVID es urgente. A mí ya me lo están pidiendo en Alemania para los conciertos del año que viene. Con nuestros porcentajes de vacunados, el pasaporte haría posible espectáculos con un aforo sin limitación”, afirma Kin. 

Sin recursos ni créditos

Así que la nueva temporada arranca con todos los recursos económicos agotados y la esperanza de que en septiembre las comunidades autónomas unifiquen los protocolos sanitarios. “Hemos gastado mucho dinero tratando de volver a la normalidad, pero todo se ha encarecido y no hemos tenido ningún retorno. Con aforos a la mitad no podemos continuar: los créditos se han agotado y las ayudas fueron insuficientes. Ahora debemos ser muy certeros porque ya no tenemos margen de actuación”, añade el presidente de Esmúsica.

Los empresarios reclaman un criterio único para planificar la actividad con rigor y no provocar la desconfianza en el público. Kin aclara que los experimentos de conciertos en Barcelona han demostrado que no son foco de contagios. Por eso pide claridad para no asustar más a los espectadores. 

El productor más importante de las artes escénicas en España es Jesús Cimarro y también reclama la instauración del pasaporte COVID para liberar al 100% los espacios públicos. Es el director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que ha tenido aforo al 75% este año y ha vendido todas las localidades. Además es el presidente de la Asociación de Productores y Teatros de Madrid y advierte de que la nueva temporada empieza en unos días sin cambios: “Volvemos limitados”, resume.

Ha participado esta semana en los primeros encuentros de las industrias con el ministro de Cultura, Miquel Iceta, y cuenta que le ha pedido que reclame a las comunidades la ampliación de aforo para los teatros. Una función, dice, no es comparable con un concierto porque el público está sentado, con la mascarilla y sin relacionarse con el resto. “Entra, se sienta, aplaude y se marcha. No hay contacto”, resume.

Si el aforo no llega al 75%, los empresarios no cubren su inversión. Las giras sobreviven gracias al caché. Madrid abrió los teatros por la inversión pública en el caché de las compañías. En estos momentos sólo pueden sobrevivir sin esa ayuda pública las funciones que hacen temporada en Madrid, Barcelona y Valencia. Antonio Onetti, presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), asegura que el verano de 2021 ha sido peor que el de 2020 porque los promotores de actuaciones en vivo no podían arriesgarse a no cubrir los gastos.

“Como pinches, te arruinas para siempre. Este julio y agosto las garantías han desaparecido y te arriesgabas a perderlo todo. Así que las promotoras han preferido quedarse en casa si no había caché. La incertidumbre está matando al sector”, relata Onetti, que añade que los festivales de música han sido los peor parados. Una situación que no cambiará en las próximas semanas. 

Desde la Asociación para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual (ADEPI) indican otra paradoja del momento: los rodajes de series y películas están a pleno rendimiento, pero los exhibidores lo están pasando mal. Esto provoca, además, que las plataformas digitales sigan creciendo mientras las salas de cine se asfixian ante la falta de apertura sin límites. “En septiembre, lamentablemente, no va a cambiar nada. El pasaporte COVID es la única garantía para que la industria cultural vuelva al 100% y no muera. A mitad de aforo en espacios cerrados durante los próximos meses de otoño e invierno no va a poder sobrevivir. Es inviable”, indica Antonio Fernández, el presidente de ADEPI. Hay espectadores vacunados y no hay miedo. La voluntad política debe rematar la jugada.   

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