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Cultura

DISCOS DE LA SEMANA

Las segundas partes musicales sí son buenas: 'Stranger Things' y la vuelta a los 80 (otra vez)

Además de la banda sonora de la segunda temporada de Stranger Things, en esta primera entrega del 2018 también comentamos los discos de Costa o JASSS

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Kyle Dixon & Michael Stein

Stranger Things 2
Invada / Pias
BANDA SONORA
7/10

Las segundas partes nunca fueron buenas. El viejo dicho popular, que perfectamente podría aplicarse a la segunda temporada de la televisiva Stranger Things, no tanto se cumple en lo relativo a la banda sonora que de nuevo firman Kyle Dixon & Michael Stein. De acuerdo en que se evapora el factor sorpresa, pero no es menos cierto que los valores en los que se sustenta su trabajo para la serie siempre ha tenido más que ver con factores como la nostalgia o la capacidad para extraer bonitas melodías de su colección de sintetizadores clásicos. En esta segunda entrega sigue habiendo de eso, y en abundancia.

En líneas generales, el tono en estas treinta y cuatro piezas es más contemplativo y carente del nervio de aquel tema central que ya se ha convertido en Historia de la televisión. Y el resultado de esa irreal melancolía viene a ser algo así como Tangerine Dream afrontando el encargo de realizar la banda sonora de los nuevos episodios de Twin Peaks. No hay trampa ni cartón: el trabajo de Dixon & Stein supone una inmersión de cabeza en un género bien definido. Su mérito está en conseguir que, aún conociendo el truco, permanezcamos embobados atendiendo a la ilusión.

Costa

Maldito
Grimey
RAP
7/10

Hace ya mucho que en nuestro país somos poco dados a la clasificación por edades de los productos culturales. Posiblemente, a causa del recuerdo de un tiempo pasado que fue peor. Existir existen, pero no es que les hagamos demasiado caso. Si estas fueran más restrictivas y rigurosas, el disco de Costa (Hugo Ortiz) no podría cogerse con las manos desnudas ni escucharse en la red sin un control parental. Y aún otra advertencia debería de imprimirse con mayúsculas en la portada de Maldito: "Abstenerse los detractores del latineo y las nuevas músicas urbanas en general". En caso de ser uno de ellos, salta en marcha de estas breves líneas…

Costa ya ha tenido problemas en el pasado por los contenidos de sus letras, hasta el punto de que su contratación en fiestas patronales se ha convertido en un arma arrojadiza entre partidos políticos. En cualquier caso, si alguien esperaba que Costa se replantease su el tono de sus canciones como consecuencia de esas experiencias, es que no conoce al rapero madrileño.

Con su música, fotografía un mundo feo y sórdido, en el que las drogas sirven de gasolina, donde no hay más razón de existencia que el sexo y la ley no está escrita sobre papel porque viene impuesta por el más fuerte. Su visión está lejos de ser idílica y es legítimo dudar si existe en su visión una glorificación del lumpen.

Es el viejo debate, tan antiguo como la representación artística de la realidad. A raíz de aquellas polémicas que le señalaban como apologeta del machismo, la cosificación y la violencia (de género y la general), el propio Hugo Ortiz escribía lo siguiente: "Una cosa es expresar la violencia, la soledad y la marginación en la que viven buena parte de los jóvenes a los que el sistema no ha integrado, o directamente a excluido; y otra muy distinta es hacer una apología de los valores o la falta de valores que se manifiestan en dicha realidad".

No disparen al mensajero, nos dice… Y por si queda alguna duda, en Diablo enumera cuáles son sus modelos de comportamiento para escarnio de los fans del rock clásico que hayan llegado hasta aquí: "Para evadirme siempre uso lo más potente / Como Bowie, como Prince, Leonard Cohen y to esa gente".

Musicalmente su nuevo disco confirma la progresiva pearmeabilidad de Costa a los ritmos latinos. Algo que ya se intuía en su anterior trabajo, Inmortal (2014), pero que en Maldito se convierte en opción dominante. El resultado, y más allá de las innegables limitaciones de Costa a la hora de echar los versos, es una efectiva combinación de EDM ( Electronic dance music), cumbia electrónica y hardcore rap en la que colaboran The Zombie Kids, los mediáticos Nator & Waor o valores emergentes del trap patrio como Cuban Bling o Lawer.

Escuchando estos quince temas resulta comprensible el éxito de sus canciones entre aquellos jóvenes que se sienten atraídos por el lado oscuro. Todavía más por aquellos que directamente viven inmersos en él…

 

JASSS

Weightless
iDEAL
ELECTRÓNICA
9/10

La historia de la asturiana Silvia Jiménez Álvarez es fascinante. A pesar de su juventud, arrancó este proyecto hace ya seis años. Poco después decidió migrar a Holanda para, pasado un tiempo, instalarse en Berlín donde se ha convertido en una celebridad del underground, llegando incluso a pinchar en el templo del techno, la discoteca Berghain. En todo este tiempo su entrega al universo del sonido es absoluta, bien sea creando su propia música, desarrollando su faceta como DJ o trabajando en proyectos audiovisuales e instalaciones.

Pero si hasta ahora su nombre había corrido como la pólvora en los círculos más enterados de la escena techno, el salto de gigante de JASSS ha llegado con la publicación de su primer álbum, un ambicioso doble disco que vio la luz el pasado mes de septiembre y cuya tirada se agotó en semanas. Ahora, por obra y gracia de los listados de lo mejor del año, la distribuidora y tienda online Boomkat reedita esta obra destinada a convertirse en título de culto de la historia de la música electrónica de nuestro país.

Con una estética recia y fría, tal y como se presupone a la etapa berlinesa de JASSS, Silvia desarrolla ocho piezas con títulos sugerentes y de una expresividad casi audiovisual: "Theo se va", "Comer con las manos sucias", "Cada uno de los peces de la charca". A pesar de manejarse en el terreno del minimalismo electrónico, el amplio bajaje musical de Silvia (interesada desde niña por el jazz o los sonidos africanos) le permite afrontar estas composiciones con una riqueza rítmica y de texturas inusual en el género.

 

La Sala Del Silencio

La sala del silencio
Munster
POST PUNK
6/10

El tiempo no ha hecho más que revalorizar el legado de Décima Víctima, una banda considerada menor en el contexto de la Movida y que con el paso de los años se ha convertido en objeto de fervoroso culto. Un ejemplo: un simple vistazo a la web de compraventa de Discogs basta para comprobar que el boxset de tres LPs publicado en 2010 por Munster Records alcanza ahora mismo una cifra de entre 125 y 170 €… y subiendo.

La sala del silencio

Es de esperar que rápidamente ocurra algo similar con este EP de cuatro canciones que, además, tiene la peculiariaridad de no haber visto la luz en el pasado, cuando se grabó. La Sala del Silencio es la continuación natural de Décima Víctima, es la banda que los hermanos Mertanen montaron tras romper con Carlos Entrena y para la que reclutaron a Áurea Cuní como guitarra rítmica. Hasta donde sabemos la cosa solo dio para cuatro canciones con calidad maquetera registradas en un casete estéreo en 1984, que es precisamente el material que contiene este lanzamiento.

El resultado no difiere demasiado del repertorio de su anterior grupo: un  afterpunk arty y melancólico que mira por el rabillo del ojo a los Cure de la etapa Seventeen Seconds, con Lars Mertanen ejerciendo de Entrena con un rango vocal bastante similar. Aún sin contener una canción a la altura de clásicos como Tan lejos o Un hombre solo -Entrena ha sido uno de los mejores letristas de su generación- el culto al legado musical de los Mertanen justifica más que de sobra su adquisición.

 

I Marc 4

Nelson Psychout
Munster
PSICODELIA
7/10

En medio del contexto musical retromaníaco que vivimos desde el cambio de milenio, no son pocos los sellos que se han lanzado a descubrir las maravillas de los archivos sonoros de librería. Se tratan de piezas musicales que se registraron en estudios, principalmente europeos, durante los años sesenta y setenta y que tenían como destino largometrajes y producciones televisivas.

Este volumen en concreto es el segundo de la serie Psychout, que a su vez está englobada en Vampisoul, el subsello de los madrileños Munster Records especializado en la recuperación de material descatalogado o directamente ignoto. Compila 18 piezas instrumentales rescatadas del archivo del sello transalpino Nelson y compuestas e interpretadas por I Marc 4, cuarteto gormado por el guitarrista Carlo Pes, el bajista Maurizio Majorana, el teclista Antonello Vannucchi y el batería Roberto Podio.

Con esa formación grabaron una veintena de discos en la década de los setenta. El grupo se especializó en la composición e interpretación de bandas sonoras para películas en un momento en que el cine italiano vivía el auge del subgénero giallo. Lo que explica el tono de estas composiciones: rock psicodélico de ascendencia mod, jazz de connotaciones noir y efectos sonoros que inmediatamente vinculamos con producciones de terror de serie B.

Los títulos de las canciones dan una idea aproximada de por dónde van los tiros: "mente distorsionada, "el viaje", "ritmo mórbido" o "espera espasmódica". A estas alturas del invento tal vez este tipo de discos han perdido capacidad de sorpresa, pero musicalmente resulta impecable.

 

Niña Tormenta

Loza
Uva Robot
FOLK
9/10

Los detractores de las habituales listas de lo mejor del año obviamente no les prestan toda la atención que merecen. Personalmente, los resúmenes de fin de temporada de diferentes partes del mundo, además de divertirme, siempre me sirven para descubrir un puñado de discos maravillosos. Es el caso del debut de la chilena Niña Tormenta (con el alias artístico Tiare Galaz), que  ha sido señalado por el principal medio online de su país, Super45, como el mejor disco nacional del 2017.

Razones hay para ello. A priori el planteamiento musical del disco puede traer a la cabeza un ejército de cantauroras "indies" a ambos lados del Atlántico: un ukelele, percusión esquelética (por momentos imperceptible) y la melodiosa voz de Tiare.

Lo que le separa de tantas otras artistas con presupuestos musicales similares es, además de las dosis exactas de cada uno de esos elementos, la capacidad de Niña Tormenta para resultar emotiva, tradicional (canta A la mar fui a por naranjas) y, a la vez, moderadamente vanguardista. Manejándose en una línea similar (y a la vez diferente) a Juana Molina o planteando su candidatura para convertirse en el reverso femenino de su compatriota Gepe.

Además, por si todo esto no fuera suficiente regalo por sí mismo, ofrece la libre descarga del disco (que no conoce la luz en formato físico) en su perfil de bandcamp.

 

Shame

Songs of Praise
Dead Oceans / Popstock!
POST-HARDCORE
8/10

El rock de guitarras británico pasa por horas bajas. Y, desde luego, no son estos jovenzuelos del South London los destinados a revitalizarlo. Pero, al menos, Shame sí se sitúan a la altura de una tradición que se ha perdido entre productos superventas e intrascendentes experimentos de temporada. Aún sin firmar una canción verdaderamente memorable que les catapulte a la primera línea del rock anglosajón, a Shame hay que reconocerles el colmillo, la mirada inyectada en sangre.

Aunque posiblemente el grupo retroceda a la tradición afterpunk de su país para explicar el origen de esas guitarras rasposas, por momentos hirientes, en realidad el grueso de los diez temas que componen este debut tienen bastante más que ver con el característico sonido pesado de bandas de Chicago como Naked Raygun y los militantes del sello Touch & Go. También con nombres más actuales, pero igualmente avasalladores como Fucked Up o Pissed Jeans.

Si acaso su filiación británica enseña un poco la patita en temas como Friction, con un no-sé-qué borrachuzo que les emparenta al sonido baggy de Happy Mondays, o Lampoon, que podrían haber firmado The Rakes hace una década. Esperemos que no les ocurra como a estos últimos, a los que la desesperada urgencia por acceder a un público más numeroso hizo que se diluyeran como un azucarillo.

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