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Cultura

James Blake dice adiós al niño prodigio con el primer gran disco de 2019

Además de lo nuevo de James Blake comentamos discos de Caspar Brötzmann Massaker, Deerhunter, Rayden, Sharon Van Etten y Steve Gunn

James Blake

Assume Form
Polydor
POP
9/10

Con sólo 21 años el británico James Blake se presentó en sociedad con el cartel de niño prodigio y un puñado de EPs que se situaban en un territorio a medio camino de la música de club y un r'n'b emocionalmente devastador. Una década más tarde, el londinense poco tiene que ver ya con aquel joven desgarbado de apariencia frágil: en Assume Form, la primera de sus portadas en la que podemos ver nítidamente su rostro, Blake se transformado definitivamente en un adulto. En el camino Blake ha firmado tres discos impecables, en los que su particular estilo ha ido ganado en matices sin traicionarse a sí mismo. Assume Form, su cuarto álbum, no es una excepción.

Posiblemente sea aquel que más líneas de fuga ofrece de cuantos ha firmado hasta la fecha, con el sonido a medio camino de la música de club y el rap de Where's the Catch -incluye la colaboración vocal del componente de Outkast André 3000-, el romanticismo de I'll Come Too -con unos arreglos de cuerda que son puro Hollywood clásico- o la aparición estelar de Rosalía -Barefoot in the Park- que todo lo que toca se lo lleva a su terreno. Pero más allá de los matices que convierten a cada uno de estos doce temas un universo en sí mismo, los elementos centrales que han definido la música de Blake desde aquel debut homónimo de 2013 se mantienen intactos: su prodigioso falsete y una sensibilidad musical que es capaz de trazar la línea de unión que va de Stevie Wonder a Burial.

Con esos mimbres Blake ha compuesto el primer gran disco de 2019. Cuatro de cuatro. Sin fallo

 

Caspar Brotzmann Massaker

The Tribe / Black Axis
Southern Lord
EXPERIMENTAL
8/10

Los años ochenta fueron la década que propició la reinvención de la guitarra eléctrica. Movimientos como la No Wave o incluso el desarrollo de la música industrial pusieron la semilla para que bandas a ambos lados del océano como Sonic Youth o Einstürzende Neubauten desarrollaran aquellos presupuestos en canciones más articuladas y sofisticadas. El trío Caspar Brötzmann Massaker, surgido a finales de la década, estaba conectado con los segundos: uno de los más ilustres componentes de los Neubauten, F.M. Einheit, llegó a formar parte ocasionalmente de la banda. En cualquier caso, no era él sino el guitarrista que da nombre al proyecto el elemento esencial que le dio forma al mismo.

Al contrario de lo que ocurría con otras bandas de noise de la época, el bagaje de Caspar Brötzmann no estaba tanto en las escuelas de arte y ensayo como en el salvajismo free jazz que había mamado en su propia casa (su padre era el saxofonista Peter Brötzmann). Tal vez por ello la música de estos primeros discos discos del trío, ahora reeditados por Southern Lord, tiene un carácter desestrucrado y volátil, que más allá de su salvajismo la hace imprevisible, como un Jimi Hendrix que hubiera conocido el punk.

 

Deerhunter

Why Hasn't Everything Already Disappeared?
4AD/Popstock!
POP
8/10

Bradford Cox nunca ha sido un optimista y muy posiblemente ahora, cuando se aproximan los cuarenta, sea el peor de los momentos para que eso vaya a cambiar. Why Hasn't Everything Already Disappeared? es su particular grito de angustia ante el oscuro devenir de las cosas. Es una novedad: hasta hoy Deerhunter siempre se había definido más por su mirada hacia dentro que por sus apreciaciones sobre el mundo exterior. Y eso, a pesar de que Cox también ha vinculado la grabación de este disco a un grave crisis personal.

Esa oscuridad en realidad apenas afecta al tratamiento de las letras. Musicalmente y más allá de algún tema puntual (esa voz distorsionada en Détournement o la melodía de caja de música en Tarnung que podría perfectamente pertenecer a un disco de los Magnetic Fields) el octavo álbum de Deerhunter es un ejercicio de pop psicodélico, con canciones cortadas en el patrón de los grupos clásicos del género. Tomemos como ejemplo el tema de apertura, Death in Midsummer, con un sonido de clavicordio que imprime el carácter y un solo de guitarra final casi pinkfloydiano.

El clavecín es, de hecho, el sonido que sirve de conector entre las canciones más abiertamente pop del disco, un dato cuanto menos singular para un proyecto que desde el primer momento se había definido definido por sus guitarras.

Rayden

Sinónimo
Warner
POP
5/10

Tras Antónimo (2017) llega Sinónimo, segunda entrega de una prometida trilogía que cerrará Homónimo. Supone también el mayor reto que ha afrontado hasta la fecha David Martínez, que en este disco no solo asume la escritura de las letras, sino también la producción de los temas. Ambición es la palabra que define el trabajo de un hombre que hace ya tiempo que ha trascendido el territorio del rap para lanzarse de lleno a un pop de aspiración superventas y discurso bien intencionado: ahí está su alegato antiviolencia de género Caza de pañuelos, o Habla bajito en la que protesta abiertamente contra decisiones judiciales que coartan la libertad de expresión.

Otro de los elementos que definen el disco y de alguna forma resulta sintomático del espacio que Rayden ocupa ahora mismo en la música nacional es el listado de colaboradores: Iván Ferreiro, Bely Basarte, Andrés Suárez, Rufus T. Firefly o Pablo López son en su mayor parte músicos de pop con un éxito notable. Aunque desde la publicación de su primer disco Rayden no ha sido nunca un artista abiertamente underground, su trayectoria le ha ido alejando cada vez más de ese espacio en busca de audiencias masivas, algo que está muy presente en estas composiciones en las que el madrileño se sitúa a medio camino del rap y de la canción melódica, con un flow (o falta de él) que prioriza la épica y el efectismo a la técnica.

Algo similar podría decirse de la música de este disco, interpretada casi íntegramente por la banda que le acompaña habitualmente y que se maneja en un rango que va del heavy metal al pop latino de estadios. El resultado es un trabajo que –y esto no va a ser una sorpresa para Rayden- va a ser acogido con tibieza por parte de la crítica pero que le servirá para seguir aumentando su ya de por sí amplísima base de fans.

 

Sharon Van Etten

The Movement of the Free Spirit
Jagjaguwar / Popstock!
POP
8/10

Explica la nota de prensa que el germen de este disco hay que ir a buscarlo a la correspondencia entre la propia Sharon Van Etten y el productor John Congleton, en una serie de referencia y escuchas que marcaban el camino para lo que debía ser el sexto álbum de la cantautora de Brooklyn: Portishead, Suicide y, por encima de todo, el impactante último trabajo de Nick Cave & The Bad Seeds, The Skeleton Tree. Adiós pues al sonido mayormente folk que había dominado sus trabajos previos, que aquí da paso a unas composiciones con ritmos y arreglos electrónicos. Es un movimiento que recuerda bastante al que dio su vecina St Vincent hace unos años, precisamente a la altura de su carrera en que empezó a trabajar con Congleton.

El lifting no le sienta nada mal a una artista que mantiene la tensión dramática de anteriores entregas y que sin embargo cambia drásticamente de registro en busca de un nuevo público. Y vistos los resultados, está en el camino de encontrarlo.

 

Steve Gunn

The Unseen in Between
Matador / Popstock!
ROCK
7/10

Uno de los grandes guitarristas del rock americano de su generación, a Steve Gunn le conocimos esencialmente como músico en la sombra de otros artistas como Michael Chapman, Kurt Vile o Angel Olsen entre otros muchos. Pero Gunn lleva publicando su propias canciones desde hace más de una década, a raíz de la edición de Eyes on the Lines (2016) con el sello Matador con una mayor exposición mediática.

The Unseen in Between deja de lado su vertiente más hetorodoxa y experimental y se sitúa en un territorio bastante cercano al de su amigo y colaborador Kurt Vile, un folk-rock por momentos de tintes psicodélicos (New Moon) y con abundantes temas de corte acústico que rinden homenaje a los grandes renovadores folk de siempre (de Dylan a Fahey) y temáticamente afrontan cuestiones como la lucha de su padre contra una enfermedad terminal.

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