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DESALAMBRE

VÍDEO | La victoria de Loveth contra el vudú y la trata en España

La nigeriana Loveth logró salir de una red de trata con fines de explotación sexual en España

"Es prácticamente imposible que las declaraciones de estas chicas cumplan con las exigencias del Tribunal Supremo", dice Beatriz Sánchez, delegada de Extranjería de la Comunidad de Madrid

La ONG APRAMP denuncia en una nueva campaña la invisibilidad de las víctimas de trata en nuestro país, uno de los principales receptores, según la ONU

Fotograma del cortometraje 'Loveth', dirigido por Mabel Lozano

Fotograma del cortometraje 'Loveth', dirigido por Mabel Lozano

Desde que Loveth nació, le enseñaron a respetar a los dioses del vudú y a creer que solo así conseguiría estar protegida de la enfermedad y la muerte. Cuando aún era una adolescente, llegó el día del ritual. "El brujo me desnudó, me cubrió con una sábana, me hizo arrodillarme frente a unas imágenes y prometer que nunca diría nada a nadie y que pagaría mi deuda al llegar a Europa", explica entrecortada. Ese fue el principio de su pesadilla como víctima de trata con fines de explotación sexual en nuestro país.

Todo lo que Loveth vivió en ese rito lo presenció su madre, el brujo y la que desde aquél momento sería su "mami" –mujeres nigerianas que acompañan a las víctimas de trata y ejercen sobre ellas control y chantaje las 24 horas del día–. Desde la ONG denuncian que como ella, el 80% de las 800.000 personas que cada año cruzan fronteras para ser explotadas posteriormente, son mujeres y niñas para la explotación sexual.

"La trata solo se entiende en un contexto de oferta y demanda", dicen desde la organización. En España, casi el 40% de los hombres confiesan haber pagado por sexo y, según APRAMP, el 80% de las mujeres en situación de prostitución son o han sido víctimas de trata. Los colectivos que defienden la regulación de la prostitución cuestionan esta cifra y rebajan la incidencia de la trata en la prostitución.

En el caso de las mujeres nigerianas, cuyo perfil parece haber aumentado especialmente en los últimos años, las particularidades hacen que las víctimas de esta nacionalidad sean especialmente vulnerables, y la captación de las redes y mafias, más difícil.

"Para llegar de Nigeria a España tienen que atravesar tres desiertos y varias fronteras, y son fronteras que estas chicas no cruzan pasaporte en mano, ni saltando vallas, sino pagando en carne, siendo violadas y agredidas sexualmente", explica José Nieto Barroso, Jefe del Centro de Inteligencia y Análisis de Riesgo de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras.

Al llegar, el final de su viaje se transforma automáticamente en el inicio de su pesadilla. No vienen a trabajar en lo que ellas creían, han acumulado una deuda que suele rondar los 50.000 euros y tienen miedo. Miedo a las amenazas de las mafias, a la maldición del vudú, a no poder pagar su deuda, a la policía. "Las autoridades nigerianas forman parte de todo el proceso, son cómplices. No lo ven como algo contra lo que hay que luchar, sino como una fuente de ingresos", dice Beatriz Sánchez, delegada de Extranjería en la Comunidad de Madrid.

La limitación legal

"Hasta ahora, era habitual que las víctimas fueran tratadas como inmigrantes irregulares y deportadas sin el reconocimiento de sus derechos", denuncia la ONG, donde también reconocen que se van dando pequeños pasos, pero a un ritmo aún lento.

Durante el año 2010 España tipificó como delito la trata de seres humanos y, aunque nuestro país ha firmado tratados internacionales en los que se compromete a garantizar los derechos de las víctimas, "solo la Ley de Extranjería reconoce algunos de estos derechos, y en la práctica son difíciles de garantizar", explican en APRAMP.

Los expertos aseguran que a día de hoy, en España se siguen supeditando los derechos de las víctimas a su cooperación con la justicia, aun en un contexto en el que solo entre el 0,5 y el 1% de las víctimas de explotación sexual nigerianas denuncian.

Las pocas que lo logran, tienen que ajustar su testimonio a los criterios que exige el Tribunal Supremo para que se pueda romper la presunción de inocencia, por los que las declaraciones de las víctimas deben ser coherentes, constantes en el tiempo y que no acrediten que tiene animadversión hacia la persona contra la que se dirige.

Imagen del dossier "Esclavas sexuales en España" elaborado por la asociación APRAMP

Imagen del dossier "Esclavas sexuales en España" elaborado por la asociación APRAMP

"¿Ustedes creen verdaderamente que una mujer que ha pasado por un proceso migratorio durísimo, que ha visto morir a personas por el camino, que ha sido violada y explotada, podrá tener un relato coherente? Estas personas tienen fases negadas en su propia historia y no se reconocen siquiera como víctimas. Cumplir con las exigencias del Tribunal Supremo, en este sentido, es algo prácticamente imposible", asegura Sánchez.

El juego de la demanda

"En España existe esclavitud", dicen en APRAMP. Más concretamente, lo que Naciones Unidas ha considerado que es ya "la esclavitud del Siglo XXI". Nuestro país registra altas tasas de mujeres explotadas sexualmente y aún pocos recursos para paliarlas.

"Si estas chicas llegan aquí es porque existe una demanda, y tenemos que pensar también en la manera de llegar a esa demanda", dice Mabel Lozano, directora del cortometraje 'Loveth' realizado para la campaña de APRAMP "Nadie se ofrece para ser esclavo", que busca la concienciación para la erradicación de la trata en España. La guionista y directora especializada en temas de trata con fines de explotación sexual insiste en la necesidad de concienciar a la sociedad, a los jóvenes y a los potenciales consumidores de prostitución.

Lozano, que recalca la importancia de poner cara a las cifras, ha visibilizado la historia de Loveth y el valor que tuvo para denunciar. Hoy Loveth ha roto todo contacto con su familia y con la mafia que la mantuvo explotada durante años, y ahora ayuda a otras chicas que pueden estar pasando por lo que ella pasó entonces. Aunque confiesa que aún le cuesta: "Dentro de mí todavía tengo una lucha. Yo no les quiero creer (a sus explotadores), y quiero salir de ahí, pero aún tengo ese miedo dentro de mí. Desde pequeña me han enseñado que si no cumplo el juramento, el vudú cargará con nosotras".

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