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Un Día Sin Noticias


Imagen del grupo de diseñadores gráficos sirios "El pueblo sirio sabe su camino"

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Hace un año, el 22 de febrero de 2012, murieron en Homs Marie Colvin, Remi Ochlik y Rami Al-Sayed, alcanzados por bombardeos del ejército del régimen de Bachar El Asad contra la población. Los tres cubrían el conflicto en Siria, un país que se ha convertido en un “cementerio de periodistas”. La campaña Day without News? (¿un día sin noticias?) busca llamar la atención al hecho de que, cada vez más, los periodistas son blanco de los ataques de gobiernos autoritarios que no quieren testigos de las atrocidades que cometen. 

Banner de la campaña "A Day Without News"

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La iniciativa, que puede seguirse a través de Facebook y Twitter, trata de recabar apoyo al trabajo que realizan organizaciones como Reporteros sin Fronteras (RSF), el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) o Human Rights Watch (HRW). Coincide con el aniversario del fallecimiento de los corresponsales Marie Colvin y Remi Ochlik y plantea un escenario extremo: ¿Llegará un día en que dejarán de cubrirse los conflictos? El asesinato, persecución y acoso a quienes trabajan mostrando al mundo lo que sucede en países como Yemen, Bahréin, Eritrea o Siria, ha ido aumentando en los últimos años de un modo alarmante y lleva a los periodistas a una situación límite. No sólo a los corresponsales internacionales, sino especialmente a los locales, que se enfrentan a diario a la represión gubernamental.

Desde Global Voices Online se pide que no se olvide que la represión también afecta a los ciudadanos que cubren los sucesos sobre el terreno en contextos extremadamente represivos donde la presencia de periodistas internacionales suele ser escasa. En los últimos años ha ido aumentando el número de ciudadanos reporteros y activistas que con su cobertura han mostrado al mundo rincones que apenas recibían atención de los medios tradicionales, un fenómeno que sufrió una eclosión a partir de los levantamientos de 2011 y la conciencia de la importancia de narrar y compartir con el mundo unas movilizaciones históricas. Prueba de la participación ciudadana en la narración de los conflictos es el asesinato del video-activista sirio Rami Al-Sayed horas antes del fallecimiento de Colvin y Ochlic, una muerte que ha recibido mucha menos cobertura internacional y que forma parte de la  cruzada del régimen sirio contra cualquiera que sostenga una cámara.

Según Reporteros sin Fronteras, 2012 ha sido el año en el que más periodistas han fallecido. De acuerdo a los datos de la organización:

  • 88 periodistas fueron asesinados (un 33 por ciento más que el año anterior)
  • 879 periodistas fueron arrestados por hacer su trabajo
  • 1993 periodistas sufrieron amenazas o acoso
  • 38 periodistas fueron secuestrados
  • 73 periodistas se vieron obligados a huir o buscar refugio en otros países
  • 144 blogueros y "ciudadanos de la red" fueron detenidos

Las cifras son probablemente mucho mayores teniendo en cuenta la dificultad de acceder a los contextos más represivos y la frontera cada vez más difusa entre el trabajo de los periodistas y la cobertura desde el terreno que hacen ciudadadanos de un modo más o menos profesional. A través del mapa de Voces Amenazadas del proyecto Global Voices Advocacy se pueden ver las zonas de más riesgo y el tipo de presión que predomina en cada país contra quienes informan desde el terreno.

En España, estas fechas coinciden con la conmemoración del décimo aniversario de la muerte del periodista José Couso en Irak, asesinado por disparos estadounidenses en 2003. El ataque de los soldados al hotel Palestina, en Bagdad, fue una muestra del empeño en silenciar a los testigos, una tendencia que ha ido en aumento y que trasciende los contextos abiertamente represivos.

Eritrea, Corea del Norte, Turkmenistán y Siria son algunos de los lugares más peligrosos para el trabajo de los periodistas. La tendencia, sin embargo, apunta a que los riesgos no se reducen a los países con gobiernos  autoritarios. El informe sobre libertad de prensa que elabora cada año Reporteros sin Fronteras muestra  un aumento de los riesgos también en países democráticos, entre los que destaca la caída de Grecia al puesto 84 en la lista de países que respetan a los periodistas. En palabras del periodista griego Asteris Masouras: "Estamos llegando a un punto en que ser periodista será algo heroico en cualquier parte del mundo"

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