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Un estadounidense aceptó el trabajo de sus sueños en India, pero en la planta de gambas se encontró una historia diferente

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El 29 de octubre de 2023, Joshua Farinella, estadounidense de 45 años, voló a la ciudad de Amalapuram, cerca de la costa este de India, para comenzar su nuevo trabajo como gerente general en una planta de procesamiento de gambas. Farinella, quien habla en voz baja, tiene la cabeza afeitada, una barba cuidadosamente recortada y una manga llena de tatuajes, estaba emocionado por la idea de vivir en el extranjero por primera vez. Es cierto que este sería un trabajo de alta presión, y echaría de menos a Christa, su esposa, pero había negociado un salario de 300.000 dólares –278.000 euros– al año, más del doble de lo que ganaba en otra empresa de productos de mar en Estados Unidos. Bromeaba diciendo que ahora era el trabajador de gambas mejor pagado que no fuera dueño de su propia empresa. Calculaba que si lograba aguantar dos o tres años, se aseguraría de por vida: deseaba mejorar su furgoneta camper, pagar el préstamo del automóvil y reservar algo de dinero para la educación universitaria de su hijastra.

Tras un muro de hormigón de dos metros de altura, la planta se ubicaba a unos 9,5 kilómetros al noreste de Amalapuram y estaba rodeada de arrozales y cocoteros. Guardias de seguridad patrullaban el perímetro, una vista no poco común en instalaciones como estas. En el interior había un recinto de tres hectáreas donde las gambas, cultivadas en estanques cercanos, eran decapitadas, desvenadas, tratadas con productos químicos que las mantienen húmedos y enviadas al extranjero. Solo en 2023, la planta, arrendada por una empresa llamada Choice Canning, llenó las secciones de alimentos congelados en tiendas como Walmart, Price Chopper, ShopRite y Hannaford con un poco más de 22,2 millones de euros de gambas envasadas –Walmart y Ahold Delhaize, la empresa matriz de Hannaford, dijeron que estaban investigando las acusaciones, mientras que ShopRite y Price Chopperr no respondieron a las solicitudes de comentarios–.

Cuando llegó al trabajo, Farinella quedó impresionado por la cantidad de trabajadores que entraban por los portones. Le recordaba a una terminal de aeropuerto, aunque siempre parecía haber más personas llegando que yéndose. En los días siguientes, se dio cuenta de cuánto trabajo se requería para procesar gambas en las cantidades demandadas por la sede central: una cuota de 40 contenedores de envío o más de 600 toneladas cada mes. En cualquier día, podría haber más de 650 trabajadores en la planta, generalmente contratados por terceros. Cientos de los trabajadores vivían en Andhra Pradesh y regresaban a casa al final de cada día. El resto eran trabajadores migrantes que vivían en la planta y que servían como la columna vertebral de la operación. La planta funcionaba día y noche, compitiendo contra el calor y la amenaza constante de que se echaran a perder los productos. Los trabajadores migrantes eran principalmente mujeres, reclutadas casi exclusivamente de rincones empobrecidos del país como Bengala Occidental. Muchas provenían de la casta social más baja y eran analfabetas. Dormían en dormitorios espartanos en el lugar, en literas de metal. Generalmente, un guardia de seguridad estaba apostado afuera, cerca de la puerta principal del edificio.

A las 3.00 de la mañana del 11 de noviembre de 2023, algo interrumpió el sueño de Farinella que dormía en su apartamento a poca distancia en coche de la planta. Un gerente había enviado un mensaje por WhatsApp informándole de que a las 2.30 habían encontrado a una mujer corriendo por las instalaciones de tratamiento de agua de la planta. “Estaba buscando una manera de salir de aquí”, escribió el gerente. “Su contratista no le permite irse a casa”. Más tarde, otro gerente explicaría en una conversación grabada que los trabajadores solían escapar por encima del muro de hormigón, pero eso ya se había solucionado “para que nadie pudiera irse”. La mujer llegó hasta el portón principal, pero fue repelida por los guardias.

Prohibir a los trabajadores abandonar las plantas cuando lo deseen es una violación de la Constitución india y, probablemente, también del Código Penal del país, según el Corporate Accountability Lab, una organización de defensa e investigación. En una conversación grabada, un gerente le había explicado a Farinella que a algunos empleados de la planta se les permitía salir dos veces por semana para ir de compras al mercado. Farinella pensó que no debería haber ninguna razón para que intentaran escapar en plena noche. Varias horas después, al llegar a la planta, intentó obtener una respuesta sobre lo que había sucedido. Un gerente de recursos humanos le dijo que todo había sido un malentendido. En realidad la mujer no había querido irse.

Sonó una alarma en la mente de Farinella.

Farinella había trabajado en la industria alimentaria desde 2015. Choice Canning fabricaba comidas congeladas en su ciudad natal y le había dado un trabajo como oficial de aseguramiento de calidad en 2015 supervisando las normas de seguridad alimentaria. Luego trabajó para otra empresa de productos del mar, Lund's Fisheries, asegurando que su cadena de suministro cumpliera con las regulaciones, antes de regresar a su antigua empresa en 2023. Estaba acostumbrado a brechas en la contabilidad y fallas en las auditorías. Pero esto parecía mucho más serio. Farinella, que fue criado en una antigua ciudad minera en Pennsylvania por un veterano de Vietnam y una trabajadora de la seguridad social, se había desviado del camino cuando era joven, viviendo temporalmente en la calle y acumulando condenas, desde conducir ebrio hasta intentar cobrar cheques falsos. Desde entonces, se había distanciado de su familia; dejó de hablar con sus padres después de que desaprobaran su matrimonio con una mujer negra.

En la planta en India, se encontró a sí mismo encubriendo el hacinamiento en el lugar de trabajo, y haciendo planes para esconder a los trabajadores cuando llegaban los inspectores. Se vio a sí mismo engañando a los clientes sobre el origen y la calidad de las gambas, incluido su estado de certificación o su granja de origen, y dijo que le ordenaron hacer envíos de gambas contaminadas a Estados Unidos. Los gerentes que trabajaban para Choice Canning podían ser frustrantemente evasivos, agregó, pero, a veces, también podían ser sorprendentemente francos. Registró los intercambios con ellos en grabaciones secretas, capturas de pantalla y miles de páginas de documentos.

“Durante años he luchado contra esto a distancia”, dijo, refiriéndose a sus años en seguridad alimentaria y control de calidad. “Y, de un día para otro, me encuentro justo en medio, no solo en medio, sino que mi trabajo consistía en literalmente asegurar que todas esas cosas, que estaban jodidamente mal, siguieran sucediendo”.

Las gambas y EEUU

Los estadounidenses devoran, de media, casi tres kilos de gambas al año, cifra que se ha duplicado en una generación. En 2001, los crustáceos llegaron a costar alrededor de 11 euros por 450 gramos, cuando los precios alcanzaron su punto máximo, y eran considerados un lujo. Desde entonces, los restaurantes y supermercados han comenzado a obtenerlos del extranjero y los precios han caído en picado. Hoy en día, algunos restaurantes ofrecen una ultimate unlimited shrimp deal, una oferta de gambas ilimitadas por 25 dólares –23 euros–.

En 2015, algunas investigaciones periodísticas revelaron los costes ocultos de las gambas baratas. Se descubrieron migrantes birmanos, la mayoría de ellos mujeres, retenidos en condiciones similares a la esclavitud en cobertizos de pelado de gambas en Tailandia, país que durante gran parte de la década anterior había sido el proveedor preferido de los principales supermercados occidentales. Algunas de estas empresas alimentarias cortaron los vínculos, y las importaciones de Tailandia disminuyeron.

Con la ayuda del Gobierno que proporcionó subsidios y flexibilizó las leyes que restringían la inversión extranjera, India ayudó a llenar el vacío creado. Para 2021, exportó gambas por más de 5.000 millones de dólares a escala mundial y fue responsable de casi una cuarta parte de todas las exportaciones de este producto. Aproximadamente una de cada tres gambas consumidas por los estadounidenses hoy en día proviene de India.

Choice Canning es uno de los mayores proveedores indios en el mercado. Tiene oficinas en dos grandes ciudades indias, Kochi y Chennai, así como en Jersey City (Nueva Jersey) y, en 2023, envió gambas a Estados Unidos por un valor de más de 80 millones de dólares. 

En noviembre de 2022, la empresa anunció que sería la primera compañía india en convertirse en miembro de la Global Seafood Alliance (GSA), un organismo de la industria que promueve prácticas responsables. Choice Canning buscó la certificación por parte de la entidad de supervisión de la GSA, Best Aquaculture Practices (BAP), que ofrece certificar cada etapa de la línea de producción de un proveedor de productos del mar. La planta en Amalapuram lleva el sello de aprobación de BAP. Choice Canning dijo que las granjas de gambas que utilizan también lo hacen (ante los hallazgos presentados, la Global Seafood Alliance dijo que investigará si encuentra evidencia de violaciones).

Farinella no podía explicarse por qué las pruebas de antibióticos en las gambas de la planta resultaban positivas con más frecuencia de lo esperado. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) prohíbe el uso de productos farmacéuticos en gambas. La FDA no ha respondido a una solicitud de comentarios. Gran parte de las gambas que produce India se crían en pequeñas granjas acuícolas. El Corporate Accountability Lab, un grupo de investigación, encontró en un informe publicado este mes que muchas de estas granjas utilizan antibióticos para proteger a las gambas de los patógenos.

“Si casi todo lo que empaquetamos es BAP y las granjas son BAP, ¿por qué siguen apareciendo antibióticos?”, escribió Farinella en un mensaje de WhatsApp al gerente senior de control de calidad de la empresa. “Nunca compramos gambas de granjas BAP”, respondió el gerente senior: “Todos son de granjas locales no registradas”. El gerente, en un comentario jocoso, le dijo a Farinella “ya puedes imaginar el nivel de habilidad en el manejo de la documentación” que se requiere para que parezca lo contrario. Y añadió un emoji de carita sonriente.

Farinella preguntó desde cuándo había estado ocurriendo esto. “Siempre ha sido así”, escribió el gerente. “¡India ni siquiera tiene el 10% de la capacidad de cría BAP que afirma tener. Triste, pero esa es la realidad!”

El informe del Corporate Accountability Lab sugiere que lo que dice acerca de la magnitud del problema es cierto. Según este documento, la industria de gambas de India está plagada de violaciones ambientales, a los derechos humanos, y de seguridad, incluidos casos de trabajo forzado. El informe también destaca que las auditorías realizadas por BAP y organizaciones similares son deficientes. 

Choice Canning contrató a una firma, SGS, para realizar auditorías diarias con fines internos para ayudar a controlar las condiciones higiénicas. Estas auditorías a menudo detallaban preocupaciones sanitarias como el olor a descomposición, moscas, mucosidad, lodo, falta de hielo, refrigeradores rotos, máquinas contaminadas con algas y hongos, cabellos y manchas negras en las gambas, y una escupidera llena de tabaco de mascar en el suelo de la fábrica. Anualmente, los auditores de la misma firma, SGS, también producían una auditoría de cara al público donde se daba una evaluación positiva a la planta. SGS dijo que no podía compartir los resultados de sus auditorías por razones de confidencialidad, pero que se llevaron a cabo según los términos establecidos con el cliente.

Choice Canning también afirmó que los documentos de Farinella habían sido manipulados. El Proyecto Outlaw Ocean contrató a una firma forense de datos con sede en Reino Unido llamada Signify para revisar una selección de los documentos más importantes y concluyeron que ninguno de los documentos revisados mostraba signos de manipulación. Aquí puede explorar miles de páginas de registros internos de la empresa, auditorías, facturas, correos electrónicos y mensajes de WhatsApp proporcionados por el denunciante.

El mensaje de WhatsApp: “Envíalo”

Esto fue sorprendente, incluso para los estándares a los que Farinella se había acostumbrado en Amalapuram. Su jefe, Jacob Jose, vicepresidente de Ventas y Adquisiciones de la empresa e hijo del CEO, Jose Thomas, conocido como JT, acababa de enterarse de que 225 cajas de gambas crudas destinadas a los supermercados Aldi South en Estados Unidos habían dado positivo en la prueba de antibióticos.

El uso generalizado de antibióticos está provocando un aumento de la resistencia a los medicamentos necesarios para tratar todo tipo de infecciones en todo el mundo. En 2019, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del Gobierno estadounidense informaron de que cada año se producen cerca de tres millones de infecciones resistentes a los antibióticos en Estados Unidos, lo que provoca la muerte de decenas de miles de personas.

Si bien la FDA prohíbe la importación de gambas tratadas con antibióticos, la agencia solo inspecciona aproximadamente el 1% de las gambas importadas. En contraste, la UE verifica el 50% de las gambas importadas de India. Según los investigadores, las probabilidades de que un lote de gambas contaminadas de Choice Canning u otras empresas sea detenido son bajas. Una hoja de cálculo del inventario de la empresa muestra que más de 250 toneladas de gambas positivas en antibióticos fueron recibidas por la planta de Amalapuram de Choice Canning en 2023. Es difícil determinar exactamente cuántas de estos gambas llegaron a Estados Unidos, pero los documentos de la empresa parecen mostrar casos en los que los envíos completaron el viaje. Una revisión de los datos de la FDA indica que la agencia ha testeado gambas de Choice Canning en busca de antibióticos solo 21 veces desde 2003 y nunca encontró una violación. En el mismo período, la empresa envió más de 100 000 toneladas de gambas a América.

Según Farinella, los documentos destinados a rastrear las gambas hasta las granjas certificadas y revisar la presencia de antibióticos eran, a veces, engañosos. El vicepresidente de Ventas y Adquisiciones le dijo que no usara la palabra “antibióticos” en ninguna comunicación interna. “Por favor, usa la palabra Oscar” para referirse a las gambas que habían dado positivo en la prueba de antibióticos, escribió el gerente en WhatsApp, añadiendo “jaja”. La empresa negó haber enviado gambas contaminadas con antibióticos a Estados Unidos y dijo que este intercambio y el significado de 'Oscar' han sido tergiversados por Farinella. Aquí puede ver la respuesta completa de Choice Canning y de otras empresas u organizaciones.

Farinella dijo que aunque estaba en desacuerdo con la política, hizo lo que se le dijo. “Casi 4.500 kilos de Oscar en paquetes terminados para Wakefern. ¿Qué hacemos?”, escribió Farinella en WhatsApp al vicepresidente de ventas de la empresa el 1 de febrero de 2024. “Envíalo en un contenedor”, respondió el ejecutivo por mensaje de texto. Así se fue enviado a América, empaquetado en bolsas marcadas como “todo natural”. Wakefern no ha respondido a las solicitudes de comentarios. 

“Dormitorio oculto”

El sitio de Choice Canning está lleno de grandes edificios de cemento que albergan instalaciones de procesamiento, almacenes, congeladores, dormitorios, equipos eléctricos y oficinas. La ropa se cuelga para secarse en líneas tendidas entre los edificios y los colchones se colocan al sol para ventilar. Durante su tiempo como gerente de la planta, Farinella tenía una amplia gama de responsabilidades: buscar trabajadores y suministros de gambas, administrar las finanzas y asegurarse de que la planta cumpliera con su cuota de producción mensual. 

Al principio le costó establecer cuántos trabajadores vivían en el lugar, cómo estaban alojados y alimentados, y cómo funcionaban sus contratos. En un momento dado, se topó con lo que llamó un “dormitorio oculto” ubicado encima de los compresores de amoníaco utilizados para la refrigeración, poniendo a los trabajadores en peligro en caso de fuga o incendio.

Los gerentes de la planta sabían que había que mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y discutían regularmente en WhatsApp y por correo electrónico sobre cómo solucionar varios problemas. En una ocasión, un gerente le envió por correo electrónico una foto de chinches que habían colonizado más de 500 colchones. Farinella encontró trabajadores durmiendo en el suelo, usando camisetas como almohadas. Dijo que él y otros lucharon por obtener autorización para realizar los cambios necesarios. “¡Necesitamos más literas de inmediato, esto no puede esperar otro día, por favor!”, escribió enojado el vicepresidente de recursos humanos de la planta en un correo electrónico: “Las personas tienen dificultades desde hace meses”.

Unas semanas más tarde, Farinella descubrió durante una conversación grabada con un contratista laboral de Choice Canning que 150 trabajadoras habían pasado un año sin tener un día libre después de que dos empleadas preguntaran si se les permitía hacer una salida. Farinella lo aprobó en el acto. Más tarde, dijo que se sentía con las “manos atadas” y que se lo responsabilizaba de todo lo que salía mal a pesar de no tener el poder para mejorar las cosas.

También era difícil, dijo, determinar cuánto tiempo pasaban los empleados trabajando. Un ejecutivo de recursos humanos admitió sin tapujos en una reunión de Zoom grabada por Farinella los ajustes que tendría que realizar a los registros de asistencia y las tarjetas de entrada y salida para pasar una auditoría.

La ley estatal en Andhra Pradesh estipula que los trabajadores deben recibir al menos 450 rupias (cuatro euros) por día. Sin embargo, una factura de un contratista de mano de obra y un intercambio de correos electrónicos entre gerentes parecían indicar que algunos trabajadores recibían solo 350 rupias al día. La empresa ha dicho que siempre pagó el salario mínimo a todos sus “asociados” y recientemente incluso dio un aumento a algunos de sus empleados.

“Me sentía mal”, escribió Farinella más tarde. “Ni siquiera quería tener contacto visual con los trabajadores que vivían allí o los trabajadores locales. Estaba disgustado y avergonzado de todo. Sé que los trabajadores no podían estar de acuerdo con lo que ocurría. Y también sabía que probablemente pensaran que yo representaba gran parte del problema”.

En diciembre, Farinella le preguntó a Jacob Jose si los trabajadores podían recibir el salario mínimo. En un intercambio de correos electrónicos con ejecutivos de alto nivel, JT se declaró “sorprendido” de que no lo estuvieran recibiendo. Uno de los ejecutivos recordó a JT que anteriormente les había dicho “no hacer ningún cambio en Amalapuram por el momento”, en lo que respecta a los salarios. En correos electrónicos internos, los gerentes de la empresa dijeron más tarde que planeaban aumentar los salarios. 

“Cuando decía qué cambios hacer, simplemente decían 'no”

En enero de 2024, había prevista una visita de inspectores de Aldi South, una cadena de supermercados internacional, a Amalapuram para una auditoría social que verificara las condiciones laborales en la planta. Si bien algunas auditorías son sorpresa, la de Aldi South estaba programada con meses de anticipación. (Aldi South dijo que “estaba tomando las acusaciones con seriedad” y que necesitaría más tiempo para investigar). Farinella se reunió con otros supervisores para discutir los preparativos y grabó la conversación. Los gerentes se centraron en qué decir a los auditores respecto al número de trabajadores en la planta. El tamaño de la fuerza laboral es de particular preocupación durante las auditorías, según el informe del Corporate Accountability Lab, porque los auditores comparan el recuento de empleados con los registros salariales, las camas disponibles y la cantidad de espacio de trabajo en la fábrica para ver si hay irregularidades relacionadas con el pago o la seguridad.

Los gerentes también discutieron un plan para trasladar a los trabajadores fuera del sitio a una ubicación alquilada cercana antes de que llegaran los auditores. Los investigadores laborales dicen que esta no es una práctica poco común en el trato con los auditores. “Necesitamos mostrarles un número considerable”, reflexionó el oficial de control de calidad durante una reunión grabada al decidir cuál podría ser una estadística convincente para mostrarle a los auditores. Finalmente, los gerentes optaron por 415 como un número que parecería plausible.

Unos días más tarde, en una reunión grabada, Farinella discutió los planes con otro ejecutivo de recursos humanos. “Así que básicamente los llamaremos cuando llegue el auditor; los llamamos y les decimos: 'Váyanse y hagan lo que quieran durante el resto del día'”, afirmó. “Exacto”, dijo el ejecutivo. “¿Cómo demonios se te ocurrió esa idea?”, preguntó. “Señor, cuando JT tiene una espada sobre tu cabeza, las ideas terminan surgiendo”, respondió el ejecutivo.

Poco después de su llegada, Farinella descubrió otra preocupación: los cobertizos de pelado de gambas fuera de la planta. Uno estaba a 35 minutos en coche de la instalación principal de producción, el otro a una hora y media de distancia. Las certificaciones BAP y otras prohíben el uso de cobertizos de pelado porque son más difíciles de regular. El informe de CAL dice que “los cobertizos de pelado a menudo están ocultos y rara vez son auditados”. Los dos cobertizos que utilizaba Choice Canning procesaban de 4.500 a 6.800 kilos de gambas por día, aproximadamente la mitad de la cantidad que la empresa enviaba a EEUU, según Farinella y decenas de informes de producción diarios. La empresa ha dicho desde entonces que ninguna de las gambas procesadas en estos cobertizos era para clientes BAP. No especificó dónde se vendían esas gambas.

Durante su estancia en la planta, Farinella recibió un flujo incesante de mensajes de la alta gerencia. JT, el director ejecutivo, a menudo parecía furioso por las deficiencias de higiene. “Resuelvan este lío del almacén frigorífico lo antes posible”, escribió en un mensaje de WhatsApp. “¡Quienquiera que haya hecho esto sufrirá las consecuencias!”. Un día, después de que le mostraran una foto del sitio en buen estado, dijo que le acababan de informar que había que desechar 80.000 dólares de producto porque los clientes estadounidenses se quejaron del olor. “¿Cómo puedo creer en sus fotos?”, escribió en WhatsApp al personal. Pero Farinella también sentía que se le ponían obstáculos cuando intentaba hacer mejoras. “Cuando le decía a JT qué cambios necesitaba hacer, simplemente me decían 'no”.

Farinella también estaba bajo una presión constante por no generar suficientes ingresos. En una reunión de Zoom grabada el 6 de febrero de 2024, entre Farinella y tres ejecutivos, incluido JT, los jefes expresaron frustración con Farinella por no ser suficientemente productivo, utilizando lo que Farinella describió como “la habitual velada amenaza de despido”. “No sé cuáles son tus resultados para enero”, dijo JT. “Deberías estar más preocupado que yo”. 

En enero, Farinella finalmente decidió hacer público lo que sabía sobre la planta y contactó a un periodista. “Creo que es probable que me contrataran no para administrar la instalación, sino para ser el rostro estadounidense que daba legitimidad”, dijo. En una planta con tantos problemas, agregó, “me temo que no quiero ser ese rostro”.

Un cámara viajó a India para documentar las condiciones en la planta. Farinella estaba tan nervioso que cuando vio policías armados cerca de su apartamento sintió que se le “salía” el corazón del pecho.

Unos días después, Farinella tomó un avión de regreso a Estados Unidos y envió su renuncia por correo electrónico desde el aeropuerto. Después de aterrizar en Pennsylvania, se detuvo en un McDonald's camino a casa. “Ni siquiera me gusta McDonald's”, dijo. “Pero la hamburguesa con queso de ese día fue inigualable”.

La presión también estaba empezando a afectar a los colegas de Farinella. El 14 de febrero de 2024, un responsable de recursos humanos de la planta contactó a Farinella por WhatsApp para decirle que él también renunciaba a Choice Canning. La cantidad de horas de trabajo estaba afectando su matrimonio, dijo, y la disputa con los trabajadores locales sobre los salarios había arruinado su reputación. Lo estaban amenazando por teléfono. “Cuando me iba a casa en el coche”, escribió más tarde en WhatsApp a Farinella, “algunos locales me tiraron piedras”. 

Farinella contrató a un abogado en EEUU y presentó una denuncia formal ante la FDA y varias otras agencias federales. No estaba seguro de qué podría lograr, pero quería dejar constancia de lo que había visto.

El mismo día, los auditores de Aldi South llegaron a Amalapuram. Estaban allí para llevar a cabo las inspecciones que los gerentes locales habían estado discutiendo durante semanas. Después de que terminara la auditoría esa noche, Farinella contactó a sus antiguos colegas y les preguntó si habían procedido a reubicar a los trabajadores. Dos de los gerentes confirmaron que así lo habían hecho. “Exactamente, señor”, escribió uno en WhatsApp. “Todos los trabajadores fueron enviados fuera de la instalación”.

Esta historia ha sido producida por The Outlaw Ocean Project con contribuciones de Ian Urbina, Maya Martin, Jake Conley, Joe Galvin, Susan Ryan y Austin Brush.

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