Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El juicio de la Kitchen reabre la polémica sobre los fondos reservados
Shakira factura y el viaje lo pagas tú
OPINIÓN | 'La fábula del contrabandista y el purgador', por A. Losada
IMPLICADOS

La guerra en Líbano es ahora más intensa y todos conocemos a alguien que lo está pasando mal

Tropas israelíes y una excavadora operando en la aldea libanesa meridional de Al Adisa.

Christian Traconis

Responsable de logística de MSF en Nabatieh (Líbano) —
5 de abril de 2026 21:32 h

0

Todavía tengo muy fresco el silencio tenso de aquella madrugada del 2 de marzo. No fue una noche cualquiera; fue el momento en que las hostilidades escalaron de forma definitiva. A través de la plataforma X, las Fuerzas Armadas de Israel lanzaron una orden de evacuación general que afectaba a más de 50 localidades de Líbano y entre ellas estaba la nuestra: Nabatieh.

Como responsable de logística de Médicos Sin Fronteras (MSF), me corresponde organizar los movimientos del equipo, así que esperamos hasta las 11.00-11.30 horas, momento en el que comprobamos que era seguro partir, y evacuamos hacia Beirut. La base y la oficina en Nabatieh la dejamos; solamente tomamos algunas cosas esenciales y trasladamos nuestras actividades al sur de la capital, en el distrito de Chouf.

El equipo se adaptó rápidamente a estas nuevas circunstancias. Cabe recalcar que gran parte de los compañeros estuvo presente en la emergencia de 2024 y ya tenían la experiencia para saber cómo responder. Sin embargo, en esta ocasión la intensidad y el ritmo del conflicto es completamente diferente a la que vivieron entonces. Ahora, en apenas tres semanas, más de un millón de personas se han visto desplazadas de sus hogares y más de 1.260 personas han sido asesinadas por los ataques israelíes; entre ellas más de 120 niños y niñas. 

Una gota en el océano

Mediante nuestras clínicas móviles, tratamos de atender las muchísimas necesidades de la población, pero somos conscientes de que solo somos una gota de agua en medio del océano: estamos dando asistencia en agua y saneamiento, haciendo clínicas móviles para llevar atención médica a los lugares donde la gente ha acudido a buscar cobijo, trabajando en la provisión de refugio, repartiendo kits de productos básicos y de higiene y buscando alternativas para diversificar nuestra respuesta. 

Un compañero muy cercano me confesaba hace unos días que ya se había hecho a la idea de que cada cierto tiempo le tocaría empezar de cero, que las constantes agresiones israelíes no le iban a dar tregua

Una de las cosas que más me impacta a diario es la situación de mis propios compañeros libaneses. Al mismo tiempo que han surgido muchísimas iniciativas comunitarias para ayudar a las personas desplazadas, muchos otros problemas han comenzado a aflorar. Los precios de los alquileres han crecido de forma desorbitada y un cuarto que antes costaba 400 dólares ahora llega a los 3.000. Muchos de mis colegas no han logrado encontrar nada en Beirut para ellos y para sus familias y han tenido que regresar al sur, a Nabatieh, a pesar de saber que con esa decisión están poniendo en riesgo sus vidas. 

Todas las personas que estamos aquí conocemos a alguien que lo está pasando mal estos días, ya sea gente de nuestro equipo o familiares o amigos de nuestros compañeros; en cualquier caso, todas ellas son personas cuyas vidas se han visto impactadas de forma directa y brutal. 

Empezar de nuevo

Un compañero muy cercano me confesaba hace unos días que ya se había hecho a la idea de que cada cierto tiempo le tocaría empezar de cero, que las constantes agresiones israelíes no le iban a dar tregua. Y me contaba cómo en esta última ocasión, al igual que ocurrió en 2024, su casa había resultado parcialmente destruida por uno de los bombardeos.

En septiembre u octubre del año pasado, recuerdo que estaba muy emocionado porque iba a regresar a vivir a su hogar después de muchos meses viviendo fuera. Su casa estaba en una localidad no muy lejana a la frontera sur que había sufrido numerosos bombardeos, pero parecía que esta vez la pesadilla había terminado para él. Qué equivocado estaba el pobre. Se notaba su emoción de volver a tener un hogar, de poder perseguir sus sueños en esta vida suya que siempre está tan pendiente de un hilo. Y, sin embargo, la realidad es bien distinta y, como dice él, le tocará empezar de nuevo. Una vez más.

En Beirut no ha logrado encontrar nada que pueda pagar, por esta subida en el precio de los alquileres que comentaba antes, así que va y viene desde allí hasta Beirut. Yo no puedo dejar de pensar que Israel bombardea cada día el barrio donde vive. Su hija, cada mañana, le dice que por favor vuelva sano y salvo a casa, que no quiere que le maten a su papá.

Mis compañeros y yo seguiremos trabajando para tratar de llegar al mayor número posible de personas y aliviar en lo posible su sufrimiento, pero mientras esto dure, yo quiero seguir insistiendo en la importancia de que se respeten las vidas de los civiles y las infraestructuras médicas; que nadie les considere nunca un objetivo legítimo o un daño colateral. Estamos empezando a normalizar que un hospital, una escuela o un campo de desplazados puedan ser bombardeados. Y eso nunca debería haber pasado.

Etiquetas
stats