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Cómo llenar la España vacía

Las propuestas de Rajoy para frenar el despoblamiento rural se olvidan de la importancia de las ciudades pequeñas e intermedias

Potenciar los tejidos económicos, sociales y culturales de ese tipo de localidades es también beneficioso para las grandes urbes

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¿El problema del despoblamiento es sólo en los pueblos o también en las ciudades?

¿El problema del despoblamiento es sólo en los pueblos o también en las ciudades?

Rajoy anuncia 100 millones de euros en ayudas para luchar contra la despoblación en la España rural. El titular, que se pudo leer el penúltimo día de la semana pasada, tenía buena pinta. Yo hasta llegué a pensar que el presidente había sido capaz de terminar un segundo libro en esta legislatura después de Patria y que, al tocarle La España vacía, de Sergio del Molino, se había dado cuenta de que el país tiene un verdadero agujero poblacional pero también económico entre Madrid y la costa y por eso había tomado la decisión de arreglarlo. Pero no. Debajo del titular, la realidad demuestra lo que hay: una filigrana electoralista para tratar de eliminar la pujante competencia naranja en los grandes caladeros de votos del PP (y del PSOE, ojo) por eso del sistema electoral y la edad media de los votantes de cada marca. Fue el propio M. Rajoy, en el acto de Zamora donde dio el aviso, el que descubrió sus cartas con alusiones vagas como la que sigue: “Algunos se apuntan ahora a hablar del mundo rural, aunque no les ha importado nunca”. El problema es que lo rural no le ha importado nunca ni a esos algunos ni, en realidad, al PP ni a nadie. Por eso es un auténtico problemón.

Las medidas anunciadas por el presidente se centran principalmente en municipios de menos de 5.000 habitantes y en una visión principalmente agrícola y campesina de las regiones afectadas, olvidándose de las ciudades intermedias y pequeñas y de cualquier otro tipo de actividad económica capaz de revitalizar esos lugares. Es decir, fallan no sólo en la solución sino hasta en el diagnóstico. Un par de días después, un texto de Analía Plaza centraba más el tiro. En él, se dice lo siguiente: “La despoblación no sólo afecta a los pueblos de interior. Los municipios que más habitantes pierden en España son ciudades medianas”. Y después se listan las localidades que más habitantes pierden, entre las cuales están Valladolid (más de 20.000 habitantes menos en veinte años), León, Salamanca…

Otro excelente texto, éste de Carlos Herrera Yagüe en Medium, termina de dar en el clavo: El fracaso del estado autonómico como herramienta de descentralización económica en tres gráficos, se llama. Lo que dice, básicamente, es que la descentralización política ha ido acompañada de un aumento de la centralización económica. Cito: “En la España autonómica, las comunidades compiten entre sí por atraer las inversiones… y siempre gana Madrid”. De hecho, el análisis es bueno porque también apunta a lo relativo de esas inversiones, generalmente grandes infraestructuras de transportes que garantizan muchos votos pero muchísimos menos resultados reales en las economías locales. Es decir, que no basta con tener una estación de AVE en una capital de provincias, sino que hay que potenciar muchas otras cosas para que sea un lugar donde apetezca y se pueda vivir. De todos modos, lo revelador del artículo viene al final: todo esto a Madrid no le viene nada bien.

¿Gana Madrid?

Recientemente se ha dado el dato del crecimiento poblacional de la capital: un 1,25% con respecto al año anterior que afianza un alza desde 2015 de 79.833 residentes. Esta subida ha sido celebrada con bravos y vítores por el gobierno de Ahora Madrid, cosa que se entiende como mecanismo de defensa ante el acoso mediático que critica su gestión pero que no sé si tiene mucho sentido, al menos práctico. En primer lugar, porque aunque es verdad que refleja que no se ha dado el Carmenaggedon que viene anunciando la prensa del siglo XX desde hace tres años, sobre todo es un retrato de procesos económicos y urbanos que van mucho más allá de las competencias y recursos de un ayuntamiento, aunque sea del más grande del país. Y también porque, en una ciudad que es ya una de las más desiguales de Europa y que está sufriendo de lleno procesos galopantes de crisis de alojamiento, precarización de los salarios y contaminación, que venga más gente a buscarse la vida no es precisamente un notición.

La situación la plasma Richard Florida en su libro The New Urban Crisis, del que ya hablé por aquí. Crece la desigualdad entre las ciudades de éxito y las que no lo tienen y eso provoca la desigualdad dentro de esas ciudades ricas, donde se ensancha la brecha entre los que sí y los que no. De hecho, el mundo camina a la concentración de enormes cantidades de población en urbes inabarcables. La tendencia afecta y afectará especialmente a África (Lagos será a finales de siglo un lugar con 100 millones de personas), Asia y América Latina. Pero aquí también hay subidas. Según las últimas estimaciones, las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona crecerán en más de medio millón de habitantes en la próxima década.

¿La solución? Seguro que no sólo hay una y sospecho que, entre otras, hay que replantearse el estatus de urbes como Madrid y empezar a dejar que se gobiernen con estructuras administrativas que potencien la cohesión metropolitana. Pero, más allá de eso y sin entrar tampoco en lo de las autonomías, las diputaciones y los ayuntamientos, cualquier plan que de verdad pretenda frenar la despoblación y llenar la España vacía tiene que pasar por potenciar las ciudades intermedias y pequeñas. Crear entornos económicos, sociales y culturales sólidos en los que apetezca no sólo quedarse, sino a los que apetezca ir por todas las ventajas de calidad de vida que ofrecen. Ya sabemos que el PP no está en eso. ¿Alguien se apunta?

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