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Sobre este blog

¿Ricos más ricos y pobres más pobres? Nuestra sociedad está llena de brechas que incrementan las diferencias entre unos y otros. (Des)igualdad es un canal de información sobre la desigualdad. Un espacio colectivo de reflexión, análisis y testimonio directo sobre sus causas, soluciones y cómo se manifiesta en la vida de las personas. Escriben Teresa Cavero y Jaime Atienza, entre otros. 

La libertad de la mayoría que no es rica

Votación en Suiza sobre la renta básica mensual. Imagen: EFE.

Daniel Raventós, Profesor de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y Presidente de la Red Renta Básica. Miembro del Comité Científico de ATTAC. @RedRentaBasica

La propuesta de la renta básica incondicional, una asignación monetaria sin condiciones para toda la población, está de moda en el mundo. Medios como The Guardian, The Economist, The Wall Street Journal, The Financial Times, The New York Times, El País, Der Spiegel,  y muchos otros en todo el mundo, han publicado durante 2016 innumerables artículos sobre la renta básica: a favor, en contra y en medio. Algunos bien informados, otros no tanto y aún otros de los que se puede decir muchas cosas menos… bien informados.

¿Qué es lo que ha motivado tanta atención sobre la renta básica? Son varios los motivos: el referéndum suizo sobre la renta básica que se celebró el pasado 5 de junio; las declaraciones en apoyo de la propuesta de Yanis Varoufakis, el que fue ministro de finanzas griego y enemigo declarado de las políticas austericidas de la Unión Europea; la inclusión de una renta básica en los programas electorales de algunos partidos… Sí, hay muchos motivos, pero en mi opinión, hay uno que debe destacar sobre los demás: la situación en la que está sumida gran parte de la población no rica como consecuencia de las políticas económicas prácticas, especialmente en la Unión Europea, desde el estallido de la crisis económica en el año 2008.

Ante la situación de deterioro grave de las condiciones de vida y de empleo de la población, la renta básica aparece ante una buena parte de la ciudadanía como una  medida racional y justa para hacer frente de forma inmediata a la realidad socialmente deplorable de millones de personas en la Unión Europea.

La renta básica garantizaría la existencia material de toda la población porque, de forma inmediata, erradicaría la pobreza, siempre claro está que su cuantía fuera igual o superior al umbral de la pobreza. El objetivo es difícil porque es muy ambicioso: una medida que garantizase la existencia material a toda la población es algo que indudablemente atemoriza a unos cuantos. A los que hoy están confortablemente instalados porque las cosas tal como están les resultan muy favorables, y temen cualquier cambio importante. Que toda la población tuviera un incremento notable de su libertad, porque dispusiera de la existencia material garantizada gracias a la renta básica, es un cambio que atemoriza a las grandes fortunas. Se utilizarán argumentos o pseudoargumentos del tipo “nadie trabajaría”, “mantendríamos a vagos”, “caería la productividad”, “bajaría la iniciativa innovadora” , “son mejores los subsidios dirigidos a los pobres”, “hay que garantizar el pleno empleo y dejarse de tonterías”, y tatatá, tatatá. Es sabido, pero no es toda la verdad. La libertad es incompatible con las grandes diferencias de riqueza, y el poder desproporcionado que acumulan las grandes fortunas.

La renta básica es una batalla cuesta arriba, pero vale la pena librarla. Esta propuesta está mostrando su atractivo cuando es defendida como una medida posible e inmediata por parte de activistas, movimientos sociales y ciudadanía en general para hacer frente a las consecuencias de las políticas económicas austericidas para una gran parte de la población. Porque, a diferencia de lo que aseguran algunas conocidas y extendidas opiniones, las grandes diferencias no solamente son un “problema” de desigualdad social.  Es un problema de libertad. Las grandes diferencias económicas y sociales se transforman en amenazas a la libertad de la mayoría. Cuando el premio Nobel Joseph Stiglitz, por ejemplo, dedicó un libro a documentar las grandes desigualdades económicas, eligió como título precisamente éste: El precio de la desigualdad. Y como subtítulo: el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. No es solamente una cuestión de igualdad: se trata también de la libertad de la gran mayoría.

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