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Conflicto en el Edificio España: último capítulo de la historia de un edificio gafe

El grupo Baraka y la cadena hotelera Riu se acusan mutuamente de no haber respetado lo acordado en la venta del Edificio España: Baraka ha solicitado que se paralicen las obras

La emblemática torre madrileña pasó de nacer como el mayor rascacielos de Europa, con un famoso hotel de lujo, a quedar durante casi dos décadas reducida a un esqueleto de hormigón

Desde 2005, cuando el Edificio España pasó de manos de sus históricos propietarios al Banco Santander, el enorme inmueble ha sido protagonista de numerosos enfrentamientos entre empresas y la administración

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El edificio España en un fotograma del documental que lleva su nombre.

El edificio España en un fotograma del documental que lleva su nombre.

Durante años fue el rascacielos más alto de Europa, nacido como símbolo del franquismo, convertido en refugio de lujo para las estrellas de Hollywood que se hospedaban en Madrid, inspiración para el mundo cultural y hasta hogar, lugar de trabajo y ocio de muchos madrileños. El Edificio España, asimilado en muchas ocasiones a una "ciudad vertical", albergaba vida. 107 metros de altura y 25 plantas en el centro de la capital que hoy contienen una maraña de obras y andamios después de que el 'gigante de hormigón' blanco y naranja cayera en desgracia: lleva vacío casi dos décadas, pese a su ubicación privilegiada y su fachada emblemática, y en los últimos años no deja de ser protagonista de conflictos empresariales.

El más reciente  enfrenta a sus dos últimos compradores. El grupo Baraka, en manos del empresario murciano Trinitario Casanova, ha demandado a los actuales propietarios: la cadena hotelera Riu. Ambas partes se acusan de no respetar lo pactado en la venta del famoso edificio, el verano de 2017 y que se fraguó con una maniobra sorpresa. Después de un año de anuncios y operaciones inconclusas en el que el comprador del enorme inmueble parecía ser Casanova, el grupo empresarial efectuaba la compra el 1 de junio y se lo vendía en el mismo día a Riu.

Ahora, las dos compañías se enzarzan por la futura zona comercial del edificio, situada en las dos primeras plantas, y Baraka ha solicitado en los tribunales que se paralicen las obras de rehabilitación. Si se cumpliera esta medida cautelar, el Edificio España vería posponer seguramente la apertura del hotel de lujo que se está levantando en su interior desde octubre, prevista para verano de 2019. En cualquier caso, no sería la primera vez que el calendario viera pasar sin éxito una fecha de supuesta vuelta a la actividad del edificio.

El Edificio España empezó a construirse en plena dictadura franquista, en 1948, y el régimen lo convirtió en un símbolo de la supuesta prosperidad del franquismo: se levantó en cinco años, tiempo récord, con un coste de 200 millones de pesetas y siguiendo las órdenes de los hermanos Joaquín y Julián Otamendi, con inspiración neoyorquina. En 1953 se inauguró como posesión de Metrovacesa, su propietaria hasta 2005, cuando la vendió a un fondo del Banco Santander.

En manos de Metrovacesa, el Edificio España albergó un hotel de lujo, el Crowne Plaza, así como comercios, numerosas apartamentos y más de 300 oficinas. En los años 70 y 80, la actividad económica de la torre se alimentaba de una Plaza España que era centro de negocios, pero perdió fuerza en la década de los 90 frente al auge de otras zonas como el Paseo de la Castellana.

Las vistas desde su interior fueron protagonistas de Aquarium del cineasta Iván Zulueta, que grabó la obra desde su apartamento. "Álex de la Iglesia también vivió allí. En los años 80 y 90 se convirtió en un edificio emblemático para el mundo cultural en Madrid. Luego he hablado con gente que también me comentaba que había una discoteca en la azotea, muchos apartamentos pequeños para alquilar, como para estudiantes... Al final existía un ambiente que no era elitista", explica Víctor Moreno, director del documental Edificio España, nominado a los Goya en 2015.

Dos décadas como un esqueleto de hormigón

Víctor Moreno es un testigo privilegiado del declive del edificio. El cineasta, que vivía muy cerca del rascacielos, decidió que tenía que registrar el desmantelamiento interior dela torre que se estaba produciendo en 2007. Entró en septiembre de ese año a grabar y lo que comenzó siendo una película documental sobre el mítico edificio madrileño acabó convirtiéndose en "una alegoría de la crisis", reconoce el director.

En 2005, el Banco Santander había adquirido el Edificio España por 389 millones de euros y, cuando aún la burbuja inmobiliaria no había explotado, los planes del banco pasaban por crear apartamentos, un hotel y comercios. En el horizonte, la fecha de estreno era 2010, pero estos planes no se llegaron a cumplir nunca.

El banco comenzó a vaciar el interior del edificio, cuyas obras inmortalizó Moreno en su documental, que el Banco Santander intentó impedir que se proyectara durante meses. La cinta es un reflejo de los proyectos inacabados durante la crisis económica: de cómo la burbuja eclosionó y el desfilar continuo de obreros dejó paso a enormes estancias vacías.

Los planes de convertir el Edificio España en un conjunto de viviendas de lujo, un hotel y locales comerciales se aparcaron. La reforma se paralizó y Moreno regresó al interior del edificio en 2010, en esa ocasión para retratar la soledad de la mole. "Lo que más me llamó la atención eran lo objetos que habían quedado, eran como los restos de un naufragio, la gente se había marchado pero había dejado muchas cosas", recuerda Moreno.

Tras años sin actividad, en 2014 el banco capitaneado por Emilio Botín consigue finalmente vender el edificio, aunque pierde dinero en la transacción. Se deshace del monumento por 265 millones de euros, 124 menos de los que desembolsó para hacerse con él. Lo adquiere el multimillonario chino Wang Janlin, del Grupo Wanda, que inició una etapa marcada por las disputas sobre la rehabilitación y la protección del valor arquitectónico del edificio.

Batalla por la protección de la torre

En el mismo año de la venta del Santander al Grupo Wanda, el Ayuntamiento de Madrid –en manos entonces de Ana Botella– rebajó la protección de la torre: de un Nivel 2 grado Estructural a un Nivel 3 grado Parcial, así que ya no se extendía a la totalidad del edificio, sino a determinados valores, como su fachada.

Los enfrentamientos y los amagos de espantada del empresario chino fueron una constante en su relación con el nuevo equipo de Gobierno del Consistorio de la Capital, liderado por Manuela Carmena. Wang Janlin quería desmontar y volver a montar la fachada del Edificio España y lo planteaba como única opción para sus planes empresariales en la torre. El futuro del rascacielos en las proyecciones de Wang Janlin seguía ligado a un hotel de lujo, apartamentos y un centro comercial.

Después de rotundas negativas de Carmena, las ofertas del Ayuntamiento de Madrid pasaron por buscar soluciones intermedias con ciertas concesiones. Pasaba el tiempo, ya era abril de 2016 y el vacío seguía invadiendo el rascacielos. A finales de ese mes, el  Grupo Wanda dice que se queda y firma la paz tras meses de tiranteces con el Ayuntamiento. Pero la calma duró poco: en julio de 2016 anunció la venta del Edificio España al empresario murciano Trinitario Casanova, al frente del conglomerado de empresas Baraka.

Con el nuevo comprador a la vista, el Ayuntamiento de Madrid quiso asegurarse una mejor relación y negoció un acuerdo sobre la protección del inmueble y las obras de rehabilitación. Las partes eran el Consistorio, Ecologistas en Acción –que había recurrido ante la justicia la rebaja en la protección arquitectónica– y Casanova. Al final, llegaron un acuerdo en el que  el Ayuntamiento elevó los niveles de protección y la ONG ecologista retiró la demanda en los tribunales.

El traspaso efectivo del rascacielos, sin embargo, no se materializó hasta un año después: con sucesivos retrasos y de nuevo acusaciones encontradas entre Wanda y Casanova sobre la demora en la transacción. Llega el 1 de junio de 2017 y Trinitario Casanova sorprende: compra por 272 millones de euros el rascacielos –por lo que el Grupo Wanda consiguió ganar algo en la operación– y se lo vende en el mismo día a la cadena hotelera Riu.

Desde enero de 2017, el grupo Baraka había comunicado que Riu sería su aliada en la futura etapa del Edificio España: iba a ser la encargada de gestionar el hotel de lujo que se construiría en su interior. Sin embargo, unos meses después el grupo hotelero pasó a ser el propietario de la totalidad de la torre. La cadena pretende abrir dentro de un año su primer hotel de lujo en España, el Riu Plaza España, con 26 plantas y más de 550 habitaciones. El estreno está previsto para el verano de 2019, si los propietarios consiguen superar este nuevo capítulo de la historia de conflictos que persigue a la mítica torre.

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