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ANÁLISIS

¿Es suficiente inyectar dinero público? La crisis del modelo alemán pone en duda las fórmulas para reactivar la economía

Las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil están decayendo por factores externos como el Brexit o la ralentización del comercio internacional

Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo con una inyección de 50.000 millones de euros, pero cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán

Varios países, como Holanda, China o EEUU, preparan estímulos para frenar una posible recesión económica. Otros como Italia, y probablemente España, no tienen margen fiscal para hacerlo

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La canciller alemana, Angela Merkel, durante una rueda de prensa

La canciller alemana, Angela Merkel, durante una rueda de prensa EFE

La economía alemana vuelve a dar signos de debilidad. Las señales que se van recibiendo sobre la marcha de la economía alemana en el tercer trimestre no son halagüeñas. La situación es lo suficientemente seria como para que Olaf Scholz, ministro de Hacienda del gobierno de gran coalición dirigido por Angela Merkel, se plantee un paquete de estímulo fiscal de unos 50 mil millones de euros. Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo por este medio. Pero, a la vista de las causas y características de la ralentización de la economía alemana, cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán. Si esto fuese así, el impacto sobre la economía española a largo plazo dependerá de si Alemania decide reorientar su economía, y en qué dirección.

La semana pasada Destatis, la oficina estadística del gobierno alemán, estimaba que el PIB de Alemania se contrajo un 0.1% en el segundo trimestre de este año. Esta semana el Bundesbank, en su boletín mensual, advertía del riesgo de que el país encadene dos trimestres seguidos de crecimiento negativo. La producción industrial se está reduciendo, al igual que los pedidos de la industria reflejados por el índice PMI de Markit.

Según Markit, la actividad del sector servicios continúa creciendo, pero no lo suficiente para compensar la caída de la producción industrial. El resultado es la tasa de crecimiento del empleo más baja en cinco años. También se relajan las presiones inflacionarias dado a la caída de los costes del sector manufacturero.

Las causas de la desaceleración de la economía alemana, y por extensión de la europea, son varias pero generalmente externas. No se trata de una crisis de competitividad. La economía Alemana está orientada a las exportaciones, cada vez más fuera de la eurozona, y por tanto es sensible al tono del comercio internacional. Y el comercio internacional se ha ralentizado sustancialmente en los últimos años. Las guerras comerciales de Donald Trump son un factor importante de esta reducción. Trump ha amenazado con imponer aranceles sobre las importaciones a EEUU de toda clase de productos de la Unión Europea, particularmente coches alemanes. El Brexit duro que se avecina cada vez con más probabilidad también representará un duro golpe a las exportaciones Alemanas y de la eurozona.

Sin embargo la crisis del sector alemán del automóvil no se debe sólo a Trump, ni desde luego a un Brexit que aún no se ha producido. Desde el escándalo por la manipulación de las emisiones de motores diésel en 2015 la industria del automóvil alemana no levanta cabeza. En el tercer trimestre del año pasado se achacó otra caída trimestral del PIB de Alemania a problemas de la industria automovilística con la adaptación a una nueva certificación de emisiones. Pero los problemas de certificación pasaron y la crisis permanece. Los fabricantes de automóviles alemanes compiten, pero no lideran en la transición al coche eléctrico.

Así pues, la crisis de Alemania está causada por una reducción del volumen de comercio internacional. Como el país germano es una economía orientada a las exportaciones, esto repercute en una reducción de la producción industrial. Y sobre todo esto se ve en el sector del automóvil, que se enfrenta a una transformación sin precedentes. Sin embargo, el consumo doméstico y el sector servicios aún crecen y contribuyen a sostener la economía alemana.

Es decir, todas las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil. Y esta debilidad se debe a factores externos a la economía alemana. Y son los sectores de la economía hasta ahora menos apreciados, servicios y demanda interna, los que ganan fuerza.

Por ello es posible especular con la posibilidad de que estemos no ante una recesión cíclica en Alemania sino ante una crisis de su modelo económico. De cómo reaccione Alemania a esta crisis puede depender el futuro de la economía alemana y europea -y, por ende, de la española- en el medio y largo plazo.

Si Alemania se limita a proteger sus industrias dominantes esperando capear el temporal de Trump y Brexit, dependerá de que las aguas del comercio exterior vuelvan a su cauce. Pero desde luego Trump y hasta cierto punto Brexit representan reacciones contra el libre comercio globalizado del que se han beneficiado y son dependientes Alemania y la eurozona. Si EEUU y el Reino Unido dejan de ser importadores de último recurso, difícilmente Alemania puede seguir siendo el campeón mundial de las exportaciones.

Otro tanto se puede decir de la relación entre la industria manufacturera y los servicios. Actualmente la industria Alemana está en contracción mientras los servicios crecen. Esto va en la línea de la importancia creciente de las tecnologías de la información. Si Alemania protege a su industria manufacturera sin apostar a la ver por dar impulso al sector servicios, puede perder el tren de lo que ya se da en llamar la cuarta revolución industrial.

Por eso será muy importante ver en qué dirección se orienta el estímulo fiscal aceptado a regañadientes por Scholz, un ministro de hacienda socialdemócrata que no se ha desviado un ápice hasta ahora de la senda de estabilidad presupuestaria -e incluso superávit- marcada por su predecesor democristiano Wolfgang Schäuble.

¿Y España? Está claro que, a raíz de la crisis bancaria y de deuda de principios de esta década, España se vio forzada a reorientar su economía según las líneas maestras del modelo alemán dependiente de las exportaciones. Además, la industria automovilística es muy importante para la economía española como lo es en Alemania, y está en gran parte en manos Alemanas. Entonces, tanto por la influencia de Alemania en la política económica de la eurozona como por depender parte de la industria española de decisiones que se toman en Alemania, cómo afronte Alemania su crisis actual tendrá efectos profundos sobre la economía española. Ojalá Alemania apueste por invertir en el futuro en lugar de proteger su gloria pasada, aunque las expectativas de que sea así no son excesivas.

Estímulos donde se necesita...o donde se puede

"Los gobiernos en disposición de hacerlo" deben usar "su espacio fiscal", mientras que los demás deberían tratar de "reconstruir" su margen para gastar. Este es el mensaje que ha lanzado el Banco Central Europeo (BCE) a través de las actas de una de sus últimas reuniones, difundidas este jueves. En el primer bloque se encontraría, sin duda, Alemania. En el segundo se encontraría Italia, con graves problemas de estabilidad presupuestaria en medio de una crisis política. También podría estar España en el caso de que la entidad se refiera a los países que no estén dentro de los parámetros del pacto de estabilidad y crecimiento (el déficit español es menor al 3% que se establece como límite y se espera que cierre el año en un 2% del PIB, pero la deuda pública es del 98,38% del PIB, cuando el valor de referencia es el 60%), informa Marina Estévez.

Esta es una de las recetas ante la posibilidad de que varios países de la zona euro entren en recesión, entre ellos Alemania e Italia. Situación agravada por la opción de una salida brusca de Reino Unido de la UE el 31 de octubre y con el telón de fondo de la guerra comercial entre EEUU y China. Pero antes de que lo recomendase el BCE, que por su parte prepara su propio paquete de estímulos para animar la economía y elevar la inflación, varios países ya han adelantado que se preparan sus propias medidas fiscales. Entre ellos, además de Alemania, Holanda ya ha deslizado que estudia inyectar miles de millones de euros en la economía, a través de inversiones en infraestructura y educación, debido a su alta exposición al Brexit.

Fuera de Europa, en EEUU, el presidente Donald Trump habló esta semana de un recorte de impuestos, aunque solo 24 horas después rectificó. La posibilidad de una recesión pondría en peligro su reelección en noviembre de 2020. Por su parte, China ha decidido recortar sus tipos de interés.

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