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El “susto” del déficit comercial del segundo trimestre de 2026

Gráfico déficit
9 de septiembre de 2026 22:45 h

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A mediados de agosto se hizo público el dato mensual de comercio exterior de bienes de España, exportaciones, importaciones y saldo comercial de junio de 2026, así como los datos correspondientes a los dos primeros trimestres de 2026. El dato fue muy mal acogido por buena parte de la prensa económica, que se referían de forma dramática al mismo, por ser “el segundo peor en una década”. En el siguiente gráfico presento los datos trimestrales del saldo comercial en euros desde el primer trimestre de 2023. El último dato, en efecto, supone un deterioro de un 80% no sólo con respecto al trimestre anterior, sino sobre el promedio de los últimos tres años (de -11.000 a -21.000 millones de euros).



Se trata, sin duda, de un mal dato cuya evolución hay que seguir de cerca. Desde la crisis financiera y su impacto sobre la economía española, siempre he defendido que el déficit exterior de España es una variable crítica. Y lo es pese a pertenecer nuestro país a una unión monetaria. Y eso quedó claro en la crisis financiera de 2008, que nos golpeó duramente pese a tener superávit presupuestario y una cómoda posición en términos de deuda pública. Pero fue el déficit exterior lo que nos hundió, al cerrarse el grifo de nuestra financiación internacional, y no contar con el apoyo de nuestro banco central.

Por tanto, no soy de los que piensan que el saldo exterior es “irrelevante” y que no hace falta prestarle atención. Hay que seguirlo muy de cerca y alertar de posibles desequilibrios estructurales. Pero, en este sentido, no creo que el último dato suponga un salto cualitativo en nuestra balanza comercial y, ni mucho menos, volver a la experiencia del grave desequilibrio previo a la crisis de 2008.

Para hacer una correcta evaluación del dato, lo primero que hay que hacer es dividirlo por el PIB nominal, para relativizar el déficit al tamaño de nuestra economía y para corregir el hecho de que el saldo comercial suele ser anticíclico. Es decir, en las etapas de boom se deteriora, porque crecen relativamente más las importaciones que las exportaciones, y en los períodos de recesión se recupera, por el motivo contrario. También, para tener una perspectiva correcta, conviene comparar con un período suficientemente largo que incluya las diferentes fases cíclicas por las que ha transcurrido nuestra economía. Elijo el periodo más largo posible, según la disponibilidad estadística de DataComex, que es 1995, y convierto la serie en trimestral para poder dividir por el PIB nominal, también disponible trimestralmente desde esa fecha. El resultado se muestra a continuación, en el segundo gráfico.

En efecto, en el segundo trimestre de 2026, el déficit comercial se ha situado en un 4,8% del PIB, con un deterioro de 2,1 puntos del PIB con respecto al dato del trimestre anterior. Siendo un mal registro, tampoco es tan dramático como sugería la primera aproximación a los datos. De hecho, el promedio histórico de nuestro déficit comercial ha sido el 4,4% del PIB en los últimos 30 años, una cifra cercana a la del último trimestre. Nada que ver con los déficits comerciales de la etapa de las burbujas de crédito e inmobiliarias. De hecho, nuestro saldo comercial tuvo un desfase superior al 5% del PIB en todos los trimestres desde el tercero de 1999, el año que se creó el euro, hasta el último de 2008, cuando estalló la crisis. Y desde 2004 a 2008, el déficit promedio fue el 8,6% del PIB, casi el doble del actual, rozando el 10% del PIB en varios trimestres de 2007.



Mirando periodos más cercanos, el déficit comercial del segundo trimestre de este año ha sido inferior al de los 3 primeros trimestres de 2022: 5,1%, 5,4% y 6,4%, pero que se corrigió rápidamente hasta el -1,8% en el primer trimestre de 2023. Y ello nos lleva al segundo factor a tener en cuenta a la hora de valorar un dato de saldo comercial: el componente energético. Las crisis de precios de la energía, para un país fuertemente importador de petróleo y gas, como es el nuestro, determinan de forma crítica el tamaño de dicho déficit. Pero estas crisis, aunque pueden ser duraderas, son transitorias. Es decir, no son estructurales. Y una vez terminen, el saldo exterior volverá a corregirse como ocurrió con la crisis de Ucrania de 2022, cuyo impacto sobre el saldo exterior fue muy superior a la que está teniendo lugar, hasta el momento, con la crisis de Irán.

Para ilustrarlo, en el tercer gráfico presento la serie de importaciones energéticas sobre PIB, también desde 1995. En la serie observamos el pico asociado a la crisis de Ucrania, fundamentalmente por el precio del gas. Las importaciones energéticas alcanzaron el 7,2% del PIB durante dos trimestres de 2002 y ello explica el deterioro del saldo comercial comentado anteriormente.



En el gráfico 3 también se recoge el repunte reciente de las importaciones energéticas tras la crisis de Irán, que han alcanzado el 4,2% del PIB en este segundo trimestre de 2026. Este aumento de las importaciones energéticas, de 1,3 puntos del PIB en este trimestre, explican un 70% del deterioro del saldo comercial. Apelar al carácter transitorio, aunque pueda ser duradero, de la crisis energética, ayuda a desdramatizar el dato reciente de desequilibrio comercial. Y, de nuevo es una situación que no tiene nada que ver con la vivida desde 1999 a 2008, en los que el déficit comercial se disparó hasta cerca del 10% del PIB con unas importaciones energéticas muy inferiores a las actuales. Ahí se trataba de un saldo comercial desequilibrado de forma estructural.

En resumen, estamos ante un dato que debe ser objeto de vigilancia, pero no de alarma. Y que se explica en buena parte por el componente energético del mismo, que tiene un carácter transitorio y que sólo se puede combatir con medidas de ahorro y eficiencia energética que limiten el consumo de carburantes, una opción por la que no se ha optado hasta ahora, pero que siempre estamos a tiempo de abordar si el deterioro del saldo comercial empeora como consecuencia de la magnitud o duración de la crisis energética.

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