“Te planteas si realmente necesitas a alguien”: así viven las personas hiperindependientes
Cuando uno de sus familiares estuvo gravemente enfermo y en cuidados intensivos durante más de un mes, Cianne Jones dio un paso al frente. “Me encargué de estar en el hospital todos los días, persiguiendo a los médicos, tomando notas y asegurándome de entender por qué hacían lo que hacían”. Según cuenta, era tan estresante que, en un momento dado, empezó a perder pelo, pero siguió adelante.
Fue el terapeuta de Jones quien le preguntó con delicadeza si iba a pedir ayuda. Jones se ríe. “La caída del cabello no me hizo pensar que necesitaba ayuda, fue otra persona la que lo vio y me lo dijo”. Tiene una familia numerosa y unida que la habría ayudado de inmediato, y así lo hizo cuando Jones se lo pidió, pero a ella no se le ocurrió pedirlo. “Había asumido ese papel: 'Yo me encargaré de todo'. Simplemente me puse en marcha y eso fue todo”.
Es una experiencia que muchos de nosotros, los llamados hiperindependientes, reconoceremos. Yo me he comportado de manera similar, desde situaciones más serias (yo también he asumido responsabilidades de cuidado) hasta otras ridículas, como mudarme sola de casa, o cuando compré unos aparatos de musculación y luego me di cuenta de que no tenía fuerza suficiente para llevarlos a casa. Durante la mayor parte de mi vida, me he enorgullecido de mi condición de loba solitaria hiperindependiente, que no depende de nadie más que de sí misma. Pero en los últimos años, he llegado a ver que no es una señal de mis capacidades superiores, sino que está alimentado por el miedo a ser una carga para los demás con mis peticiones —o peor aún, a ser rechazado— o a perder el control.
Está demostrado que la calidad de las relaciones es clave para la felicidad y también tiene un gran impacto en la salud. “Estamos programados para conectar”, afirma el psicólogo clínico Stephen Blumenthal. “Es malo para ti existir en soledad”. Puede que haya personas cuya hiperindependencia sea más innata y les suponga menos problema, pero para muchas personas puede conducir al aislamiento y la soledad. Blumenthal lo ve todos los días en su consulta. A menudo, las personas hiperindependientes tienen éxito en el trabajo, “pero luego son un desastre en lo que se refiere a las relaciones interpersonales”.
Para Jones, ha sido más bien un comportamiento aprendido. Vio a su madre soltera criar a cuatro hijos con un alto rendimiento académico mientras dirigía una organización benéfica. “Lo hacía todo ella sola, y fue verla hacer eso lo que me sugirió que eso es lo que hay que hacer, simplemente seguir adelante. Mi madre siempre ha sido mi inspiración”. Esto animó a Jones a obtener el título de abogada, dirigir una empresa, fundar una organización benéfica —Women in Leadership, con sede en Uganda— y comenzar un doctorado. Quizás no sea de extrañar que, dado todo eso, además de su propensión a cargar con todo ella sola, Jones haya sufrido un burnout. “No me di cuenta de todo lo que estaba asumiendo hasta que una mañana tuve un ataque de pánico y tuve que ir al hospital” —sonríe para sí misma— “incluso entonces, pensé en llevarme el portátil”.
Por lo general, se resiste a pedir ayuda. “No pediría nada que pudiera hacer pensar que soy incompetente”. Jones está muy unida a su familia y tiene amistades sólidas, algunas desde hace décadas, pero cree que su hiperindependencia ha afectado a sus relaciones sentimentales. “Hay una narrativa bastante común entre las mujeres de mi edad, las treintañeras: lo tenemos todo, trabajo, casa propia. Respecto las relaciones sentimentales, igual te sientes un poco sola, pero piensas '¿realmente necesito a alguien?”.
La hiperindependencia es un mecanismo de defensa. Es una sensación de: no puedo confiar en nadie, así que confiaré en mí mismo. A veces nos preguntamos si hay dolor y rabia reprimidos ahí
Lo mismo le ocurrió a Urvashi Lad, que había dirigido varios negocios y, según ella misma afirma, “estuvo soltera prácticamente hasta los 43 años”, algo que atribuye en gran parte a su hiperindependencia. “Te da una sensación de control”. Sin embargo, afirma que “puede hacer que te quedes sola porque no te sientes lo suficientemente segura como para encontrar el amor”.
Le llevó más de un año escribir un diario y realizar otras terapias, dice, “para sentirme segura, bajar la guardia y dejar entrar a alguien”. Entonces conoció a una persona (se casarán este año). Todavía se sorprende a sí misma tratando de rechazar la ayuda de su prometido, incluso en pequeñas cosas como comprobar el líquido limpiaparabrisas de su coche. “Al principio me molestaba, hasta que pensé: ”No, está bien, él quiere hacer algo bueno por mí, y es muy bonito que quiera hacerlo“”. Y ha intentado frenar su hiperindependencia en otros ámbitos de la vida: “Realmente puede llevar al agotamiento, a la confusión mental y a la sobrecarga. No podemos hacerlo todo nosotros mismos, por mucho que nos lo repitamos”.
En la sociedad occidental, se fomenta la independencia y el individualismo por encima de la comunidad y la dependencia mutua. Según Blumenthal, nuestra cultura celebra especialmente a los hombres que se abren camino por sí mismos, desde los personajes de las novelas del siglo XIX hasta el arquetipo del vaquero o la tendencia de Internet de la última década conocida como “machos sigma”. La cultura del esfuerzo y el ideal de la girl boss (la jefaza) también premian el individualismo en las mujeres.
Hay otras fuerzas culturales en juego. Jones, que es una mujer negra, ve mucha hiperindependencia entre otras mujeres negras. Cree que esto proviene del estereotipo de ser “fuertes” y que es “una narrativa que se nos impone”. Su doctorado trata sobre el abuso doméstico en la comunidad negra de Londres y la respuesta de la policía metropolitana, y este estereotipo influye en ello. “¿Las mujeres van a salir a pedir ayuda en primer lugar? ¿Y los agentes de policía van a pesar de que necesitas ayuda?
Ella observa cómo las mujeres negras exitosas en el ámbito laboral suelen desempeñar roles de “salvadoras”, por ejemplo, como nuevas directoras ejecutivas de empresas en dificultades, lo que les genera una presión adicional. “A eso se suman las responsabilidades del cuidado”, dice Jones sobre su herencia cultural caribeña. “Sé que otras personas de la comunidad negra lo entienden. Así que eres ”fuerte“, eres cuidadora, eres salvadora, eres superviviente. Y trabajas”. Según ella, esto “tiene un impacto perjudicial en la vida de muchas mujeres negras”.
Lad cree que la hiperindependencia tiene que ver con “la protección, contra la decepción, contra el daño que puede causar otra persona, o con haber tenido una experiencia que ha llevado a alguien a creer que, en realidad, es más fácil hacerlo todo uno mismo. No es que una persona hiperindependiente no quiera ayuda. De hecho, anhela esa ayuda, pero quiere sentirse lo suficientemente segura como para recibirla”. En el pasado, dice, cada vez que bajaba la guardia, “alguien se aprovechaba o esperaba [algo a cambio], así que volvía a ponerme a la defensiva y me encerraba en mi fortaleza, que puede ser un lugar muy solitario”. Si alguien le hacía un favor, Lad se sentía en deuda, incluso dejar que alguien le invitara a un café le resultaba incómodo. Ella cree que su hiperindependencia tiene en parte sus raíces en su herencia india. “[Las mujeres] hemos sido condicionadas para hacerlo todo nosotras mismas: cocinar, limpiar, conseguir un buen trabajo, tener nuestro propio dinero, todo ese tipo de cosas”.
La hiperindependencia suele comenzar en la infancia, explica Kathleen Saxton, psicoterapeuta y autora de My Parent the Peacock. Quizás los padres o cuidadores eran inconsistentes, poco fiables o emocionalmente inaccesibles. “Tal vez trabajaban mucho y no podían prestarte atención, por lo que aprendiste a arreglártelas bien por tu cuenta. Puede que tuvieras a alguien que tuviera una adicción, o tal vez simplemente un padre muy desdeñoso por diversas razones. Quizás ellos mismos se criaron en un entorno bastante frío”.
O quizás eres el hijo mayor y tuviste que cuidar de tus padres o hermanos desde muy pronto. En la edad adulta, podría desarrollarse a partir de una experiencia de traición. La hiperindependencia, afirma, es “un mecanismo de defensa. Es una sensación de: no puedo confiar en nadie, así que confiaré en mí mismo. A veces nos preguntamos si hay dolor y rabia reprimidos ahí”.
Cuando era más joven, sentía que no era lo suficientemente importante como para merecer el esfuerzo de nadie. Creo que simplemente no tenía ninguna confianza en mí mismo para ese tipo de cosas (...) Creo que era sobre todo porque no quería ser una carga para los demás».
Sus pacientes hiperindependientes suelen estar orgullosos de ello, afirma. “Lo positivo es que se te verá como el solucionador, el organizador o el salvador, y eso también te permite tener bastante control, pero debajo de eso puedes sentir agotamiento. Puede que te ofrezcas a hacerlo todo, pero al final, es posible que te sientas resentido”.
El hecho de que sus pacientes lo hayan reconocido y busquen la ayuda de Saxton demuestra que la hiperindependencia tiene sus desventajas. “Los aspectos negativos que veo son el aislamiento emocional, por lo que no compartes tu vulnerabilidad con otras personas. Compartes de forma muy selectiva, te preocupa ser una carga para los demás. Pero eso significa que nadie llega a conocerte realmente, que la gente nunca puede ayudarte y que empiezas a creer que tus necesidades no pueden ser satisfechas por otras personas o que estas no lo harán”. Esto también puede conducir al cinismo y al entumecimiento emocional.
La hiperindependencia ha caracterizado la vida de Phil Rowe, según él mismo afirma. “Sin duda, cuando era más joven, sentía que no era lo suficientemente importante como para merecer el esfuerzo de nadie. Creo que simplemente no tenía ninguna confianza en mí mismo para ese tipo de cosas. Pensaba: '¿Quién soy yo para pedirlo?”. A finales de su adolescencia, fue hospitalizado por depresión. “Probablemente, parte de ello se debía a mi incapacidad para hablar de lo que me pasaba. Creo que era sobre todo porque no quería ser una carga para los demás”.
Aunque era un niño estudioso, Rowe dejó la escuela a los 14 años para trabajar en una fábrica, porque estaba ansioso por empezar a ganar su propio dinero. Ahora, a sus 50 años, lleva 35 casado, lo que no ha afectado a su capacidad para crear una relación sólida, pero hasta hace unos 10 años Rowe no ha empezado a sentirse más cómodo pidiendo ayuda a los demás.
Hace cinco años, inspirado por el amor por el teatro que tenía en la escuela, Rowe comenzó una nueva carrera como locutor, lo que le obligó no solo a pedir ayuda y consejo a otras personas, sino también a trabajar de forma colaborativa y creativa. A veces todavía se siente incómodo, dice, pero “no solo el mundo no se viene abajo, sino que mejora infinitamente. Mirar hacia dentro es algo negativo, en comparación con abrirse al mundo. Por lo general, la gente está encantada de ayudar. Creo que, en general, la gente es mucho más amable y comunicativa de lo que a veces pienso”.
La independencia que raya en lo extremo es, según Saxton, “algo fantástico que tener en la recámara, pero yo le plantearía a cualquiera el siguiente reto: ¿cómo sería empezar a expresar cuáles son tus necesidades y ver si se pueden satisfacer o no?”. Si te gustaría cambiar tu hiperindependencia, intenta comprender de dónde puede provenir. Un terapeuta podría ser de ayuda, pero Saxton afirma que tú mismo puedes hacer mucho al respecto. Una persona puede tener “muchas razones y excusas sobre por qué y cómo le gusta ser independiente, pero si es capaz de profundizar en si podría haber una parte interior herida que se sintió decepcionada, entonces puede trabajar para ser capaz de estar con esa parte que sintió que nadie estaba ahí para ella. ¿Dónde aprendí que era mejor estar sola? ¿Quién podría haberme fallado? ¿Quién no me dio quizás parte del apoyo que necesitaba? Y entonces podemos empezar a avanzar hacia la tolerancia de cierto nivel de vulnerabilidad”.
Una forma de hacerlo sería empezar a practicar pequeños actos de “microdependencia”: pedir ayuda con una tarea pequeña que quizá no sea tan importante, compartir una preocupación con alguien, dejar que alguien se acerque un poco más. La microdependencia o la microvulnerabilidad consiste en dar un paso adelante y ver qué se siente, simplemente mostrar un poco tu lado más vulnerable. Las relaciones íntimas saludables, señala Saxton, requieren reciprocidad.
Lad recuerda que fue el reto que se impuso a sí misma de dejar que alguien le invitara a un café lo que le permitió empezar a cambiar parte de su hiperindependencia hace tres años. Además de llevarla a su relación actual, que cree que antes no habría funcionado, el cambio también ha mejorado sus amistades. Ahora trabaja como coach, ayudando a “mujeres hiperindependientes a sanar para que puedan sentirse seguras, abrirse y recibir el amor y el apoyo que anhelan”.
Jones ha intentado abrirse más, por ejemplo, apuntándose a un club de running local. “Sé que este tipo de responsabilidad y tener a otras personas a tu alrededor que te apoyan en tus objetivos es importante”. Aunque se apoya en sus amigos cercanos, se trata de mostrarse más vulnerable con personas que no conoce bien y aceptar que “esas personas podrían apoyarla”. Se muestra un poco escéptica sobre hasta qué punto quiere renunciar a su hiperindependencia, pero se lo está planteando. “Asumes este papel en el que simplemente haces todo y sigues adelante”. A medida que se hace mayor, dice, “cada vez me doy más cuenta de que no estoy segura de que me guste especialmente ese papel todo el tiempo”.
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