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Los secretos de una buena vida sexual en pareja: “Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda”

Fotograma de 'Secretos de un matrimonio' (1973), miniserie de Ingmar Bergman.

Zoe Williams

9 de febrero de 2026 21:30 h

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Si tienes sexo, las probabilidades de que tu día mejore son muchas. Pero si es sexo planificado, puede parecer que se trata de una tarea más. Y a diferencia de otras tareas o actividades físicas, lo acabas viendo más como un lujo que como una necesidad, y por eso, aunque ya tengas pareja, puede ser difícil encontrar la motivación para ponerlo en práctica. Sin embargo, el sexo es un apetito como cualquier otro, una necesidad como cualquier otra, un alimento como cualquier otro. Si lo dejas en suspenso, el efecto en tu relación podría ser como si uno de los dos, o ambos, estuvierais a dieta permanente, y también solos. Puede que eso os funcione, pero para muchos de nosotros, el sexo es algo a lo que vale la pena dar prioridad.

En esencia, antes de introducir cualquier otro obstáculo doméstico, es un trabajo de dos, por lo que hay que estar en sintonía; no se puede decidir de forma unilateral. Para abordar esto en orden ascendente de dificultades, si sois una pareja sin hijos, el principal obstáculo seréis vosotros mismos: no estar en el mismo estado de ánimo al mismo tiempo, no estar en casa al mismo tiempo. Esto es válido para toda la relación, no solo para el sexo. Una vez entrevisté a una doctora especialista en fertilidad que describió su trabajo con una pareja que intentaba encontrar una fecha para una cita en la que ella estuviera ovulando y ambos estuvieran en el país. Tardaron varias semanas en conseguirlo. “Sentí que estaba empezando a comprender por qué no podían concebir”, dijo.

El sexo no tiene por qué empezar y terminar en el dormitorio, dice Michelle Bassam, terapeuta psicológica y sexual con 25 años de experiencia: “Se puede mantener la intimidad a lo largo del día siendo afectuoso. Mostrar interés por tu pareja puede ser suficiente”. Y, por supuesto, lo contrario —no mostrar interés, no prestar nunca toda tu atención a tu pareja, no tocarla nunca a menos que, al estilo de Larry David, sea porque quieres sexo en los siguientes 90 segundos— también puede arruinar las cosas.

Obviamente, tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño en la cama y, en las raras ocasiones en las que ambos estáis despiertos al mismo tiempo sin distracciones, puede que no estéis de humor. Además, una crisis de imagen corporal e identidad puede afectar a la relación. “Se considera un momento muy arriesgado para las parejas”, afirma Jodie Slee, terapeuta sexual desde hace 16 años, “y no solo sexualmente”. Pero hay que empezar por ser prácticos. Slee ofrece esta estadística asombrosa: “Si una mujer duerme una hora más por noche, su libido aumenta un 14%”.

La consideración de la imagen corporal es real: “La maternidad no se considera algo sexy”, afirma Slee. Siendo realistas, esto recae sobre las mujeres, que pasan por una dura prueba física que les quita las ganas de sexo, les hace parecer arrugadas y oler un poco a leche durante quién sabe cuántos meses después, y las coloca en una nueva categoría, la de “madre”, a la que culturalmente ni siquiera se le permite tener una identidad sexual. “Creo que está bien que las mujeres sean un poco egoístas y piensen: 'Voy a tener un poco de tiempo para mantener mi yo anterior a la maternidad”.

Tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño durmiendo en la cama...

Pero todo el mundo, tenga hijos o no, debe reconocer lo mucho que ha cambiado y el dolor que eso puede suponer. Crea una red de personas con las que te sientas cómoda dejando a los niños por la noche; no dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan.

“Asegúrate de que la carga de trabajo sea equitativa”, dice Slee, “para que una persona no se encargue de todas las tomas nocturnas y del trabajo. Creo que está bien que los padres sean un poco egoístas y no adopten una actitud mártir en la crianza de los hijos, para que estos no los absorban por completo”.

A medida que los niños crecen y se convierten en adolescentes, es probable que sus demandas de tiempo sean menores, pero a menudo surge una capa de timidez. “Los padres tienen la responsabilidad, o al menos eso es lo que cabría esperar, de ocultar los aspectos relacionados con el dormitorio”, afirma Bassam, “pero es muy importante que los niños y los adolescentes reciban un modelo de sus padres, para que sepan lo que es la intimidad. Puede ser algo tan sencillo como que alguien te ponga la mano en el hombro al pasar por la cocina”.

Sin embargo, esos años de crianza de los hijos ya no son el final de la carrera de obstáculos. El número de adultos jóvenes que siguen viviendo con sus padres ha aumentado en más de un tercio este siglo. “A mucha gente no le gusta tener relaciones sexuales en la casa de sus padres”, dice Bassam, una situación que a menudo se ve agravada por la exhibición de fotografías familiares en la habitación de invitados.

No dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan

También es cierto que una cierta mojigatería natural nos hace sentir mucho más cómodos pidiendo a los demás que se adapten a nuestras preferencias alimenticias o hábitos que pidiendo simplemente media hora de intimidad, por el amor de Dios. La gente moverá montañas por ti si eres intolerante al gluten, y pondrán los ojos en blanco pero lo aceptarán si meditas, pero no puedes decir: 'vamos a desaparecer un rato“.

Esto es válido para cualquier hogar con varios ocupantes: hay que comunicar las expectativas en el ámbito de la pareja. Si sientes que tu relación de pareja se ve constantemente anulada por las exigencias del grupo, eso hará que no te apetezca el sexo o, por el contrario, que lo desees de una forma necesitada y molesta que no es erótica.

Hay una verdad universal que dice que una vez que empiezas a programar el sexo, estás condenado al fracaso, pero no todo el mundo está de acuerdo. “Si lo replanteas”, dice Slee, “no estás programando, estás priorizando y demostrando al otro que es importante”. En las relaciones a largo plazo, “tu deseo es más receptivo que espontáneo, así que si esperas a que te invada espontáneamente el deseo, puedes estar esperando mucho tiempo”.

Planificar el sexo también “elimina la presión de 'Dios mío, han pasado dos semanas, han pasado tres semanas'. Cuanta más presión, más ansiedad hay y menos probable es que suceda”.

Ahora solo tienes que mantener viva la llama, lo cual se consigue mediante lo que antes se llamaba “desfamiliarización erótica”, que no era más que un término científico para referirse a la novedad. “La novedad es lo que crea el periodo de luna de miel: tu cuerpo se inunda de dopamina, que se dispara con la novedad. Con el tiempo, tu cuerpo se acostumbra a esa cantidad de dopamina y ya no hay novedad”, afirma Slee. “Eso no tiene por qué significar mazmorras, clubes sexuales e intercambio de parejas, que es lo que la gente piensa cuando lo dices, y puede serlo. Pero para algunas parejas, la novedad será usar una habitación diferente o ponerse una ropa diferente”. La ventaja de conocerse bien es que se puede intentar algo que no funciona. Incluso un fracaso demostrará que estás entre las prioridades de tu pareja.

La primera pareja con la que trabajó Slee tenía más de 80 años y llevaban 50 juntos. Tenían relaciones sexuales cada dos días, “solo acudían a terapia porque querían darle más sabor a su relación, y ya era bastante picante. Uno de ellos se había sometido a una operación de prótesis de cadera, por lo que había algunas limitaciones nuevas”, pero la sequía sexual no era una de ellas. Supongo que los incluimos como el ideal motivador para un matrimonio largo y feliz, pero tampoco fue magia, simplemente lo consiguieron de alguna manera: nunca se fueron a dormir en sequía.

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