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Con Rivera, no

El Pedro Sánchez que defendió el "no es no" en una situación de extrema debilidad que le costó el puesto tiene hoy la fuerza de siete millones y medio de votos para resistir la presión de la derecha y la prensa conservadora

Pactar un programa de gobierno con Ciudadanos sería la negación de todo lo hecho y prometido hasta ahora. Sánchez tiraría a la basura gran parte de lo logrado en estas elecciones históricas. Dudo que cometa un error tan flagrante

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El grito de los militantes del PSOE a Pedro Sánchez no es anecdótico. “Con Rivera, no” fue el equivalente en la noche de este domingo al “Zapatero, no nos falles” de 2004. Responde a una voluntad mayoritaria entre los votantes socialistas, que prefieren que Pedro Sánchez gobierne con la izquierda que con la derecha, según las encuestas. Es justo lo contrario de lo que desean los poderes económicos, las élites conservadoras y los grandes medios de comunicación, de nuevo sospechosamente unánimes en su receta.

Gobernar con Ciudadanos también es una mala idea para Pedro Sánchez. Rivera ha tachado al líder socialista de “peligro público”, lo ha despreciado –tanto a él como a sus votantes– y ha vetado antes al PSOE que a la extrema derecha machista y xenófoba. Pedro Sánchez debería estar muy lejos de casi todas las medidas que propone Albert Rivera, tanto por su programa electoral como por lo que ha hecho en los meses que lleva en La Moncloa. Pactar un programa de gobierno con Ciudadanos sería la negación de todo lo hecho y prometido hasta ahora. Pedro Sánchez tiraría a la basura gran parte de lo logrado en estas elecciones históricas. Dudo que cometa un error tan flagrante.

La excusa del mal menor frente los independentistas tampoco sirve en este contexto. Ni son tan determinantes en el actual Parlamento, ni ERC es lo mismo que Puigdemont y Torra, ni su apoyo en esta legislatura compromete al PSOE a “vender la soberanía” ni las recetas de Albert Rivera sirven para solucionar la crisis abierta en Catalunya. La izquierda, además, debería combatir el marco que impone la derecha y la prensa conservadora, que quiere anular los escaños de millones de españoles y prohibir hablar con ellos, ya que no pueden ilegalizarlos (como han llegado a proponer). No hay nada deshonroso en negociar unos presupuestos con el resto de los partidos del Congreso, sean o no independentistas. Se vende España perdonando impuestos a los más ricos, no aprobando una reforma fiscal progresista con los catalanes.

El Pedro Sánchez que defendió el “no es no” en una situación de extrema debilidad que le costó el puesto tiene hoy la fuerza de siete millones y medio de votos para resistir a estas presiones, que responden a las mismas dinámicas e intereses de quienes recetaban una gran coalición en 2016. Son tan equivocadas hoy como entonces: para Sánchez, para el PSOE y para la mayoría social que les respalda.

Además, dudo que Ciudadanos tenga intención de abordar un acuerdo así con el PSOE. No por una cuestión de coherencia, un valor del que carece Albert Rivera. Es el mismo político que primero se dijo socialdemócrata y después pactó con la extrema derecha de Libertas e Intereconomía. El mismo que negó mil veces a Rajoy y al rato le entregó La Moncloa. El que negoció una investidura con Pedro Sánchez y ahora lo insulta y desprecia. No pactarán, pero no porque Rivera prometiese lo contrario. Simplemente, a Ciudadanos no le interesa.

Albert Rivera quiere heredar el Partido Popular, o al menos el solar que ha quedado en Génova 13. Ser el ganador de esa guerra abierta por la hegemonía en la derecha, que aún no ha terminado y donde el PP tiene hoy las peores cartas. Pactar con Sánchez después de todo lo que ha hecho y dicho sería el final de su carrera política, que ya no puede permitirse más cambios de chaqueta. Rivera no tiene ningún incentivo para seguir esta senda, por mucho que lo presionen. Más cuando sabe que la extrema debilidad del PP le ha dejado al alcance de la mano el liderazgo de la derecha.

Pedro Sánchez tiene razón cuando argumenta que no hay que poner cordones sanitarios a nadie, tampoco al PP o Ciudadanos. Hay decisiones que solo son posibles con el consenso entre la izquierda y la derecha. Hay leyes y reformas que ojalá tuviesen apoyos muy amplios. Pero esto es muy distinto a llegar a un acuerdo estable con Ciudadanos y gobernar con su programa, como desean quienes pretenden mandar sin el engorro de pasar por las urnas.

La estrategia del PSOE en esta negociación de investidura es bastante transparente. Pedro Sánchez no quiere convertir a Albert Rivera en su socio preferente, que no lo será. Lo que busca es rebajar la negociación con Unidas Podemos, que probablemente va a ser dura. Quiere pagar un peaje más barato en la investidura. Cree que Pablo Iglesias pide demasiado a cambio de los escaños que aporta.

Iglesias está decidido a forzar al PSOE a que acepte la entrada de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros. Sánchez quiere gobernar en solitario. Uno de los dos tendrá que ceder en los próximos meses porque no hay un solo votante progresista que desee una repetición de las elecciones.

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