Bizkaia confía en imitar el efecto Guggenheim en Urdaibai y recalca que no tendrá un impacto ambiental negativo

La fábrica Cubiertos Dalia en Gernika

Se cumple un año desde que cristalizará el viejo anhelo de las instituciones vizcaínas: un segundo Guggenheim con el que tratar de replicar el efecto tractor que el museo ha tenido en Bilbao desde su inauguración hace ahora 25 años. La propuesta vuelve a mirar a Urdaibai, un emplazamiento con el que ya se trabajó hace una década, con una doble sede en una vieja fábrica de cubiertos de Gernika (Dalia) y en los astilleros Murueta, que quedarían unidos por una ruta cultura y a la vez verde. En los últimos días han llegado al Parlamento documentos que muestran que la Diputación, encabezada por Unai Rementeria (PNV), ya ha iniciado la tramitación urbanística para impulsar el proyecto y que se confía no solamente en que el Guggenheim no tendrá un impacto negativo en la reserva de la biosfera o en las especies de flora y fauna sino que permitirá recuperar espacios degradados.

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“Para explicar los fundamentos y motivos de la presente modificación del PTP de la zona de Busturialdea, resulta de obligada referencia aludir a los antecedentes de la transformación urbana de de Bilbao y su entorno, en la que tuvo una importancia fundamental la regeneración de suelos industriales y la implantación de equipamientos de rango supramunicipal, entre los que destaca el museo Guggenhem. De ahí que esta iniciativa se base en la idea de continuar y extender la transformación económica y social iniciada a comienzos del siglo XXI en Bilbao, de acuerdo con un modelo que pretende integrar cultura, turismo, servicios avanzados, inteligencia artificial, digitalización, etc. como motores del futuro de Bizkaia y de una mayor cohesión territorial. Las objeciones iniciales al principio de la construcción del museo Guggenheim en Bilbao se vieron superadas, ya inaugurado en 1997, al convertirse en el emblema de la transformación de su modelo socioeconómico, al pasar de un entorno industrial decadente a una moderna ciudad turística y dinamizar todo este sector en Euskadi con notable impacto económico. Así, en 2019 el museo recibió 1,17 millones de visitantes. Según los datos ofrecidos por el propio museo, la demanda total generada por su actividad aportó al PIB vasco 438,5 millones de euros, lo que supuso unos ingresos adicionales de 67,9 millones de euros para las haciendas públicas de los tres territorios”, se puede leer en un documento foral.

Según la Diputación, a un “atractivo proyecto cultural innovador” -el alcalde de Gernika, José María Gorroño, llegó a soñar con la exhibición del 'Guernica' de Picasso, aunque ya se ha descartado en el pasado por los problemas de 'salud' de la obra sobre el bombardeo de la localidad en 1937- se le une la posibilidad de “recuperación de espacios degradados” y “obsoletos”. Es “un proyecto marcadamente sostenible en su diseño” que no solamente se acomodará a un entorno de valor como Urdaibai sino que “restaurará” algunas zonas degradadas. “El reto pasa por hacer compatible una propuesta que contempla recibir unos 140.000 visitantes al año con las limitaciones que entraña su ubicación en una zona protegida”, se destaca. Se confía en que los fondos europeos Next Generation EU pueden cubrir 81 de los 127 millones en que se estima la inversión total, según el programa Euskadi Next.

A falta del informe de impacto ambiental, una consultora ha elaborado un trabajo previo al respecto en el que entiende que el nuevo Guggenheim ha de recibir luz verde. En él consta que la zona incluye un estuario, bosque autóctono, matorral, campiña, plantaciones forestales y áreas urbanas y degradadas y que existen especies protegidas como el visón europeo. Es sobre todo el “sendero de comunicación” entre Cubiertos Dalia y los astilleros de Murueta el que hace una incursión en las zonas más sensibles.

La conclusión de este documento, sin embargo, es que el proyecto no solamente no generará afecciones sino que traerá impactos positivos. Por ejemplo: “Uno de los objetivos del proyecto de ampliación del museo Guggenheim de Bilbao es la recuperación de espacios degradados y/o afectados por la intervención humana y, de forma particular, plantear la oportunidad de resolver el estrechamiento del río en el astillero de Murueta, por lo que la modificación tiene un impacto ambiental positivo en lo que a este aspecto se refiere”. Tampoco se prevé la “generación de efectos” sobre la “zona de protección de moluscos” que se ubica a 100 metros de Murueta y se incide en que las aves rapaces de Urdaibai quedarán a un kilómetro de las zonas en las que se intervendrá. “Por otra parte, en relación a los quirópteros, dado que se trata de especies con un alto grado de protección, a menudo ligadas a construcciones en desuso, se establecerán las condiciones para garantizar la no afección a ninguna colonia de este grupo”, se expone.

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