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Sobre este blog

Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

Los canallas de Wall Street siguen fanfarroneando

Corredores de Bolsa trabajan en el parqué bursátil de Nueva York

Para ganar mucho dinero en Wall Street hay que entender un poco de matemáticas, saber mentir y ser un auténtico hijo de puta. Esta regla de oro sobre el éxito en la cuna financiera de Estados Unidos se la reveló el bróker Kevin Moore al periodista George Packer en 'El Desmoronamiento'. “Wall Street usaba una jerga deliberadamente opaca para intimidar a los extraños”, explica. El elitismo cerrado sobre el conocimiento económico no es más que otra forma de impunidad.

El relato de Michael Lewis, otro exbróker metido a escritor, también es inquietante: “La predisposición de un banco de inversiones de Wall Street a pagarme cientos de miles de dólares por proporcionar asesoramiento de inversiones sigue siendo a día de hoy un misterio para mí”. Lewis cuenta que nunca había hecho un curso de contabilidad, que no tenía ningún conocimiento sobre acciones y bonos en la Bolsa. Y, sin embargo, no dejó de ganar pasta en Salomon Brothers. “¿Cuáles son las probabilidades de que la gente tome decisiones inteligentes sobre el dinero si resulta que no necesitan tomar decisiones inteligentes, si resulta que pueden enriquecerse tomando decisiones tontas?”, reflexiona Lewis.

Michael Lewis es el autor de 'La Gran Apuesta', el libro en el que se basa la película que este viernes se estrena en España y que explica cómo un puñado de tipos descubrieron que la burbuja de hipotecas basura que regaba Wall Street de champán caro, bonus millonarios y 'jets' privados iba a saltar por los aires tarde o temprano. No eran activistas, sino brókers que apostaron a que todo se vendría abajo porque sabían que el sistema estaba corrompido por la falta de regulación y los chanchullos. Las hipotecas estaban podridas -y llegarían los impagos- por una forma de actuar que habían propiciado bancos de inversión, el Gobierno, agencias de calificación y promotores. Acertaron, el crac inmobiliario se cumplió y ganaron un montón de dinero.

Y empezó la Gran Recesión en la que estamos metidos ahora.

En Estados Unidos, como luego pasaría en España, las instituciones -es decir, los contribuyentes- inyectaron un buen chute de dinero público para que el sistema financiero se mantuviera a flote. Sí, Lehman Brothers y otros bancos quebraron pero, tal y como cuenta Michael Lewis, el Tesoro estadounidense regaló miles de millones de dólares a Citigroup, Morgan Stanley, Goldman Sachs y otros colegas más. Muchos siguieron haciéndose ricos como si aquello solo hubiera sido una pequeña gripe mientras millones de ciudadanos en todo el mundo se quedaban en la calle y sin trabajo. “En Wall Street la crisis se vivió como un bache en la autopista”, recuerda Kevin Moore.

La crisis arrancó en 2008 pero se había estado gestando durante mucho tiempo. Lewis sitúa el Big Bang en 1981 cuando Salomon Brothers pasó de ser una sociedad colectiva a cotizar en Bolsa, y el resto de entidades se apuntaron a la lluvia dorada de dólares. La otra fuerza que empujó hacia el desastre fue la desregulación. “El proceso consistente en deshacerse de las normas fue la exigencia principal del sector financiero del mundo angloamericano durante unos cuarenta años”, señala John Lanchester en 'Cómo hablar de dinero'. Y los bancos lo consiguieron, en la City y en Wall Street. Los políticos les dieron lo que pedían (entre otros, ese señor que parece tan enrollado llamado Bill Clinton). Por poner un ejemplo, en Estados Unidos hay una ley que prohíbe toda ley que regule algunos de los productos financieros más cuestionados. El sueño húmedo de todo banquero hecho realidad.

La codicia y un reguero de decisiones políticas a favor de los banqueros fueron la bomba de hidrógeno de la crisis.

En 'La Gran Apuesta' hay una escena en la que dos corredores de hipotecas de Florida está desvelando sus trapicheos a dos brokers llegados de Nueva York, y uno de los brokers le pregunta al otro:

-¿Por qué están confesando?

-No están confesando. Están fanfarroneando -le responden.

Y da la impresión de que, todavía hoy, los causantes de la Gran Recesión siguen fanfarroneando.

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Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

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Publicado el
20 de enero de 2016 - 19:02 h

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