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Sobre este blog

Visionaria, creativa, escritora, investigadora. Expansiva, exploro ámbitos diversos y los traduzco en actividades de marketing y dinamización. Levanto piedras para encontrar nuevas especies y a veces, acabo metiendo la pata en su huella. Entre patrones, tacones, pasiones y fogones me muevo como pez en agua. La pluralidad en el gusto, mi bandera de maitines.

Los nuevos mercadillos

Los mercadillos han vuelto definitivamente a Donostia, y parece que lo han hecho para quedarse. Además del tradicional de los domingos de Amara, hay unos nuevos que son claramente su versión más moderna y producto del boom textil de las pasadas décadas. Hablo de los mercadillos vintage, de segunda mano, y de “Sunday markets” (mercados de los domingos) que se están sucediendo todas estas semanas. ¿En qué se diferencian los nuevos de los anteriores?

Para empezar, los nuevos mercadillos suelen ser eventos puntuales. Lejos de mantener una continuidad religiosa en el calendario, se organizan y desorganizan sin demasiadas explicaciones. Muchos sí que tienen momentos concretos en el año en el que se estima su celebración, pero no existe esa fijación exacta de “todos los domingos”, o “el tercero de cada mes”. Y si la ha habido, desde luego, no se cumple. Esto, lejos de parecer desorganizado, genera más expectación sobre ellos.

En segundo lugar, como diferencia podría decir que eligen lugares nuevos o más interesantes. Nada de estar en la calle bajo las inclemencias de la climatología. Ahora se eligen sitios molones: bares de moda, locales o bajos vacíos, hoteles… La única condición es que sea un lugar distinto al comercio tradicional y que no esté a la intemperie. Se trata de ocupar con la venta lugares que no estaban pensados para ello. De hecho, ya sólo la mera curiosidad de ver el lugar lleno de puestos incita a la visita. Es una gran táctica de atracción, y cuanto más interesante el lugar, más atracción genera. En Donostia los lugares más habituales están siendo el bar Dabadabass, el Hotel Londres y de Inglaterra, el local de The Gallery en Igara, los locales de la asociación Undermount en Igeldo, o incluso el propio Kursaal. A cada cual más distinto (en espacio y contenidos).

En tercer lugar, el producto de estos mercadillos suele ser muy particular. Nada de packs de 20 calcetines iguales y la misma camiseta en seis puestos distintos. En estos nuevos eventos cada puesto es único. En ellos puedes encontrar ropa vintage, de segunda mano, creaciones textiles artesanas, o firmas muy particulares que aprovechan el público diverso de estos eventos para probar suerte y darse a conocer. En ellos te puedes encontrar de todo a nivel textil y complementos, e incluso puedes llegar a encontrarte objetos de menaje. La ropa suele estar bien colocada aunque, como en todos los mercadillos, también hay mesas con montañas, para quien quiera sumergirse, todo depende del dueño.

Si bien algunos son muy profesionales, otros se han convertido en una forma de dar salida al exceso de armario particular. La venta de ropa usada en la ciudad no es algo nuevo. Cuentan ya con décadas negocios como el de Emaús o Sagutxo, y a éstos se están aunando comercios tradicionales nuevos que eligen dedicar una parte de su espacio a la ropa usada. Estando tan cerca de Francia, y con la crisis, esta revalorización del ciclo de vida del equipamiento de persona tenía que llegar.

La cuestión es que, volviendo al hilo, los mercadillos han vuelto reformados, y parece que lo han hecho para quedarse. El evento puntual genera expectación: o vas ese día, o te lo pierdes. Y la inexactitud de su calendario incrementa esta sensación de única oportunidad. La presencia de puestos que puede que no vuelvan a estar jamás también es un aliciente, y que la ropa sea única y económica, también ayuda.

En definitiva es el tradicional mercadillo de venta minorista de toda la vida adaptado a los tiempos que corren (bajos precios, segunda mano, moda vintage, artesanal…). Por su parte, la ciudad también gana. Los espacios obtienen una afluencia de público extra, y generan dinamismo e interactuación en la vida social y económica. Muchas veces se nos insiste en que tenemos que salir del agujero “innovando”, “creando nuevas cosas”, “avanzando”. ¿Cuántas veces no hemos oído eso de “esto ya no me vale, hay que darle una vuelta”? Qué vuelta ni qué vuelta. Como dice aquél, lo que funciona, no lo arregles. Y esta gente lo ha sabido hacer. Con tan solo haberle dado libertad en la forma de ejecución y actuación han generado espacios de encuentro social, potenciación del emprendizaje, intercambio, y experimentación. Aún les queda camino, y podrían ser aún mejores, pero oye, un paso, es un paso.

Los mercadillos son una magnífica tradición que, por el encorsetamiento de la actividad, había caído en el olvido, y en Donostia, además, los textiles, no gozan ya de mucho glamour. En Europa hay buenas bases, sólo hay que lavarles el apresto, dejar que la gente las adapte a su situación actual, darles libertad para vivirlas a su manera, y que corra el viento fresco, que huele. Nada más triste que olvidar, y dejar atrás en el abandono formas que han hecho de nosotros quienes somos. Reformular las bases tradicionales, partiendo de ellas, puede ser la clave. Creo que tendremos mercadillos para rato.

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Publicado el
29 de marzo de 2015 - 21:21 h

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