Tubacex vuelve a los beneficios tras la gran huelga y la reducción del 25% de la plantilla

Planta de Tubacex en Llodio.

Belén Ferreras


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Tubacex ha salido fortalecida de la crisis y de una etapa de alta conflictividad en la empresa, con una huelga en 2021 que duró casi ocho meses en las plantas vascas de Llodio y Amurrio, y cerrará este año 2022 con mejores resultados que antes de iniciarse el parón de la pandemia. Una vuelta a los beneficios, tras dos años de pérdidas, impulsada en parte por los casi 30 millones anuales de ahorros salariales tras el proceso de restructuración, que llevó al despido del 25% de la plantilla de todo el grupo, y que para las plantas vascas supuso un acuerdo con congelación salarial hasta 2025.

Los datos del primer trimestre adelantaban ya el cambio claro tendencia en los resultados, con unas ventas de 158,1 millones de euros, un 82,7% con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior, y un beneficio de 3,4 millones de euros, y los máximos responsables de la compañía han ratificado las previsiones de cara al cierre del ejercicio, en el que se superarán las ganancias de 2019. Ese año, el previo a la crisis de la COVID-19, se consiguieron unos beneficios de 11,1 millones de euros, 613,5 millones de facturación y 67,1 millones de euros de Ebitda. Este indicador, el Ebitda, que mide el beneficio antes de restar los intereses de la deuda, los impuestos y la amortización de las inversiones, superará los 70 millones este año, confirmando claramente la recuperación. Con una cartera de pedidos que en estos momentos supera los 500 millones de euros, la más alta de los últimos cuatro años, la empresa deja atrás los malos augurios que amenazaban casi con el cierre durante los casi 8 meses (235 días) en los que duró la huelga en las plantas vascas contra el plan de reestructuración planteado por la dirección. Este plan supuso la reducción del 25% de la plantilla en las 20 plantas que tiene el grupo en todo el mundo. En el caso del País Vasco, 129 trabajadores fueron despedidos, aunque tuvieron que ser admitidos tras una sentencia judicial y se puso fin a la huelga tras un acuerdo de los sindicatos con la empresa en el que se incluía la congelación salarial hasta 2025, además de la readmisión de los despedidos sin recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo. “Un acuerdo salarial que nos ha hecho más competitivos” reconocía el presidente de la empresa, Francisco Javier García, y que “ayuda” a poder plantear el futuro de la empresa con “optimismo en el corto y medio plazo”, según el consejero delegado, Jesús Esmorís.

Los máximos directivos de la empresa, que se reunieron con medios de comunicación de forma previa a la junta de accionistas que se ha celebrado ese jueves en el Palacio Euskalduna de Bilbao, reconocieron que el plan de reestructuración que puso en marcha la empresa en todo el grupo les permite ahorros anuales de 30 millones de euros. “No todo es ahorro de salarios, pero una buena parte sí”, reconoció Esmorís. De entrada, en el caso vasco, el acuerdo de congelación salarial suscrito tras la huelga permite a la empresa garantizarse un periodo de ‘paz social’ en un momento especialmente conflictivo en lo laboral para el conjunto de las empresas por la inflación disparada y la exigencia sindical de que la subida del IPC se traslade a los convenios. Una cuestión que Tubacex no tendrá que abordar hasta 2025, lo que permite a la empresa volcarse en la puesta en marcha de su plan estratégico de futuro.

El plan, que se extiende precisamente hasta 2025, con el que quiere duplicar las ventas hasta los 1.000 millones de euros, pasa por hacer “cada vez menos toneladas pero de mayor valor añadido”, dentro de la nueva estrategia de la compañía en volcarse en la producción de tubos destinados a acompañar las actividades de transición energética y reducción de la huella de carbono y estar menos volcados en el petróleo.

Menos toneladas, mayor valor añadido y menos personas

Aunque han reconocido que “menos toneladas también supone menos personas”, aseguran que no está en sus previsiones llevar a cabo ningún otro proceso de reestructuración de la plantilla. Tampoco incrementar el número de trabajadores, al menos en el caso de las plantas vascas, donde trabajan unos 660 empleados de una plantilla de 2.200 en diferentes zonas del mundo.

Pese a la buena situación de grupo en general, las plantas vascas siguen dando en estos momentos pérdidas, “por el elevado precio de la energía”, han puntualizado. Cuestionados por si esta situación de números rojos en las fábricas en Euskadi pone a Llodio y Amurrio en peor posición respecto a otras plantas del grupo para la fabricación de los nuevos productos en los que se quieren especializar, lo han condicionado todo a que  “sean competitivas”. “Menos toneladas y más valor añadido no significa que no se vayan a hacer aquí, en el País Vasco, si se es competitivo”, ha señalado el presidente Francisco Javier García. “Se ha llegado a un acuerdo salarial que nos ha hecho más competitivos”, ha asegurado, por lo que “si seguimos por ese camino”, y “se le añade más valor con tecnología”, no ve problemas para que se hagan en el País Vasco, aunque la alusión a la competitividad parece un claro aviso a navegantes de cara al día después de que finalice el acuerdo de congelación salarial, ya que desde Tubacex siempre se han quejado de que las plantas vascas son las que les supones mayores costes salariales.  Aunque, según ha puntualizado García, es “mejor hablar de costes de producción”, no solo de costes salariales, donde se incluye, además del salario, el precio de la energía, el tema medioambiental o los impuestos. Cuestiones en las que las plantas vascas, por cierto, tampoco salen en principio muy beneficiadas respecto a otras fábricas que tiene el grupo en otros países.

Durante la Junta de Accionistas se ha presentado el nuevo plan estratégico con el que la empresa quiere convertirse en “proveedor clave” para los sectores energéticos y de movilidad, diversificando su producción para encaminarse a sectores implicados en la reducción de la huella de carbono y separarse cada vez más de los negocios ligados al petróleo, aunque manteniendo una fuerte apuesta por el gas que consideran que será fundamental como energía de transición. En cualquier caso, pretenden elevar las ventas en 2025 hasta más de 1.000 millones de euros, y que solo un tercio de las mismas dependan del petróleo y del gas. La diversificación se realizará hacia sectores como la automoción, la farmacéutica o el hidrógeno.

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