¿Un nuevo PSOE o un PSOE nuevo en Extremadura?
No es ninguna novedad ni ningún secreto el hecho de que el PSOE de Extremadura atraviesa uno de los peores y más complicados momentos de su historia. La pérdida de apoyo social en los últimos años, especialmente en las últimas citas electorales, fruto de un conjunto complejo de causas exógenas y endógenas a la organización, hace necesaria una reflexión profunda en el seno de un partido extremadamente importante y trascendente para Extremadura.
Los devenires de la política nacional, la propia naturaleza y situación de la región y las vertiginosas transformaciones que sufre la sociedad actual son factores que han influido en los malos resultados cosechados por el PSOE en Extremadura. Pero mal haríamos los socialistas extremeños si solo intentáramos explicarlos por causas externas. El agotamiento de un proyecto político que trasciende a cualquier liderazgo, la falta de definición en asuntos clave y trascendentes para la mayoría social, la ambigüedad o la incoherencia son también causas que han influido de forma notoria.
El PSOE ha sido el partido político con el que más extremeños se han sentido identificados históricamente. Esto ha ocurrido siempre que la organización ha ido de la mano de la sociedad, ofreciendo un proyecto de centroizquierda moderado, reformista, realista, autónomo y con un marcado acento extremeño. Enrolarnos demasiado en asuntos internos hablando más del quién que del para qué; identificar o confundir en algunas ocasiones que los anhelos y las opiniones internas de la militancia coinciden necesariamente con las opiniones y anhelos del electorado y de la sociedad; descuidar la actualización programática o la definición clara de un proyecto político son factores a los que también tenemos que mirar si no queremos caer en el enorme error de hacernos trampas al solitario.
Todo ello nos puede llevar a la conclusión de que necesitamos no un nuevo PSOE en Extremadura, sino un PSOE nuevo, renovado no solo en las caras de sus líderes, sino, lo que es mucho más importante, en el proyecto político que quiere ofrecer a los extremeños y extremeñas. El PSOE debe abrirse al debate y la reflexión interna, profunda y sincera, no para hablar de nombres, o mejor dicho, no solo para hablar de nombres, sino para hablar de política, de qué ofrecemos a los ciudadanos y ciudadanas para resolver sus problemas y anhelos. Solo así el PSOE recuperará ese enorme espacio perdido en esa mayoría social, en esas clases trabajadoras, pero también medias, que no vio en nosotros esa gran herramienta para transformar y mejorar sus vidas en los últimos procesos electorales.
Decía Guillermo Fernández Vara que “el PSOE tenía que ser siempre el partido de las grandes avenidas, donde cupiera el mayor número de personas”, y yo pienso exactamente igual que él: el PSOE debe volver a conectar con la sociedad extremeña, con la mayoría de hombres y mujeres que nos han dicho claramente que movamos ficha de una vez por todas.
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