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¿Sabías que esta monja es una de las 'madres' de la tecnología?

Mary Kenneth Keller (Foto: Mount Carmel Archives)

David G. Ortiz

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El retrato robot del empleado de una gran empresa tecnológica es el de un varón de menos de 30 años. ¿Sorprendido? Desgraciadamente no, ¿verdad? Incluso antes de tener los datos sobre la mesa, todos éramos conscientes de que la tecnología es uno de los sectores donde más bajo encuentran las mujeres el famoso 'techo de cristal'. Incluso ejecutivas como la CEO de Yahoo! Marissa Mayer, la que más ceros tiene en su nómina, se ven obligadas de cuando en cuando a soportar salidas de tono que jamás sufrirían sus homólogos masculinos.

Tampoco la historia de la tecnología coloca a las mujeres en el lugar que objetivamente se merecen. Cuando se habla de internet siempre salen a colación los nombres de Tim Berners-Lee y Vinton Cerf. Alan Turing y Charles Babbage son por aclamación popular los padres de la informática y los ordenadores. Ralph Baer, Nolan Bushnell y Shigeru Miyamoto son nombres imprescindibles en cualquier lista de figuras clave del mundo del videojuego. Pero de las 'madres' rara vez nos acordarnos.

Solo cuando Google decide dedicarle un 'doodle' nos acordamos de Ada Lovelace, que trabajó con Babbage en la llamada 'máquina analítica' y supo ver mucho más allá en cuanto al potencial del tatarabuelo de los computadores. Donde él solo veía números y una calculadora hasta el cuello de esteroides, ella veía un artilugio capaz de trabajar con palabras. Su amplitud de miras nos legó el primer algoritmo de la historia, las primeras instrucciones pensadas para ser leídas y ejecutadas por un ordenador. Fue, como todos sabemos (o deberíamos saber), la primera programadora de la historia.

Pero no todas las protagonistas de la tecnología han tenido la suerte de aparecer en la página principal del buscador más popular del mundo. Tal vez por eso se haya escrito tan poco sobre Radia Perlman, lo más parecido a una 'madre' que tiene internet. Seguramente también sea la razón por la que tan poca gente conoce la historia de la valerosa Grace Murray Hopper, que además de ser la primera doctora en matemáticas de Yale y desarrollar el lenguaje de programación COBOL, fue también la primera almirante del Ejército de los Estados Unidos. Y puedes dar por hecho que Carol Shaw, de haber sido protagonista de un 'doodle', se habría grabado en la memoria de muchos por ser la primera mujer que desarrolló un videojuego. Si creciste en los 80 es probable incluso que hayas jugado al clásico River Raid, una de sus más célebres creaciones.

Tratar de resumir la biografía de estas y otras pioneras en tan solo unas líneas sería caer una vez más en el error de siempre. La vida de cada una de ellas merece un capítulo aparte en los anales de la tecnología, pero si alguna de sus historias – por ser la más desconocida - merece realmente ser contada, es la de Mary Kenneth Keller. Así que vamos a viajar a 1958, cuando la prestigiosa Universidad de Dartmouth rompió su regla de admitir solo a hombres para que ella pudiera trabajar en el departamento de informática.

Gracias a ello pudo tomar parte en el desarrollo de BASIC, el primer lenguaje informático que trató de acercar la programación, hasta entonces solo al alcance de científicos y matemáticos, a los estudiantes y otros usuarios medios. Tal fue su influencia que está en la base de los lenguajes que Paul Allen y Bill Gates emplearon años más tarde en su sistema operativo Windows.

Pero no es por este avance, que habitualmente no se suele vincular con su nombre, por lo que Kenneth Keller entraría a formar parte de la historia. Años más tarde, en 1965, lograría obtener el primer doctorado en ciencias informáticas de los Estados Unidos por la Universidad de Wisconsin-Madison, según una investigación de Ralph L. London que zanjó la polémica al respecto. El primero en mayúsculas, incluso antes que Irving C. Tan, primer varón en obtener – si bien es cierto que poco después - la misma titulación.

Y si aún no te parece que la historia de esta mujer nacida en Cleveland (Ohio) es todo un ejemplo de superación y un hito para la igualdad de derechos de las mujeres, debes saber que, además, era una monja.

Has leído bien: Mary Kenneth Keller era una monja. Ingresó en la orden de las Hermanas de la Caridad en 1932, con 18 años, y profesó sus votos en 1940. ¿Cómo te quedas? ¿No hace esto que su hazaña sea aún más impresionante? Piénsalo. Dejó los hábitos a un lado para dedicarse a una profesión que aún en nuestros días es mayoritariamente masculina y llegó donde ningún hombre había logrado llegar antes.

Y aún hay más. Tras convertirse en doctora, ya a los 51 años, la hermana Kenneth Keller siguió dedicándose a la investigación, escribió cuatro libros, fundó el departamento de informática de la Universidad de Clarke (Iowa) y lo dirigió durante veinte años, con especial dedicación a fomentar el uso de la tecnología en el ámbito educativo.

Como dice su obituario, “la hermana Keller falleció en enero de 1985, a la edad de 71 años, tras una larga y distinguida carrera”. De momento no ha sido suficiente para un 'doodle', pero historia de la tecnología será un poquito más justa con las mujeres si, ahora que conoces su historia, al menos tú no olvidas su nombre.

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