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Galletas para la integración

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Los arrugats son el producto estrella de Galletas El Rosal

Los arrugats son el producto estrella de Galletas El Rosal

"Mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad psíquica o riesgo de exclusión social para dignificar su vida". Este es el objetivo de Galletas El Rosal. O, al menos, uno de ellos. El otro es elaborar "un producto de calidad, con ingredientes naturales y de la forma tradicional", explica una de sus responsables, Meritxell Burgués.

En 1920, la familia Serra fundó en Tárrega el obrador El Rosal. Tras más de 80 años de actividad, el último hermano se jubiló sin descendencia en 2003. Fue entonces cuando la familia propuso a la Asociación Alba el reto de integrar el negocio en su centro especial de empleo, que da trabajo a 75 personas con discapacidad psíquica en servicios de limpieza, jardinería, lavandería y, desde hace más de una década, también en el obrador.

La asociación arrancó El Rosal con tres trabajadores y, pese a la crisis, no ha parado de crecer. Hoy trabajan en él ocho empleados con discapacidad, una monitora y dos responsables, Burgués y Núria Cendoya, que está al frente del proyecto desde sus inicios.

Este trabajo "cumple totalmente con el objetivo de integrar. No estás ofreciendo un producto que no llega a ningún lado. Ves que se vende, que hay que hacer más", comenta orgullosa Burgués. Tanto es así, que el lugar de trabajo "se ha quedado pequeño. No cabemos y nos limita mucho a la hora de producir". Por eso, han comenzado ya unas obras de ampliación en el obrador.

Fundamentalmente, sus productos se venden "puerta a puerta" o a través de una distribuidora por toda Cataluña, pero esto no les ha impedido atravesar fronteras. "Hemos exportado a Alemania y, de forma puntual, a Rusia y Finlandia", indican.

En el obrador están especialmente orgullosos de su producto estrella. El arrugat supone un 70% de su producción, sin embargo, comenzó como "un fracaso del que salió el éxito". Uno de los trabajadores de El Rosal no conseguía hacer los barquillos. Con impotencia, arrugaba la pasta –de ahí el nombre: arrugat– y la dejaba en la bandeja. Las responsables lo probaron y se dieron cuenta de que "estaba buenísimo", por lo que no dudaron en comercializarlo con y sin chocolate.

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