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Obama derrota a Romney en el segundo debate

Obama hizo un gran debate, más agresivo que el primero. Romney, en cambio, pasó por malos momentos aunque no llegó a derrumbarse

Obama dice que su objetivo fue desde el principio "controlar nuestra propia energía"

El presidente de EE UU, Barack Obama, en el segundo debate presidencial, el 16 de octubre. / Efe

El presidente Obama hizo un gran segundo debate. Sus respuestas fueron contundentes y no dejó críticas de Romney sin responder. Su actuación fue impecable y hace más incomprensible qué pudo ocurrir en el lamentable primer debate.  Romney no se derrumbó, pero tuvo malos momentos. Resolvió bien en las preguntas fáciles, pero cuando tuvo que dar detalles, disimuló. Solo tuvo un patinazo, sobre un tema que tenía a favor: Libia. Romney perdió 7 a 2. Estos son los puntos principales:

1. Libia. Fue el peor momento de Romney. El 11 de septiembre una banda terrorista mató en Bengasi al embajador americano en Libia y a otros tres americanos. Poco antes, el diplomático había mandado un cable para pedir más protección, que el Departamento de Estado no había atendido.

Romney aprovecha el lío para insinuar que la primavera árabe ha ido mal y que Obama ha ocultado que fuera un atentado terrorista. El lunes Hillary Clinton dijo que asumía la responsabilidad de lo ocurrido.

Cuando preguntaron por la protección a los diplomáticos, se esperaba un punto para Romney. Obama respondió bien sobre Libia, pero sin concretar. Era el momento perfecto para Romney: “Pasaron muchos días sin que supiéramos si era una manifestación espontánea o un ataque terrorista”. Romney criticó que no se supiera qué había pasado cinco días después y que quizá habian querido “despistar”.

Obama contestó que el día después en la Casa Blanca había dicho que era un acto terrorista. Romney no se lo creía: “Quiero que quede claro [que ahora dice que lo dijo] porque le llevó 14 días reconocer que había sido un acto de terror”.

Obama respondió desde su taburete: “Buscad la transcripción”. La moderadora la tenía y Obama lo había dicho. El problema no fue solo el error de Romney, sino la presión para ganar puntos con un hecho erróneo. Aquí está el vídeo:


Obama había dejado clara su postura justo antes: “La sugerencia de que alguien en mi equipo juega a política o a despistar cuando hemos perdido a cuatro de los nuestros, gobernador [Romney], es ofensiva. Eso no es lo que hacemos. Eso no es lo que hago como presidente, como comandante en jefe”.

Obama logró el tono justo. Romney quedó pequeño. Era un punto fuerte y lo desaprovechó.

2. La actitud. La gran diferencia de Obama con el primer debate fue su actitud. No dejó pasar acusaciones sin respuesta, pero Romney tampoco. El momento más tenso llegó al principio. Hablaban de energía y mientras Obama respondía, Romney le interrumpió. En Estados Unidos cortar al presidente está mal visto:


Por ese mismo motivo, no es bueno que el presidente se centre en asuntos pequeños y se le vea enfadado. Los dos se pasaron del límite. Romney incluso perdió un poco los nervios cuando la moderadora no le dejaba responder.

La actitud más combativa de Obama -tenía ganas de hablar y de defenderse- respecto al primer debate hace que este punto sea también para el presidente.

3. Los cuatro años. Fue el mejor momento de Romney. Preguntaron a Obama por qué le deben votar de nuevo. Obama recitó las promesas que había cumplido: sanidad, Irak, Bin Laden. Pero Romney tiene ventaja: no tiene cuatro años a sus espaldas con una economía débil. Obama puede usar la recesión de Bush como excusa, pero la descripción de Romney es devastadora y efectiva.

Romney usó casi estas mismas frases en el primer debate y también lo hizo Paul Ryan en el vicepresidencial: “Dijo que el paro sería del 5,4 por ciento [al final de su mandato]. La diferencia entre la tasa actual [7,8] y el 5,4 es de 9 millones de americanos sin trabajo”; “dijo que cortaría el déficit a la mitad, y lo ha doblado”; “va diciendo: ‘He creado 5 millones de puestos de trabajo’. Eso es después de perder 5 millones de empleos. El paro no se ha reducido. El paro, la gente que aún busca trabajo, es aún 23 millones”; “cuando llegó a la presidencia 32 millones comían con cupones de racionamiento; hoy, 47 millones”; “¿y qué tal el crecimiento de la economía? Crece más despacio este año que el pasado, y más despacio el año pasado que el anterior”.

Son razones poderosas y con difícil respuesta. El punto es claramente para Romney.

4. El plan de Romney. Pero no todos los asuntos económicos fueron igual. Obama insistió en que los números del plan de Romney para recortar impuestos y bajar el déficit no cuadran. No pueden hacerse las dos cosas a la vez sin subir impuestos a la clase media, dijo Obama. Romney dijo que sí se puede, pero no dio detalles.

Obama ganó la discusión con esta frase: “El gobernador Romney fue un inversor de éxito. Si alguien le viene, gobernador, con un plan que dice: quiero gastarme 7 u 8 billones y luego ya encontraré el dinero, pero no podemos decir hasta quizá después de la elección cómo lo haremos. No aceptaría un plan así de turbio [sketchy deal] y tampoco deberiais hacerlo vosotros, el pueblo americano, porque las cuentas no cuadran”.

Romney empezó su réplica así: “Claro que cuadran. He sido alguien que ha dirigido negocios durante 25 años y he equilibrado presupuestos”. Pero no aclaró nada. Obama logró dejar más claro que hay algo “sketchy” en ese plan. Es además una palabra que puede cuajar. En esta divertida web bromean sobre la falta de detalles del plan de Romney.

5. La inmigración. Aquí estaba el crucial voto hispano. Romney criticó a Obama por no haber logrado aprobar una reforma de la inmigración como había prometido en 2008. Pero Obama respondió bien y le recordó a Romney su terrible manera de describir durante las primarias cómo haría que los inmigrantes ilegales se fueran: la famosa “autodeportación”. Significa que les haría la vida tan difícil que se irían del país. No es algo que vaya a funcionar entre latinos. Obama también estuvo mejor.

6. Las mujeres. El otro gran voto que decidirá las elecciones es el de las mujeres. Los dos candidatos lo saben y no pararon de hacer referencias a mujeres y familias. Obama se centró en contracepción, aborto, igualdad. Romney dijo que menos mujeres trabajan ahora que en 2008, lo que no es verdad.

Romney pareció patinar de nuevo cuando ligó la violencia de las armas con las familias monoparentales: “Neesitamos madres y padres que ayuden a educar a niños. Siempre que sea posible es mejor tener dos padres en casa, y eso no es siempre posible. Muchos grandes padres y madres solteros. Pero decirles a nuestros hijos que se casen antes de tener hijos es una gran idea”. Obama pareció perder a las madres solteras en el primer debate. Aquí puede recuperarlas.

Pero no está claro si las madres que les preocupa más la economía y los planes para mejorarla votarán para poder decidir sobre su salud o para intentar cambiar la dirección económica del país. Es un empate.

Sobre las mujeres, Romney dijo la expresión que se convirtió en la broma del debate. Hablaba de cuando era gobernador de Massachusetts. Quería poner a mujeres en el gobierno y pidió ayuda: me trajeron, dijo, “carpetas llenas de mujeres”. Se refería a currículums, claro, pero la web bindersfullofwomen.com estaba registrada al minuto, hay una cuenta de twitter en su honor y las fotos circularon en seguida:


7. La broma. Hubo otra broma. Fue la única que hizo reír al público. Obama acusó a Romney de invertar en compañías chinas a pesar de tanto criticar al gobierno de Pekín.

Romney quiso decirle a Obama que con sus ahorros para la jubilación también invertía en China. Fue así: “Señor presidente, ¿ha mirado su pensión?” Obama: “Yo no miro mi pensión. No es tan larga como la suya así que no me lleva tanto tiempo”. Fue el momento más ligero y fue para Obama.

8. El 47 por ciento. La gran duda era si Obama sacaría los comentarios de Romney sobre el 47 por ciento de americanos que “no toman responsabilidad por su vida”. En la última pregunta -si lamentaban alguna percepción pública sobre ellos-, fue Romney quien lo sacó: “Me preocupo por el cien por cien de los americanos”, dijo. Fue una buena respuesta.

Pero Obama aprovechó el momento: “Creo que el gobernador Romney es buena persona. Quiere a su familia, cuida su fe. Pero también creo que cuando dijo a puerta cerrada que el 47 por ciento del país se consideran víctimas, que rechazan las responsabilidad personal, pensad de quién hablaba”. Obama pasó lista de los más vulnerables y concluyó: “Quiero luchar por ellos. Es lo que he hecho estos cuatro años. Porque si ellos tienen éxito, el país tiene éxito”.

Es un asunto tan peligroso para Romney, que solo que se recuerde le afectará. Punto para Obama. Resultado a los puntos: 7-2.

La campaña de Obama había hecho durante el verano un magnífico trabajo para definir a Romney como un millonario extravagante -con muchas casas y ascensores para coches- que solo quería ser presidente para beneficiar a la gente como él. Romney borró esa impresión en el primer debate y saltó en los sondeos: los americanos veían de repente que aquel Romney no era tan terrible.

En este nuevo debate, Obama intentó recuperar la caricatura. Algo logró. Está por ver cómo lo han visto los votantes indecisos -preocupados por cosas distintas- desde sus casas.

La mejor noticia para Obama es que ha salvado la catástrofe con una gran actuación. En el último debate sobre política exterior el próximo lunes tiene ventaja: está más al día por su trabajo y es en general un punto fuerte de su presidencia. Todo vuelve a empezar.

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