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Alex Vitale, sociólogo: “La naturaleza de la policía en EEUU es tener impunidad porque es una herramienta de las élites”

Alex S. Vitale, autor del libro 'El final del control policial' (Capitan Swing)

Javier Biosca Azcoiti

27 de enero de 2026 22:03 h

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Alex Vitale, profesor de Sociología en la Universidad Municipal de Nueva York (CUNY), coordinador del proyecto Justicia Social y Control Policial y autor del libro El final del control policial (Capitán Swing), lleva años estudiando los orígenes, dinámicas y actuaciones de la policía en EEUU. Sus ideas radicales sobre el desmantelamiento del control policial de las sociedades cada vez lo son menos.

Cuando un agente del ICE asesinó a Renee Good en Minneapolis, Vitale dijo a este medio que habría más muertes. Unos días después llegó el segundo asesinato a manos de un agente federal con competencias para luchar contra la migración. La violencia es el resultado inevitable de este proceso, dice.

“La labor de estos agentes federales es intrínsecamente injusta. Cuando nos enfrentamos a este nivel de injusticia, habrá resistencia. El uso del control policial para abordar la resistencia es intensificar la violencia. Mientras esto siga siendo un proyecto fundamentalmente injusto a los ojos del público estadounidense, seguiremos viendo una escalada de la violencia”, sostiene.

¿Cuál es su análisis sobre el uso y el despliegue de los agentes federales por parte de Trump en todo Estados Unidos? Ha triplicado el presupuesto de ICE y ha duplicado sus agentes, pero no se trata solo de ICE, sino también de la Patrulla Fronteriza de la Guardia Nacional...

Trump está inmerso en una especie de teatro político diseñado para intentar convencer al público estadounidense de que está haciendo algo para mejorar sus vidas vilipendiando a los inmigrantes y distrayéndonos de los principales fracasos económicos que ha supuesto entregar la economía a los multimillonarios y las multinacionales.

Pero también está expandiendo una especie de política autoritaria al afirmar que los problemas a los que se enfrenta Estados Unidos pueden resolverse con la movilización de agentes federales armados y vestidos con ropa de camuflaje que persiguen a la gente por la calle, les rocían con spray pimienta y les disparan cuando se resisten.

Todo esto corre el riesgo de que escale a una situación en la que Trump cree una fuerza policial política que también se puede utilizar para subvertir los movimientos democráticos y socavar elecciones libres y justas.

Protesta ciudadana en Minneapolis contra el ICE.

¿Cree que ese es el camino o la dirección que está tomando Estados Unidos en este momento?

Esa es la dirección en la que Trump nos quiere llevar, pero está encontrando tanta resistencia que va a tener que dar marcha atrás en esta estrategia, como ya estamos viendo en Minneapolis, donde el Gobierno ha retirado al jefe de la Patrulla Fronteriza y ha dado señales de que tiene la intención de reducir la escala de la intervención federal ante la creciente oposición nacional.

Sostiene en su libro El final del control policial que la policía siempre ha sido una herramienta política. Aunque esto es más evidente en los regímenes autoritarios, también ocurre en las democracias ¿Podría desarrollar un poco esta idea y cómo se aplica a los Estados Unidos de hoy?

Durante los últimos meses, el pueblo estadounidense ha ido tomando conciencia de la verdadera naturaleza del control policial y, entre otras cosas, de que estas fuerzas siempre han existido con fines políticos, de manera que permiten a los políticos encubrir los fracasos de sus políticas mediante la movilización de trabajadores de la violencia.

Enmarcar los problemas de desigualdad y desestructuración social como problemas de delincuencia que debe gestionar la policía corre el riesgo de crear una fuerza que pueden utilizar los líderes autoritarios no solo para distraernos, sino también para reprimir activamente nuestros movimientos e interferir en el funcionamiento de nuestra democracia.

Todo esto corre el riesgo de que escale a una situación en la que Trump cree una fuerza policial política que también se puede utilizar para subvertir los movimientos democráticos y socavar las elecciones libres y justas

En este sentido, ¿cómo ha evolucionado el uso del control policial contra los migrantes y qué consecuencias tiene?

La idea de que podemos resolver nuestros problemas cerrando las fronteras a la migración ha estado siempre ligada a miedos raciales y a fracasos más generales de la política económica.

Durante muchos años en la historia de Estados Unidos hemos tenido fronteras esencialmente abiertas y esto ha proporcionado enormes beneficios a la sociedad y la economía estadounidenses. Ha sido una fuente enorme de crecimiento e innovación y ha contribuido al estatus de clase mundial de Estados Unidos.

La decisión de intentar cerrar la frontera a algunas personas siempre ha servido para reforzar las nociones de supremacía blanca y para actuar como una herramienta de control laboral que, en realidad, reduce el bienestar general de la clase trabajadora estadounidense.

¿Cómo nació el control policial en la sociedad? Usted sostiene que no fue para hacer que los ciudadanos estuvieran más seguros ¿Traza algún paralelismo entre ese origen histórico con la situación actual en EEUU?

Si nos fijamos en la creación de la policía moderna hace unos 200 años, surgió como una herramienta para gestionar la resistencia a las formas dominantes de explotación económica que existían a principios del siglo XIX. Estas eran el colonialismo, la esclavitud y la industrialización masiva.

Cuando los esclavos se rebelaron, cuando los pueblos colonizados se levantaron y cuando los trabajadores se declararon en huelga y perturbaron el funcionamiento habitual de las empresas, se crea la policía para gestionar esos actos de resistencia.

Lo que tenemos hoy en día no es una situación de colonialismo y esclavitud en el sentido del siglo XIX, pero tenemos un sistema de desarrollo económico neoliberal que ha cerrado el avance económico a la gran mayoría de los trabajadores y ha desplazado los recursos hacia el 0,1% más rico. Al mismo tiempo, se han desmantelado servicios gubernamentales esenciales, dejando a un gran número de personas luchando en los márgenes de la economía.

La Administración Trump está enmarcando esas estrategias que la gente ha tenido que adoptar para sobrevivir como problemas de delincuencia que deben gestionarse mediante una vigilancia policial intensiva, en lugar de adoptar políticas redistributivas y reguladoras que crearían una mayor prosperidad económica.

Pero los asesinatos, las detenciones en los lugares de trabajo y las deportaciones masivas en EEUU no son nada nuevo ¿Qué ha cambiado con Trump?

La historia de la policía está llena de momentos como los que estamos viviendo hoy. En cierto modo, no hay nada particularmente nuevo, sino que es simplemente el ejemplo más reciente de una intensificación y una hiperpolitización de la policía federal.

Durante la Primera Guerra Mundial, tuvimos los denominados disturbios de Palmer, que fueron una resistencia al intervencionismo militar de la Primera Guerra Mundial y el Gobierno federal atacó a esas personas, deportó a un gran número de ellas, las encarceló sin causa justificada, sin el debido proceso, y mató a quienes se resistieron. Así que esto no es del todo nuevo. Es solo el ejemplo más intenso que muchas personas han experimentado en sus vidas.

Muchos analistas denuncian la falta de rendición de cuentas de agencias como el ICE, pero usted afirma que la rendición de cuentas no es el problema en sí, ¿verdad?

Por supuesto que no lo es. La naturaleza del control policial es tener impunidad porque, en última instancia, es una herramienta de las élites para llevar a cabo proyectos políticos y, para que eso ocurra, esas élites políticas proporcionan a la policía una amplia inmunidad.

De vez en cuando [el sistema] sacrifica a algún agente y lo juzga para intentar demostrar que el sistema funciona, pero esto no cambia realmente la misión fundamental y los métodos de la policía. Solo crea un chivo expiatorio.

La idea de que los problemas que estamos experimentando en Minneapolis y a nivel nacional pueden solucionarse mediante la formación o la supervisión de los agentes es ignorar por completo el hecho de que se trata de un esfuerzo fundamentalmente injusto.

Deberíamos dejar de hablar de microgestionar la policía y, en su lugar, abordar directamente el problema político que nos ocupa, que es la búsqueda de chivos expiatorios entre los migrantes ante la ausencia de una política económica real.

La policía moderna surgió hace 200 años como una herramienta para gestionar la resistencia a las formas dominantes de explotación económica que existían a principios del siglo XIX. Estas eran el colonialismo, la esclavitud y la industrialización masiva. Lo que tenemos hoy en día es un sistema de desarrollo económico neoliberal que ha cerrado el avance económico a la gran mayoría de los trabajadores y ha desplazado los recursos hacia el 0,1% más rico

Hemos visto una campaña masiva de reclutamiento para el control policial contra los inmigrantes en el último año. Estas campañas, muchas de ellas en redes sociales, tienen una gran carga política ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de la repentina expansión de estas agencias?

Hay mucha preocupación razonable por la llegada masiva de agentes federales mal formados y muy ideologizados, pero los asesinatos que hemos visto en las últimas semanas los han llevado a cabo en su mayoría agentes con experiencia.

Lo que tenemos aquí no es un fallo de experiencia o formación; el problema es la misión. Y mientras los líderes de estas agencias indiquen a los agentes que todo vale en la búsqueda de esa misión, seguiremos viendo violencia y abusos.

Tras el asesinato de George Floyd, Minneapolis intentó desmantelar la policía, pero al final se rechazó en referéndum. ¿Estamos preparados para una transición de este tipo?

El caso de Minneapolis es muy complicado y es importante recordar que alrededor del 45% de los votantes de una importante ciudad estadounidense votaron a favor de una medida electoral que habría creado la posibilidad de reducir drásticamente y transformar la policía.

Hay un enorme apoyo a la idea de eliminar el ICE o quitar gran parte de sus responsabilidades a la policía local e invertirlas en las comunidades y las agencias de servicios sociales. Hemos visto cómo cientos de ciudadanos, sino miles, han comenzado a invertir en iniciativas de seguridad pública no policiales. Esta transformación está ocurriendo, aunque es lenta. Los acontecimientos de las últimas semanas no harán más que acelerar ese proceso.

¿Cree que esta idea de desmantelar la policía es ahora menos radical?

Sí. El problema es que la gente necesita ver cuáles son las alternativas concretas y, cuanto más desarrollemos esa infraestructura, mejor nos irá para trasladar recursos del control policial a otras intervenciones más eficaces.

¿Cuál es el objetivo de la criminalización de la migración, como también ha ocurrido con las personas sin hogar, por ejemplo? Supongo que saben que no van a erradicarlo con intervenciones policiales.

Al igual que los alcaldes locales han utilizado la policía para atacar a las personas sin hogar, porque no tienen un plan real para abordar la falta de vivienda masiva, el Gobierno federal está atacando a los migrantes porque no tiene un plan real para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora estadounidense.

A falta de un plan real, están utilizando un teatro de criminalización y búsqueda de chivos expiatorios para dar la impresión de que están haciendo algo, pero son incapaces de eliminar a los migrantes de la vida estadounidense. En última instancia, este será un esfuerzo fallido y una vez que el pueblo estadounidense se dé cuenta de ello, veremos una tremenda reacción contra esta agenda autoritaria de la derecha.

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