Un debate en Taiwán: "Lo que está en crisis no es sólo el modelo español, sino el europeo"

El debate evidenció los síntomas de la agonía del modelo de Estado democrático-liberal.

“Del mundo occicentralizado al mundo postoccidental: en busca de un nuevo orden global para el siglo XXI”. Bajo este ampuloso lema, la Biblioteca Nacional de Taiwán recibió el pasado fin de semana a una selección internacional de politólogos ubicados intelectualmente en la encrucijada de Oriente y Occidente.

Organizado por la Taiwan Research Foundation y la Fair Winds Foundation, la tónica general del acto era la de una despedida: adiós a un mundo liderado por Estados Unidos y Europa, bienvenida a China y a los nuevos esquemas ideológicos del poder oriental.

Según los expertos, Occidente evidencia cada vez con mayor crudeza los síntomas de una lenta agonía que afecta al modelo de Estado democrático-liberal y abre paso a una era formada por otro tipo de valores, no necesariamente democráticos, “donde no están claros los límites a los abusos de poder”, según el australiano John Keane, profesor invitado de la Universidad de Pekín.

John Dunn, profesor emérito de Cambridge, Thomas Pogge, de Yale, y Daniel Bell, canadiense adscrito a la universidad de Tsinghua, dedicaron la primera sesión a describir los desafíos que afrontan las democracias occidentales. Los ponentes hicieron referencia a Cataluña en más de una ocasión.

“No envidio al nuevo presidente de España. Tampoco puedo decir que confío en él, porque no apuesto por ningún político hasta que no veo lo que hace. Pero es evidente que Mariano Rajoy no era la persona adecuada para gestionar el conflicto de Cataluña”, sentenció Dunn, a instancias de este diario. “El cambio de gobierno abre una ventana de aire fresco a una situación de enquistamiento que requiere otro tipo de respuesta".

Dunn también se refirió a los límites con que se encuentra la reivindicación independentista en Cataluña: "Es cierto que el independentismo no tiene legitimidad para proclamar la República, porque la mayoría de los catalanes prefiere permanecer en España. Se necesitaría al menos un 70% de respaldo popular durante un largo periodo de tiempo, para promover una decisión de semejante alcance. También sería imprescindible el apoyo de la comunidad internacional. Pero una gran minoría de ciudadanos en Cataluña reivindica otro encaje político y eso debe tenerse en cuenta”.

Todos los ponentes consultados coincidieron en algunas ideas fundamentales. En esta era inquieta ante los fantasmas del Brexit y los exabruptos de Donald Trump, destacaron la necesidad de refinar el funcionamiento de las instituciones democráticas para evitar que los votantes tomen decisiones sin la información adecuada a partir de consignas engañosas o manipuladas.

En cuanto al cambio de gobierno en España, subrayaron las expectativas que despierta el nuevo Ejecutivo, a quien corresponde explorar nuevas vías junto con las fuerzas soberanistas catalanas para mejorar la situación.

Sin embargo, se matizó que se trata de una tarea extremadamente difícil, porque “lo que está en crisis no es sólo el modelo español, sino el europeo. Más aún, el desafío afecta al núcleo mismo del modelo de Estado democrático-liberal, que no ha sido capaz de establecer un mecanismo adecuado para consensuar y legitimar el trazado de sus fronteras. Por lo tanto, implica no sólo a Cataluña, sino a muchos otros lugares de Europa”, en palabras de Dunn.

Daniel Bell, de la Universidad de Tsinghua –uno de los intelectuales occidentales más comprometidos en la promoción del sistema político chino, cuyo déficit democrático justifica por estar basado en la  “excelencia” de las élites–, prefirió no dar su opinión, para no herir sensibilidades. Pero subrayó que el nacionalismo de Québec, su lugar de origen, tiene un carácter exclusivamente cultural y lingüístico, o también económico, como sería el caso de Cataluña.

Una caracterización con la que coincidió la politóloga Wanying Yang, de la Universidad Nacional de Chengchi. En su caso, el interés por el conflicto catalán se ha plasmado en un encuentro académico donde se han comparado las imágenes del referéndum del 1-O y lo acontecido en Taiwán durante la Revolución Sunflower de 2014.

El debate finalizó de forma contundente. “A pesar de sus aparentes similitudes, Cataluña y Taiwán son contextos incomparables. Taiwán no puede permitirse el lujo de proclamar la independencia porque eso significaría con toda probabilidad una intervención armada por parte de China”, dijo Yang. “España es un Estado democrático-liberal; China es un Estado autoritario. Ésa es la gran diferencia”.

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15 de junio de 2018 - 19:25 h

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