Los otros grandes cambios que marcan la cumbre de la OTAN: de los Patriots fabricados en Ucrania a Turquía y los F35
Una vez terminada la cumbre de la OTAN de Ankara, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha monopolizado el protagonismo de la reunión con sus ataques, incoherencias y contradicciones, la reunión ha dejado una serie de anuncios y propuestas que pueden redefinir el escenario geopolítico que se está erigiendo entre bloques. Ucrania ha sido la gran ganadora, Siria ha conseguido salir de la lista de países terroristas, Turquía puede volver a ser un aliado fiable para Estados Unidos, mientras que la ausencia de China en el debate “refleja que la prioridad inmediata de la Alianza se ha desplazado hacia la gestión de la transición transatlántica y el reparto de responsabilidades en Europa”.
Un cambio muy favorable para Ucrania
Si hay un claro vencedor de la cumbre de la OTAN en Ankara es Ucrania. Además del compromiso de los miembros de la OTAN de “proporcionar 70.000 millones de euros en equipamiento militar, asistencia y formación para Ucrania” este año y “mantener al menos un nivel equivalente en 2027”, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantuvo una reunión con Trump muy diferente a la que protagonizaron ambos dirigentes en el Despacho Oval de la Casa Blanca, llena de desprecios y ataques por parte del presidente de EEUU.
Aunque los medios estadounidenses publicaron que el presidente ruso, Vladímir Putin, presionó a Trump para que convenciera a Zelenski para poner fin a la ofensiva con drones sobre territorio ruso que está ahogando el suministro de combustible, Trump se mostró cordial con Zelenski y llegó a decir que la ofensiva con drones de Ucrania podría acelerar el final de la guerra. Pero el anuncio que más apreció el presidente ucraniano fue que Trump se abriese a autorizar a Ucrania a fabricar bajo licencia los misiles de defensa aérea Patriot. Con la guerra de Irán, Estados Unidos se ha quedado sin suficientes misiles para proporcionar a Ucrania, lo que ha supuesto que el Ejército ucraniano no tenga capacidad para responder a los ataques rusos.
Esto no quiere decir que en breve periodo de tiempo Ucrania tenga capacidad de fabricar los misiles. John Herbst, director del Centro Eurasia del think tank Atlantic Council, avisa de que “la Casa Blanca tendrá que dar prioridad a la resolución de cuestiones prácticas relacionadas con los derechos de propiedad intelectual de los fabricantes estadounidenses y facilitar la rápida puesta en marcha de las instalaciones de producción y de las cadenas de suministro”, pero demuestra un cambio profundo del papel de Washington entre Moscú y Kiev.
“Putin esperaba que la cumbre de la OTAN redujera la presión a la que se ha visto sometido durante los últimos tres meses. El resultado fue exactamente el contrario”, asegura Herbst.
Siria, fuera de la lista terrorista
Ante la avalancha de declaraciones y cambio de posiciones de Trump pudo pasar desapercibido, pero una de las declaraciones más relevantes del presidente de EEUU fue el anuncio de que su Gobierno iba a retirar a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
Siria es el país que más tiempo ha estado en esta lista, que se creó en 1979. Entonces fue incluida por proporcionar “asilo y privilegios para asentarse” a Hamás o el Frente Popular para la Liberación de Palestina y otras organizaciones, denominadas terroristas por EEUU. El acercamiento diplomático ya había dado los primeros pasos tras la visita a Washington del presidente sirio, Ahmed al-Shaara, el primer jefe de Estado de Siria en visitar EEUU desde 1946.
Por supuesto, hay contrapartida. Empresas estadounidenses como Chevron o ConocoPhillips ya están posicionadas ante el Gobierno sirio para rehabilitar los yacimientos de gas, abrir campos petrolíferos y reconstruir redes eléctricas, entre otros negocios.
Turquía puede volver al redil por los F35
Los cambios de tono de Trump tienen que ver con los negocios que pueden hacer las empresas armamentísticas estadounidenses. Ahora se ha abierto una vía para que el bloque occidental vuelva a recuperar a un aliado que se había 'desviado' en los últimos años. El presidente estadounidense llegó a Ankara alabando a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Miles de millones de dólares están en juego a la vez que se puede sacar a Turquía de la esfera de influencia rusa.
Trump anunció que está dispuesto a levantar las sanciones y allanar el camino para el regreso de Ankara al programa de los aviones de guerra F35. Turquía fue expulsada del programa de compra de armamento de EEUU tras adquirir en 2020 el sistema ruso de defensa antiaérea S-400. El acercamiento a Moscú fue respondido con sanciones, que permite la Countering America’s Adversaries Through Sanctions Act (Ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones).
El posible levantamiento de sanciones ha abierto ampollas en otro socio de la Alianza Atlántica, Grecia, con un largo historial de conflictos con Turquía, que se mantiene abierto en la división de Chipre o por las continuas disputas por las aguas territoriales. El ministro griego de Defensa, Nikos Dendias, se pregunta: “¿Está en el interés de Estados Unidos conceder un importante programa de adquisición de material de defensa a un país del Mediterráneo oriental sin garantías de que no será utilizado contra otro Estado miembro de la Unión Europea?”.
El problema para Grecia es que la importancia de Turquía —tanto para Estados Unidos, por el importe económico de la posible venta y su papel como aliado en conflictos como Siria e Irán; como para la Unión Europea, por su papel relevante como miembro de la OTAN en la zona y en la arquitectura de seguridad europea—, deja poco margen para evitar que la medida salga adelante. La decisión tiene que ser aprobada por el Congreso de EEUU.
Moscú ha advertido que Turquía no puede vender ni transferir a un tercer país su sistema de defensa antiaérea S-400 con el objetivo de recuperar el acceso a la compra de F35, aunque ya se están buscando soluciones como trasladarlo a una base en el extranjero o inutilizarlo.
El IP4 y la ausencia de China
Si hubo un gran ausente en las conclusiones de la cumbre, pese a su peso indudable en la geopolítica mundial, fue China. Es cierto que hubo un movimiento que toca directamente al gigante asiático por su control hegemónico sobre los minerales críticos con la creación por parte de la OTAN del Proyecto Multinacional de Alta Visibilidad sobre materias primas críticas para la defensa. Una iniciativa en la que participan 12 países de la Alianza que se centra en la adquisición, el almacenamiento, el transporte y la gestión de materias primas críticas, componentes y materiales reciclados esenciales para la producción de defensa.
Sin embargo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se reunió durante la cumbre con altos representantes de los cuatro socios del Indo-Pacífico (IP4), Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur (no son miembros de la Alianza Atlántica), para “hacer frente adecuadamente a los diversos desafíos a los que se enfrenta la comunidad internacional”.
Rutte sí acusó a China de mantener una cooperación con Rusia en su “maquinaria de guerra” contra Ucrania y añadió que China continúa modernizando su armamento y capacidades nucleares “sin transparencia”.
Los analistas del Real Instituto Elcano, Félix Arteaga y Luis Simón explican la ausencia de menciones claras al gigante oriental: “Frente al protagonismo adquirido por China y la cooperación con los socios del Indo-Pacífico en las cumbres de Madrid, Vilna o Washington, Ankara parece otorgar menor visibilidad política a esta dimensión. Ello no significa necesariamente un abandono de esa agenda –la invitación a los líderes del Indo-Pacífico, incluida la asistencia del presidente de Corea del Sur y su participación en el Foro Industrial, así lo sugiere–, pero sí refleja que la prioridad inmediata de la Alianza se ha desplazado hacia la gestión de la transición transatlántica y el reparto de responsabilidades en Europa”.
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