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Miles de combatientes extranjeros llegan a Ucrania: “Mi plan es que no hay plan”

Un soldado ucraniano en uno de los puntos de control en Kiev

Igor Gavrylko estaba en su casa de Ealing, en el oeste de Londres, cuando empezaron a caer bombas rusas sobre Ucrania. Ciudadano británico de origen ucraniano, Gavrylko vive desde 1996 en el Reino Unido. Es vendedor en una tienda de Nissan y decidió llamar a su jefe. “Yo sabía que los rusos iban a invadir”, dice. “Mi abuelo ucraniano luchó primero contra el Ejército Rojo, y después contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial; ahora me toca a mí ayudar”.

Leópolis, capital cultural y retaguardia de un país en guerra

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Gavrylko salió en coche desde Ealing y atravesó toda Europa. Cuando llegó a Ucrania, sus ancianos padres habían escapado por los pelos. Los misiles rusos habían destruido el aeropuerto de Ivano-Frankivsk, su ciudad natal. “Mi ciudad fue bombardeada”, dice. Gavrylko se las arregló para que escaparan a Polonia su madre, su hermana y su sobrina de cuatro años. Bogdan, su padre de 74 años, se negó a marcharse.

En la ciudad occidental de Leópolis, Gavrylko es uno de los miles de voluntarios llegados a Ucrania con la intención, dicen, de defender al país del ataque ruso. Algunos tienen raíces ucranianas, como él. Otros son militares veteranos, sin vínculos familiares con el país, que han decidido luchar junto al ejército de Ucrania. Según Gavrylko, ya han llegado “varios centenares” de británicos. Uno de ellos es Ben Grant, hijo de un diputado del Partido Conservador.

Hay voluntarios de Estados Unidos y de Canadá, donde la diáspora ucraniana ha formado una comunidad importante. Esta semana un grupo de canadienses fue visto por la Plaza de la Libertad de Leópolis con una gran bandera canadiense en la parte de atrás del vehículo. Habían encontrado por Google una cafetería para desayunar, pero estaba cerrada. Otros voluntarios vienen de los países bálticos y de Georgia, que en 2008 también fue víctima de un ataque ruso con cinco días de guerra de castigo.

Algunos ven en los combatientes extranjeros que llegan a Ucrania una suerte de brigadas internacionales y las comparan con las de la Guerra Civil española –el historiador Ángel Viñas analizaba en elDiario.es las diferencias entre ambos conflictos–. Gavrylko es consciente de las reminiscencias históricas. Ucrania lucha ahora contra Vladímir Putin, en quien dice ver una “versión del fascismo del siglo XXI”. “Quiere reconstruir la Unión Soviética como un imperio ruso, no es ningún secreto”, dice.

“Ucrania está en medio de Europa, Occidente tira para un lado y Moscú para otro; Ucrania, los países bálticos, Polonia y Moldavia están en la lista de Putin”, añade. ¿Pero por qué Putin decide atacar ahora a Ucrania, cuando lleva veinte años en el Kremlin? “Tengo la sensación de que está muy enfermo”, responde.

Antes de ser asignados a grupos de entrenamiento para evaluar su experiencia profesional, los voluntarios firman un contrato con el gobierno de Kiev. Gavrylko dice que ha aprendido primeros auxilios de combate y menciona su trabajo como intérprete. “Mi plan es que no hay plan”, resume. ¿Estaría dispuesto a luchar y morir por su país natal? “Sí, mi abuelo pasó 10 años en un campo soviético en Kazajstán”, responde.

Según Daniel Kovzhun, un ingeniero informático ucraniano que mantiene contactos con posibles voluntarios de Croacia, la contribución de los extranjeros al esfuerzo bélico es significativa. “Los extranjeros ya saben cómo luchar y son más capaces que los voluntarios civiles ucranianos que se están incorporando a la defensa territorial”, explica. “Enseguida hacen relaciones aquí, algunos de ellos ya están en el frente”.

Kovzhun dice que instructores militares occidentales llevan entrenando al ejército ucraniano desde 2014, cuando Putin se anexionó Crimea y dio el pistoletazo de salida a la guerra en la región oriental del Donbás. Entre ellos había israelíes, británicos y georgianos, dice. Aunque la OTAN se niegue a enviar soldados a Ucrania, dice Kovzhun, muchos de los voluntarios están viniendo de países miembros de la alianza militar para luchar contra Rusia.

Reino Unido desaconseja viajar a Ucrania

Al menos cuatro soldados británicos en activo han desaparecido de sus cuarteles para viajar a Ucrania. El secretario de Transporte del Reino Unido, Grant Shapps, dijo el miércoles a las tropas que eso era ilegal. “No pueden levantarse y marcharse así sin más”, dijo. También, que la situación sobre el terreno era peligrosa y que desoír los consejos oficiales podría conducir a un juicio. Boris Johnson dijo el jueves que el personal militar británico que se marche enfrentará un consejo de guerra a su regreso. “No deberían ir a Ucrania”, añadió.

La agencia de noticias Reuters publicó que decenas de ex soldados británicos de élite del Regimiento de Paracaidistas ya habían llegado a Ucrania. Según un ex soldado, cientos de veteranos los seguirán pronto. “Todos están muy muy entrenados y han estado en servicio activo en numerosas ocasiones”, dice. La crisis de Ucrania es una oportunidad para tener un propósito, para el compañerismo, y para “hacer lo que se les da bien, luchar”.

El Gobierno de Reino Unido respondió a esas informaciones el viernes pidiendo a sus veteranos que no se unan a la guerra en Ucrania y que, en su lugar, ayuden a los ucranianos desde casa, ya sea a través de donaciones o de voluntariado. El Gobierno británico desaconseja todo viaje a Ucrania. 

Voluntarios de Colombia, Japón y Jamaica

Otros países han adoptado una visión más pragmática eliminando las restricciones legales. Letonia, enemiga de Rusia desde hace tiempo, ha levantado la prohibición impuesta en 2014 a sus ciudadanos de ir a luchar junto al gobierno de Kiev. Alemania y Canadá han tomado medidas similares. Aunque la mayoría de los voluntarios procede de Norteamérica y de Europa, también los hay de países como Colombia, Japón y Jamaica.

La decisión de Johnson de suministrar armamento defensivo a Ucrania lo ha convertido en un personaje popular. El arma ligera antitanque de nueva generación (NLAW, por sus siglas en inglés) que el Reino Unido entregó a Ucrania ha protagonizado vídeos de TikTok y se ha convertido en un meme de las redes sociales, con los Beatles y la bandera británica. Aparentemente, el NLAW ya ha demostrado su utilidad en el campo de batalla de Ucrania, con un vídeo mostrando el lanzamiento de un misil desde el tejado de un aeropuerto en la ciudad de Mykolaiv para destruir un tanque ruso.

Gavrylko, que tiene 49 años, opina sobre ello que Johnson ha hecho “un trabajo excelente”. “Creo que es genial, reaccionó de inmediato, otros países se tomaron su tiempo”, dice. Está dispuesto a perdonar al gobierno británico que solo haya expedido unos cuantos visados a ucranianos huyendo del conflicto, cuando Polonia ha acogido a un millón de refugiados y los países de la UE los están eximiendo de la obligación de visado. “Johnson ha prometido reconstruir Ucrania después de la guerra”, dice.

Para conocer con más detalle el papel de los voluntarios de terceros países, The Guardian solicitó entrevistarlos en una de sus bases de entrenamiento a las afueras de Leópolis, pero no obtuvo el permiso de las autoridades ucranianas. “Ahora es imposible”, decía el mensaje del comandante local. Se entiende que su ubicación sea secreto militar.

Según el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, más de 66.000 ucranianos han regresado al país desde el extranjero para luchar, el equivalente a 12 brigadas. Han llegado tantos que el presidente, Volodímir Zelenski, ha abierto una página web con una guía para los posibles voluntarios. El país está gestionando el proceso desde sus propias embajadas y ofrece a los candidatos entrevistas con agregados de defensa. Según el gobierno, se han inscrito más de 16.000 personas.

“Cualquiera que quiera unirse a la defensa de la seguridad en Europa y en el mundo puede venir y estar junto a los ucranianos contra los invasores del siglo XXI”, dice una cita de Zelenski en la página web. La operación militar de Rusia no es sólo contra Ucrania, sigue el texto, sino el “inicio de una guerra contra toda Europa”. La lucha es por “la libertad y por la democracia de Europa”, añade con el lenguaje del idealismo occidental.

En Leópolis, Gavrylko dice no saber cuándo volverá a Londres o si volverá. “No tengo ni idea de si seguiré teniendo trabajo”, admite.

Traducción de Francisco de Zárate

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