La derecha española ante el espejo del Papa Francisco

3 de mayo de 2025 12:58 h

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La muerte del Papa Francisco ha desatado un aluvión de análisis y homenajes, pero también ha sacado a relucir la podredumbre moral de muchos que ahora se atreven a llorarlo en público mientras lo apuñalaron por la espalda durante años.

Durante su papado, Francisco fue un faro de justicia social, un líder que puso a los pobres, los inmigrantes, la defensa del medio ambiente y los derechos del colectivo LGTBIQ+ en el centro de su mensaje con el que clamó contra la “globalización de la indiferencia” que abandona a los vulnerables, denunció el neoliberalismo salvaje que engorda las arcas de unos pocos y defendió la creación frente a la avaricia que destroza el planeta. Para muchos cristianos y especialmente para la derecha española, este mensaje era una auténtica bofetada.

Su compromiso, profundamente enraizado en el Evangelio, incomodó a la derecha española, que lo vio como una amenaza a sus intereses. Santiago Abascal, líder de Vox, trató de deslegitimarlo y humillarlo llamándolo “ciudadano Bergoglio”, y Cuca Gamarra, secretaria general del PP, lo calificó de “comunista” escupiendo esta palabra con el desprecio implícito que conlleva en el imaginario más reaccionario. 

Sin embargo ahora, con Francisco muerto, estos oportunistas se suben al carro del luto, balbuceando elogios vacíos para arañar votos, como si nunca hubieran cuestionado su autoridad. Su hipocresía es un insulto a la memoria de un Papa que los enfrentó a su propia miseria moral y una prueba de que solo quieren a la Iglesia como títere para su propaganda mientras pisotean sus valores más esenciales.

Francisco no era, como algunos intentaron caricaturizar, un Papa de izquierdas. Su defensa de los excluidos nacía de los mandamientos y del amor al prójimo, no de ideologías políticas. 

Apoyó las uniones civiles y pidió despenalizar la homosexualidad, desafiando a los que, como Vox, agitan el odio contra el colectivo LGTBIQ+, diciéndole incluso a un homosexual: “Dios te hizo así y te ama”, con todo lo que esa expresión conlleva. Condenó el dogma neoliberal que enriquece a unos pocos a costa de los pobres, un sistema que el PP abraza sin pudor y que perpetúa la desigualdad. Hizo de la acogida de inmigrantes un imperativo ético, enfrentándose a los nacionalismos radicales y mezquinos que Vox y el PP enarbolan, posturas que no fueron bien recibidas por una derecha que prefiere una Iglesia sumisa, que bendiga sus políticas de exclusión y libre mercado sin cuestionarlas y que sacaron de quicio a Isabel Díaz Ayuso que tuvo la desfachatez de tachar de “leyenda negra” su petición de perdón por los crímenes de la conquista de América y a Abascal que cuestionó su autoridad para hablar de inmigración. Pero ahora, con Francisco fallecido, Alberto Núñez Feijóo balbucea que “hablaba español” como si eso borrara sus críticas y Vox murmura oraciones por su alma como si alguien les creyera. 

Este cambio de discurso no refleja arrepentimiento, sino el oportunismo descarado de una derecha que busca capitalizar la figura de un Papa al que nunca entendieron ni respetaron y al que odiaron porque les dijo la verdad: que su especulación y su indiferencia son la raíz de la miseria. Y esa verdad quema.

Si esta hipocresía al elogiar a Francisco es grave, más lo es el historial de desastres del PP, que contradice frontalmente los valores cristianos que dice defender. Condenado judicialmente como organización criminal en el caso Gürtel, el PP arrastra una estela de escándalos que violan los mandamientos más básicos de la Iglesia y dejan un rastro pestilente de negligencia y mentiras. La guerra de Irak, impulsada por José María Aznar, causó miles de muertes sin pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva y sin que, hasta el momento, haya pedido perdón como al menos sí hicieron Tony Blair y Bush, un acto que choca con el “no matarás” (Éxodo 20:13). El accidente del Prestige devastó Galicia porque el gobierno del PP decidió ignorar el consejo científico de los expertos, agravando la marea negra y provocando la crisis medioambiental más grave de la historia de España. Esta negligencia despreció el mandato de cuidar la creación que Francisco defendió con pasión en “Laudato S’ Sobre el cuidado de la casa común”. El accidente del Yak-42, que mató a 62 militares por la contratación de un avión de desguace y cuyos restos fueron tratados como despojos de carnicería, fue minimizado por Federico Trillo, entonces ministro de Defensa que mintió para tapar la chapuza y en el que, además, el PP usó dinero negro para su defensa, según confesó el propio Bárcenas, violando con ello el “no darás falso testimonio” (Éxodo 20:16).

Los escándalos recientes del PP son igual de demoledores. Durante la pandemia, la gestión de Ayuso en Madrid dejó morir a 7.291 ancianos en residencias como consecuencia de las órdenes dictadas por el gobierno del PP que vetaban su traslado a hospitales basándose en repugnantes criterios de edad y discapacidad y llegando a calificar las críticas por estas muertes evitables como “mierdas”, mostrando una falta de empatía que contrasta con el amor al prójimo predicado por Francisco (Mateo 22:39). 

La negligente gestión de la tragedia de la DANA en Valencia causó 227 fallecidos y evidenció la incapacidad del gobierno valenciano del PP y de Carlos Mazón, que ignoraron todas las alertas meteorológicas mientras ¿comía? con toda tranquilidad e incomunicado con una periodista durante más de cuatro horas. En lugar de asumir responsabilidades, el PP acusó a las víctimas de “politizar” su dolor, lo que refleja una arrogancia absolutamente opuesta a la humildad de Francisco, y un claro desprecio por la vida que él condenó como “globalización de la indiferencia”. 

Lo más indignante es que el PP no solo evade sus responsabilidades, sino que protege y blinda a los responsables de estas tragedias. Mazón sigue al frente de Valencia, respaldado y aplaudido por un partido que minimiza la DANA como si fuera un mal sueño consecuencia de un “error humano”.  Ayuso, elevada a diosa y convertida en un ícono del PP, pasea por el mundo su política antinmigración, escupiendo directamente sobre el mensaje de acogida de Francisco. Bárcenas, cerebro de la corrupción del PP, fue defendido durante años con todo tipo de argumentos y recursos y Aznar, arquitecto de la guerra de Irak y el Prestige, sigue siendo una figura venerada en el partido. 

Vox, por su parte, es aún más descarado. Su post fascismo se viste de catolicismo para engañar a los devotos convocándolos incluso al rezo de rosarios frente a las sedes socialistas que provocan ataques de odio, pero sus políticas antinmigración y su cruzada contra los derechos LGTBIQ+ son una bofetada al Evangelio. Abascal llamó a Francisco “globalista” y “masón”, pero ahora finge rezar por él, buscando votos entre los que lloran al Papa.  

Hay quien asegura que la derecha despreciaba a Francisco porque les recordaba que su avaricia empresarial aplasta a los pobres y que preferían una Iglesia que les mintiera con promesas vacías. Ambos partidos quieren una fe que justifique sus odios, no que los desafíe a mirarse al espejo. La derecha española, con el PP y Vox a la cabeza, quiere una Iglesia que sirva de propaganda, no de conciencia. Usan el mensaje cristiano para captar votantes sensibles a la tradición, pero ignoran su esencia: la justicia, la verdad y el cuidado de los más débiles. Francisco, con su vida y su palabra, les puso un espejo que no quisieron mirar. Criticaron su compromiso con los inmigrantes, los pobres y el colectivo LGTBIQ+, pero ahora lo alaban para no quedar fuera del duelo colectivo. Esta incoherencia no es solo política, es moral. Un partido que ha causado tanto daño, desde la guerra de Irak hasta la DANA, que protege a figuras como Mazón, Ayuso, Bárcenas, Rajoy y Aznar y que ha sido condenado por corrupción, no tiene legitimidad para acusar a nadie, mucho menos para invocar los valores de una Iglesia que Francisco intentó devolver a sus raíces evangélicas.

El legado de Francisco es un puñetazo en la mesa: una Iglesia que defiende a los marginados, que desenmascara la injusticia y exige coherencia y que deja un desafío a sus fieles exigiéndoles coherencia entre su fe y sus acciones. 

El PP y Vox, con su historial de corrupción, mentiras y sangre, son la antítesis de ese mensaje. No tienen derecho a acusar a nadie mientras protegen a tantos como Mazón, Ayuso, Bárcenas y Aznar, ni a lloriquear por Francisco mientras escupen en su legado. La sociedad debe recoger el guante que Francisco dejó: exigir una política que viva la fe con verdad, no que la use como máscara y mientras el PP y Vox sigan manipulando la religión para sus fines, su hipocresía seguirá siendo una mancha que ningún elogio póstumo podrá borrar. Sería bueno que la sociedad, inspirada por el ejemplo de Francisco, les pida cuentas y reclame una política que no solo hable de valores cristianos, sino que los viva. Porque la hipocresía de la derecha es insoportable: alaban a Francisco con la boca, pero defienden con uñas y dientes todo lo que él combatió.

Como dijo el propio Francisco, “la indiferencia es una pandemia silenciosa” y la derecha española, con su historial de mentiras, negligencias y odio, es su principal trasmisor. 

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