Cuando el lobo se disfraza de cordero. (I) Mercosur y el cinismo del PP 

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La verdad es que hay días en los que uno piensa que el Partido Popular ya no se sonroja por nada. Y el debate sobre el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur es uno de esos casos en los que, una vez más, ha exhibido sin pudor su cinismo político, a plena luz del día y con total tranquilidad.

Porque conviene decirlo claro desde el principio, sin rodeos y sin trampas: el acuerdo con Mercosur no es una ocurrencia reciente, ni una imposición repentina, ni una decisión tomada a espaldas de nadie. Es el resultado de más de veinte años de negociaciones largas, complejas y, a menudo, discretas. Negociaciones en las que el PP ha tenido un papel protagonista, tanto desde los gobiernos nacionales como desde las instituciones europeas en las que siempre ha marcado tanto la línea como el ritmo en la política agraria.

Y, sin embargo, hoy ese mismo partido se descuelga acusando al Gobierno de España de avalar y respaldar el acuerdo, de haber traicionado al campo y, en una deriva cada vez más preocupante, de poner en riesgo incluso la salud de los consumidores. Todo junto. Todo a la vez. Y todo, además, sin base real.

Lo primero que chirría -y mucho- es la mentira de la autoría porque el presidente del Gobierno de España no ha negociado Mercosur, no lo ha cerrado y ni siquiera ha estado presente en su firma. Señalarlo como responsable no es un error, es una estrategia deliberada. La de buscar un culpable cercano, reconocible y útil para el desgaste político interno, aunque eso suponga reescribir la historia con descaro. Porque el PP sabe perfectamente que Mercosur es una realidad porque ellos lo quisieron, porque lo defendieron como un acuerdo estratégico y porque trabajaron durante años para sacarlo adelante. 

Pero hay algo que es todavía más grave que esta mentira. Y es el daño real que este discurso está causando a agricultores y ganaderos. Un sector que atraviesa dificultades estructurales evidentes -costes, relevo generacional, rentabilidad, burocracia- y que lo último que necesita es confusión, ruido y miedo fabricado desde la política. Porque no, no todo vale para competir electoralmente. No vale sembrar la idea de que “nos arruinan”, de que “nos engañan” o de que “nos venden”. No vale convertir la incertidumbre en arma arrojadiza. Y, desde luego, no vale presentarse ahora como el gran defensor del campo cuando llevan décadas tomando decisiones sin contar con él, tanto en España como en Europa.

Este giro oportunista tiene, además, un destinatario muy concreto, porque el PP no está pensando en el campo, está pensando en VOX que, en este momento le da más miedo que los agricultores. Está pensando en cómo disputar ese espacio de protesta, de enfado y de discurso simple. Y cuando se entra en esa carrera, el resultado casi siempre es el mismo: a más ruido, menos verdad.

En regiones como la nuestra, La Rioja, el debate debería ser otro muy distinto porque aquí el sector primario se apoya mayoritariamente en productos de calidad, con denominaciones de origen e indicaciones geográficas mundialmente reconocidas. Aquí hablamos de vino, de aceite, de frutas y verduras, de embutidos, de setas y champiñón, de carne de vacuno...de productos amparados por marcas de calidad de mucho prestigio. Hablamos de calidad, de valor añadido, de diferenciación. 

Y precisamente por eso resulta tan frustrante comprobar cómo con declaraciones tan vergonzosas como las de Alfonso Domínguez, consejero de Hacienda riojano y ls de la consejera de Agricultura, Noemí Manzanos, el Gobierno de La Rioja, lejos de trabajar para aprovechar las oportunidades que abre Mercosur para el sector primario riojano, se suma al discurso neofascista del miedo, mira hacia otro lado y pierde un tiempo precioso mientras otras comunidades diseñan estrategias, acompañan a sus productores y planifican su salida a nuevos mercados. Aquí, sin embargo, se opta por la queja, la protesta sin propuesta y el seguidismo político.

Mercosur no va a desaparecer porque se grite más fuerte. No se va a deshacer a golpe de titular ni de tractorada instrumentalizada. Mercosur es ya una realidad que se debe gestionar, que se aprovecha o se sufre. Y elegir no hacer nada también es una decisión política, aunque luego se intente disfrazar de indignación.

Por eso conviene poner las cosas en su sitio. Porque el problema no es debatir los efectos del acuerdo, ni señalar riesgos, ni exigir medidas de apoyo. Todo eso es legítimo y es necesario. El problema es mentir, es fingir sorpresa, es presentarse como víctima de algo que uno mismo ha impulsado. Es disfrazarse de cordero cuando en realidad eres el auténtico lobo.

Y aquí conviene decirlo sin ambages, porque el verdadero peligro para el campo riojano no es Mercosur. El verdadero peligro es un Gobierno que renuncia a gobernar, un PP que miente sin pudor y una estrategia basada en el ruido y el victimismo en lugar del trabajo, la planificación y la defensa real de nuestros productores.

Al campo riojano no se le defiende con gritos ni con relatos falsos. Se le defiende con verdad, con políticas públicas y con respeto. Todo lo demás es oportunismo. Y el oportunismo, cuando se juega con el sustento de miles de familias, tiene un nombre muy claro.

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