Utopías 36: No pasa nada

23 de febrero de 2026 18:31 h

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«No pasa nada y si pasa se arregla y si no, no pasa nada». Me contaron hace tiempo que esta expresión era habitual en un hombre ya fallecido y que fue popular y conocido en el Logroño de los años 60-80 y hasta es posible que 90 del siglo pasado. 

Razón llevaba el buen señor. Fijénse hace unos días estuve en mi Centro de Salud, con mi médica de familia. Una mujer a la que valoro en lo profesional y estimo en lo personal. Mis padres tuvieron una atención médica de lujo, por su buen hacer y yo tuve un consuelo, que agradeceré siempre, por las palabras que me dedicó cuando murieron.

Al grano. Esta misma médica ha decidido que le hagan unas radiografías a mi rodilla derecha. Lleva un invierno impertinente, la susodicha rodilla. Desde el día en que me las hagan hasta que las informen y las remitan a mi médica, tengo que esperar entre ocho y diez días, porque en Logroño no tenemos radiólogos. Sostiene mi médica que en el hospital, en urgencias, sí hay radiólogos pero los que vamos por los centros de salud y nos atienden en el CARPA, la enfermera y el técnico sí son del Servicio Riojano de Salud, del SERIS. En cambio, los radiólogos que informarán y explicarán qué le pasa a mi rodilla, pertenecen a una empresa privada.

¿Qué les parece? ¿Cuántas veces pagamos una radiografía?¿Cuánto cobra la empresa privada al SERIS?¿Cuánto cobra el médico radiólogo? ¿Será de los que por la mañana está en la pública y por las tardes en la privada?. ¡Me meto en unos jardines y piso unos charcos!. Pero también es verdad que ahora o nunca. Tengo más pasado que futuro. Me lo dice una simple resta. Así que mientras no engañe a nadie, ni le falte al respeto a nadie, yo a lo mío.

Y he de aprovechar porque he terminado de releer: Sostiene Pereira, un libro de Antonio Tabucci, que fue número uno en ventas a principios de los 90 y consiguió premios literarios de prestigio. Pereira, el protagonista de esta novela corta, era periodista y se encargaba de la sección cultural del periódico «Lisboa». Un hombre religioso, conservador, culto, leído y por encima de todo buena persona. Por razones que conocerán cuando lo lean ó relean, entabla contacto con una pareja de jóvenes que le utilizan para llevar adelante sus ideas políticas, contrarias a la dictadura de Salazar en el país vecino y contrarias a la Guerra Civil que se libraba en España en el año 1938.

Pereia no sabía la razón por la que ayudaba a aquella pareja de jóvenes, pero les prestaba apoyo. Al mismo tiempo en su entorno, la política portuguesa se iba enrareciendo más y más, los alemanes campaban a su anchas, una parte del ejército portugués pasó a España, para ponerse a las órdenes de nuestro Franco. Pereira, no aprobaba, pero callaba. Cuándo el director le llamó a su despacho para indicarle cuales eran los escritores a los que se tenía que referir, todos ellos portugueses y sumisos al dictador del país vecino y cuándo en su propia casa tres falsos policías asesinan al joven activista perseguido, Pereira urde una estratagema para contar en la página de cultura del «Lisboa» todo lo que estaba pasando y el asesinato que la «policía política», había perpetrado en su propio domicilio. Consigue burlar la censura y huir de Portugal, antes de que la edición salga a la calle. Trabajó como periodista en París muchos años y establecida la democracia en su país natal, volvió porque era un patriota. A su muerte, como buen católico que fue, le colocaron un crucifijo encima del pecho. ¿A qué les ha gustado? Pues hala a leerlo que les gustará mucho más.

¿Y a cuento de qué viene el relato de esta novela? A cuento de la censura.

Tengo que aprovechar este período de libertad de expresión antes de que se establezca la censura, no sólo en España, sino en Europa, como ya se ha establecido en Estados Unidos. El ICE de Minneapolis del año 2026, es la policía política portuguesa de 1938. ¡Qué miedo! Con lo que a mí me gusta escuchar a quien sabe contar temas que me resulten de interés. Me da igual que sean históricos, científicos, literarios, filosóficos… si me gustan y están bien relatados, no miro la raza, ni el color, ni la religión de quien los firme. Yo a disfrutar, que es lo mío.

Si ustedes se sienten identificados con lo que escribo, -Son muy libres de hacer lo que quieran. ¡Faltaría más!-, pero yo que ustedes empezaría a «despertar de esta larga siesta». ¡Grande Cecilia y qué prontro se fue! Si por el contrario, prefieren seguir dormidos, no se preocupen. Ya saben que: “Nunca pasa nada y si pasa se arregla y si no, no pasa nada”.

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