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Alberto San Juan pone voz a la fosa de Lorca ideada por el artista que metió a Franco en una nevera

Alberto San Juan declama textos y discursos de Federico García Lorca junto a la obra 'Ruina', de Eugenio Merino, que representa al poeta yaciendo en una fosa.

Guillermo Hormigo

Espacio Memoria de Carabanchel, Madrid —

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Es septiembre de 1931 y Federico García Lorca participa en la inauguración de la Biblioteca Municipal de Fuente Vaqueros, el lugar que le vio nacer. Se dirige a su pueblo con estas palabras: “Yo si tuviera hambre y estuviera desvalido no pediría un pan, pediría medio pan y un libro. Ataco desde aquí violentamente a los que solo hablan de reivindicaciones económicas, cuando son reivindicaciones culturales lo que los pueblos piden a gritos. Que todos coman, pero que todos sepan”.

Es una de las reflexiones del escritor granadino a las que el actor Alberto San Juan ha puesto voz este jueves, con tanta contundencia como humanidad. Y eso que el reto era mayúsculo, porque no se trataba de una declamación al uso. Lo ha hecho junto al cadáver del poeta en Sobre Lorca, una activación artística que ha acompañado en dos funciones la obra Ruina, de Eugenio Merino, este 11 de abril. En ella, una escultura yacente e hiperrealista del autor de Yerma descansa en el interior de una fosa común para representar la represión que sufrió tanto el propio Lorca como miles de personas durante la Guerra Civil y el franquismo.

Esta instalación que hasta el 11 de mayo puede visitarse de miércoles a sábados en el espacio Memoria de Carabanchel (situado en el número 18 de la calle Morenés Arteaga), en Madrid, supone un nuevo acercamiento de Merino a una España marcada por uno de los periodos más negros de su historia. Es el autor de Always Franco, una comentadísima pieza artística que sacudió ARCO en 2012. En ella, el dictador descansaba dentro de una cámara frigorífica inspirada en las neveras de una conocida marca de refrescos.

San Juan, ganador de dos Premios Goya, ha leído extractos de diversas entrevistas y discursos que el autor de Poeta en Nueva York llevó a cabo a lo largo de su vida. Los textos concretos han sido seleccionados por el periodista cultural Victor Fernández, a partir de los libros Palabra de Lorca: Declaraciones y entrevistas completas (del que es coautor junto a Rafael Inglada) y De viva voz: conferencias y alocuciones (también escrito a cuatro manos, en este caso con Jesús Ortega).

Según el propio Eugenio Merino, su puesta en escena es un intento por escapar de las representaciones heroicas del poeta para reivindicar en cambio “el compromiso político que siempre tuvo”. Con la participación de Alberto San Juan ha perseguido “recuperar la voz de Lorca [de la que no existe grabación alguna]”, pero también su pensamiento político “ligado a la resistencia antifascista” para “negar así el apoliticismo inventado por el franquismo”. Un negacionismo que todavía difunden entidades como la Fundación Francisco Franco.

Su republicanismo ha estado muy presente en los textos leídos por San Juan, también dramaturgo: “Ya lo ha dicho el gran Ramón Menéndez Pidal: El lema de la República ha de ser cultura. Solo a través de ellas se pueden resolver los problemas en los que se debate el pueblo, lleno de fe pero falto de luz”.

El arte por el arte sería cruel si no fuera una cosa cursi

Federico García Lorca

Pero el compromiso iba más allá de una causa concreta: “El artista, y particularmente el poeta, es siempre un anarquista”, “el poeta debe ayudar en sus posibilidades a la conquista de un mundo más justo y más humano” o “el arte por el arte sería cruel si no fuera una cosa cursi” son sentencias que sintetizan su compromiso con una causa social que no era ajena ni a su vida ni a su obra. Lo que no implica que su visión sea sectaria o acrítica: “Dostoyevski, padre de la Revolución Rusa mucho más que Lenin”, es un comentario que refleja una retranca a la que Lorca sabía muy bien cómo y cuándo recurrir.

No han han faltado dardos anticapitalistas a su desalentadora experiencia en Estados Unidos: “Lo salvaje de Nueva York no es Harlem, hay vaho humano y gritos infantiles. Lo impresionante, por frío y cruel, es Wall Street. Total ausencia de espíritu”. Ni su reivindicación de una educación en la que las figuras de Cervantes o Fray Luis de León tomaran el sitio de una lista de reyes sanguinarios que se sucedían en el poder.

Igualmente ilustrativos son los extractos seleccionados sobre su rechazo al nacionalismo y a una forma concreta de entender España. Proceden de una prosa escrita en 1917, cuando con apenas 19 años fue capaz de expresar sus suspicacias con estas frases: “Soy español integral y me sería imposible vivir fuera de los límites geográficos, pero odio al que es español por ser español”, “El chino bueno está más cerca de mí que el español malo” o “El patriotismo, uno de los grandes crímenes de la humanidad, es un sentimiento que tiene por espíritu un trapo de colores, por voz una corneta desafinada”.

Hay que arrancar a los patrioteros el concepto de madre patria. Ninguna madre ordena dar por ella hasta la última gota de sangre

Federico García Lorca

A esta observación tan sagaz sigue otra más brillante si cabe: “Hay que arrancar a los patrioteros el concepto de madre patria. Ninguna madre ordena dar por ella hasta la última gota de sangre. La madre es el amor gigante, la compasión, el beso de Dios, el cuerpo del cual somos alma y corazón. Hay que ser hijos de la verdadera patria, la patria del amor y de la igualdad”. Con esta poderosa frase ha concluido el soliloquio, con un Alberto San Juan que ha contenido la emoción y una audiencia directamente conmovida.

Entre ella se encontraban la exministra de Justicia y actual fiscal de Sala en materia de Derechos Humanos y Memoria Democrática de la Fiscalía General del Estado, Dolores Delgado; el juez Baltasar Garzón o el hispanista Ian Gibson, gran estudioso de la figura del poeta. Si a Eugenio Merino la combinación de su Lorca enterrado con la declamación del Alberto San Juan le ha parecido “explosiva”, Gibson opina que el actor ha estado “magnífico” y el resultado es “fantástico”.

Destaca especialmente el rescate y la difusión de su texto sobre el patriotismo, escrito a muy temprana edad: “La derecha siempre dice que Lorca era apolítico, pero ningún intelectual en la España de la época lo era. Lorca fue un inconformista en su obra y su vida”. Y recuerda que este indudable compromiso no es incompatible con los aspectos misteriosos que siempre se desprenden de su figura, para Gibson sintetizados en su dibujo poético de un marinero llorando hojas.

La participación de San Juan ha nacido fruto de una colaboración con el Teatro del Barrio y la propia galería Memoria. La instalación de la obra Ruina está comisariada por el propio director de la galería, Alejandro de Villota, y cuenta además con un exhaustivo texto crítico de la historiadora del arte Semíramis González. En él, González subraya que “Eugenio Merino recurre al Lorca telúrico, de lo auténtico, del polvo y de la tierra, como un abismo que se hace presente pese a que se intenta esconder”. La voz y los gestos de Alberto San Juan han llegado a esas profundidades para iluminarlas por un momento.

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