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Respuestas y consejos. Por Mónica Manrique

El ‘Síndrome de Burnout de Madre Pandémica’

Síndrome de Burnout

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El Síndrome de Burnout, o de estar quemado/a no figura en ningún manual diagnóstico de psicología (ni en el DSM V ni en el CIE 10) pero hace referencia a la respuesta al estrés laboral crónico.

Ahora que nuestras criaturas han pasado tantos días en casa y que sobrevuela en el ambiente la terrible sospecha de que quizá podamos volver a tener que estar con ellas/ellos 24/7, no me parece descabellado sacarme de la manga el término ‘Sindrome de Burnout de Madre Pandémica o Confinada’ y hablar sobre él. 

Que si bien lo de ser madre no es un trabajo remunerado, es un trabajo, es mucho trabajo y puede generar estrés. Seguro que muchas de vosotras os sentiréis identificadas. Por mi parte, suscribo lo que dice una brillante amiga mía: “Yo soy buena madre a media jornada”.

Empecemos haciendo un poco de historia: Burnout fue mencionado por primera vez en 1969 por H.B. Bradley, quien lo definió como “un fenómeno psicológico que ocurría en las profesiones que prestan ayuda humanitaria”. Pero no fue hasta 1974 cuando Herbert Freudenberger acuñó el término describiéndolo como “un estado de fatiga o frustración que aparece como resultado de la devoción a una causa, a un estilo de vida, o a una relación que no produce las recompensas esperadas”. 

Más recientemente, Maslach y Jackson lo han definido como una respuesta emocional que se desarrolla en profesionales que trabajan con personas (por ejemplo, sanitarios y docentes),  caracterizándolo en tres dimensiones básicas: 

  • Agotamiento emocional: sensaciones de sobreesfuerzo y hastío emocional como consecuencia de las interacciones, que se refleja en un sentimiento de incapacidad para servir a otras personas.
  • Despersonalización: aparición de actitudes, respuestas, sentimientos fríos y distantes hacia los/as demás, mostrándose cínico/a, irritable e irónico/a, tanto con las personas con las que trabaja como a quienes sirve.
  • Realización personal: disminución en la autoconfianza, generando un autoconcepto negativo, una disminución del rendimiento laboral y una baja tolerancia a la frustración, que se materializa en una carencia de expectativas y horizontes, tanto en el ámbito laboral como en el personal, (Maslach y Jackson, 1986. Citado por L. Campo Panesso y J. Alberto Ortegón Ortegón).

Una de las consecuencias del Síndrome de Estar Quemado es el absentismo laboral, pero en nuestro caso, a no ser que tengas la capacidad económica o la red social o familiar para hacerlo, veo complicado que te puedas coger una baja del cuidado y educación de tus criaturas.

Mejorar a través de la lucha feminista y de compartir sensaciones

Las causas del citado síndrome se encuentran en tres categorías básicas: personalidad, factores del lugar de trabajo y factores sociales.

Llegados a este punto puedes esperar que como psicóloga te dé consejos, pautas o recursos para llevar mejor la situación porque algo estarás haciendo mal para sentirte así y no llegar a lo que se espera de ti. Pero no, porque no es algo personal, es político.

Ninguna personalidad ni estilo de afrontamiento puede llevar bien, sin los recursos necesarios y sin enfermar, el trabajar, hacer las tareas domésticas, hacer los deberes con los/as hijos/as, cuidar de las criaturas y demás personas dependientes, etc.. 

Lo que quiero pensar que sí podemos cambiar son las otras dos categorías que causan el  Síndrome de Burnout de Madre Pandémica: los factores del lugar de trabajo y los factores sociales. Pero como ya te he dicho, eso es político y los cambios tendremos que conseguirlos a través de la lucha feminista.

Como psicóloga sí te puedo proponer que hagas un análisis crítico de las características de la sociedad en la que vives y detectes las demandas que te transmite y que van calando en ti día a día. Te animo también a contar lo que vives y cómo te sientes a las mujeres que te rodean y a que escuches atenta sus historias. Seguro que todas esas historias tienen mucho en común y al final te darás cuenta de que no tienes ninguna tara, que no tienes ninguna culpa de no llegar a todo y que, por supuesto, no tienes nada de qué avergonzarte. 

Como mujer te puedo decir que no somos incapaces, que poco locas estamos y que no estamos solas.

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23 de enero de 2021 - 01:00 h

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