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Adiós a Pilar Estébanez, pionera de la medicina humanitaria y de la Malasaña que abanderó La Aurora

Pilar Estébanez

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Estébanez fue Fundadora de Médicos del Mundo-España y de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria, investigadora sobre el VIH/sida, concejala independiente del Ayuntamiento de Madrid (2003-2007) y colaboradora de La Comuna Asociación de Presos Represaliados por el Franquismo. La relevancia de su figura ha hecho que aparezcan obituarios en diversos medios de alcance nacional pero su familia ha querido enviarnos estas líneas en las que también se resalta su militancia malasañera.

La vecina del barrio de Malasaña Pilar Estébanez (Palencia, 1951) nos dejó el pasado 16 de septiembre a consecuencia de un cáncer de páncreas. Figura clave en el desarrollo de la medicina humanitaria en este país, Pilar tuvo una trayectoria ampliamente reconocida en su faceta profesional. Entre sus hitos destacan la fundación de Médicos del Mundo España o la Sociedad Española de Medina Humanitaria (SEMHU), así como una ingente investigación científica sobre el VIH/sida galardonada con el premio ONUSIDA en 1998.

 Pero Pilar no fue solo culpable de revolucionar el mundo humanitario con su compromiso y apasionada forma de ser, también las noches de Malasaña se vieron afectadas por el “huracán Pilar”. En los primeros años de democracia regentó, junto con su pareja de aquella época Moncho Giráldez, el mítico bar La Aurora de la calle Andrés Borrego. Allí dieron sus primeros shows el Gran Wyoming y Reverendo, exhibió sus cortos un jovencísimo Pedro Almodóvar y actuaron artistas de la talla de Javier Krahe, Chicho Sánchez Ferlosio o Paco Clavel. Todo el que vivió esa época dorada seguro recordará las juergas y ansias de libertad que allí se dieron, y puede que incluso llegase a tomar la última en La Aurora alguna noche, antes de que aparecieran los de la comisaría vecina a tocar la puerta y las narices.

Siempre interesada en las causas sociales y seguidora de la actualidad de todo el mundo, Pilar también fue testigo directo de la transformación de su barrio, viendo con sus propios ojos cómo iban cayendo locales que eran casi instituciones para ella y muchos otros. Mientras desaparecían lugares como el café del Foro o el Parnasillo, aparecían negocios que poco tenían que ver con el espíritu malasañero que tan bien encarnaba la propia Pilar. Sirva como anécdota uno de sus últimos paseos, empujada en silla de ruedas por su familia, cuando se quedó atónita al observar cómo un local mejicano con mil colores en su interior iba a sustituir a su querido El Albur. El orgulloso encargado del local preguntó a la ya débil Pilar qué le parecía. “Esto que estáis haciendo es horrible” – contestó ella, poniendo de nuevo voz al sentir de tantos vecinos y amigos. Genio y figura.

 Que la tierra le sea leve.

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