Jam, colega
Ayer, de madrugada, antes de tener noción de si había amanecido o no, y ni siquiera conseguir abrir los ojos, mi pareja me anunció: “Amorcito, tengo una mala noticia que darte, Jam ha muerto”. ¡Joder! ¿No teníamos suficiente con perder a Víctor 'Coyote' Aparicio? Aunque lo de mi paisano no me haya sorprendido tanto, me ha tocado mucho más el corazón. Al relevante músico gallego e ilustrador –entre otras artes y dotes– se lo encontraron fallecido regresando en bicicleta de ver el eclipse solar. Nuestro igualmente músico y, además, crítico musical se fue apagando en el hospital hasta los últimos minutos del domingo 16 de agosto.
Tras la quincena vacacional por excelencia en la que nos habíamos ausentado de Murcia, acabábamos de regresar suficientemente desconectados de las redes pero reconectados con eso que también es vivir. Porque, aunque a quienes de esto escribimos nos cuesta pensar lo contrario, hay vida más allá de la música. Así de mal iniciaba la semana y ademas había una cita laboral que cubrir, a la cual Rafita de Silbato asistió vistiendo una camiseta negra de Farmacia de Guardia para presentar la XXX edición del Lemon Pop. Justamente, al tiempo que la familia de quien fuera la voz de 'Cazadora de cuero' o 'Ella es demoledora' abría un espacio funerario para velarlo por ocho horas, antes de la improvisada y sentida ceremonia laica de conmemoración. Coincidiendo, por capricho del destino y a distancia, con el de 'Mr. Abundancia' en una iglesia en Tuy (Pontevedra). Me consta que acá nuestra alcaldesa fue de las primeras en presentarse con su pésame, y el concejal de Cultura a su lado. No es para menos, cuando se trata de un baluarte, el cargo obliga.
Llegar temprano al tanata y ver a Ada, la hija de José Ángel ya hecha toda una licenciada en lengua (hispánica) –un legado, el del amor por las palabras, bien heredado–, me trajo entrañables recuerdos con su padre, muchos incluso anteriores a que Gabi estuviera embarazada de ella. Pero no consigo recordar el momento en que comenzamos a frecuentarnos. Obviamente, sí sé cuándo le puse ese careto de pícaro guaperas: fue tras adquirir en Discos Zona su álbum Veneno Rojo [DRO, 1987], costeado con lo que el Kimba y el Tino me daban por pinchar en el Bache a primera hora.
A partir de ahí, cierto parangón nos fue uniendo. Yo pinchaba y él escribía canciones que defendía como un gran frontman. Ambos obteníamos suculentos beneficios vendiendo mercancía discográfica, yo puerta a puerta a los bares de periferias y él bajo pedido a las tiendas de música. Por lo que con los años, entre su pasajero curro como representante de BMG-Ariola y los de redactor, nos fuimos aproximando. Concretamente, serían los días de Violencia o Imaginación [DRO, 1992], en los que volvió a lucirse al frente de Arma Joven. Una última oportunidad para llegar a ser una rock 'n' roll star, pero hay vicios que ni siquiera malvendiendo discos (propios y ajenos) son saciados. Yo lo aprendí de observar y él de protagonizar. Debuté en Onda Regional de Murcia escribiendo sobre conciertos el 24 de mayo de 1993 y a él lo contrataron en otoño de 1995 como colaborador en un diario cuyo nombre dio pie durante décadas a más de un juego de palabras entre sus críticos. Un cuarto de siglo, hasta el término de la anterior década, en el que firmó cientos de atractivos artículos y entrevistas y apoyó a buena parte de la escena local. Una agradecida labor que ejerció hasta el final de sus días.
Pese a los trece años de diferencia que nos llevábamos, durante la mayoría de mi veintena, incluso en las épocas en que viví fuera de Murcia asistíamos juntos a conciertos, sobre todo por la simbiosis que tan gustosamente habíamos establecido, gracias a su acreditación +1 y a mi VW escarabajo. Tras la gran crisis a mis treinta y seis pasamos de ser amigos a camaradas. Seguíamos viéndonos, compartiendo siempre ideología y los pormenores de la maravillosa profesión en peligro de extinción que habíamos elegido, aunque desde nuestros respectivos ámbitos territoriales distantes, frecuentemente con diferente apreciación y evidente resultado.
Su pérdida de salud nos volvió a acercar, con todo el respeto mutuo posible y ninguna intención más allá de compartir aquello que nos apasiona. El 15 de marzo del año pasado, auspiciados por LocoLoco Vintage, tuve el placer de entrevistarlo –por vez primera– con motivo de la presentación del disco Archivos [Subterfuge Records, 2025], a nombre de su memorable banda. La última vez que nos saludamos fue recientemente, en La Mar de Músicas que tanto nos unió (y descubrió). Anecdóticamente, esta es la segunda necrológica que redacto, la anterior fue en las páginas de la Rockdelux cuando nos dejó Paquito Martín y a quien tanto apreciábamos ambos.
En lugar de hacer acopio por acá de todos los recuerdos que nuestro ecosistema musical ha inundado las redes sociales en las últimas veinticuatro horas, he preferido dar espacio a un par de bellas personas y citar las palabras de otros dos periodistas que, junto al siempre entretenido Jachúa Cruces, desde la acaecida y forzosa ruptura, se quisieron despedir públicamente de José Ángel. Y valga decir, para a quienes la curiosidad les mate, que nuestro compañero Ángel H. Sopena también lo hizo, en cuerpo presente y pluma. Una reconciliación deseable para quienes navegamos en un mismo barco, pero la precariedad nos mantiene en rivalidad constante.
“Brillante, ingenioso, elegante y mordaz. Amigo leal y generoso. Tuve la suerte de conocerlo hace veinticinco años, cuando yo era un chaval de apenas dieciocho, e influyó de forma determinante en mi vida. Me siento privilegiado por haber vivido tantos grandes momentos con él: cientos de conciertos juntos y alguno que otro baño en el mar, otra de sus grandes pasiones. Jam era un referente, un maestro, un genio. Y era mi amigo”.— Javier Arabit, amigo.
“Conocí a Jam Albarracín mucho antes de conocer a Jam. De joven leía sus críticas en los periódicos y admiraba su manera de entender y contar la música. Para mí era un referente como crítico musical. Más adelante, tuve la suerte de contar con su amistad. Sabía contar la música con voz propia y fue una de las personas que apoyó desde el principio mi proyecto artístico. Compartíamos la música, conversábamos largo sobre ella, sobre todo y sobre nada, y fue precisamente en esas conversaciones donde pude conocer de cerca a la persona que había detrás del periodista: alguien cercano, generoso y, sobre todo, bueno. Hace no tanto tiempo le pasaba grabaciones con ideas de temas que se me ocurrían y le preguntaba: «¿Te gusta, Jam? ¿Ves esta idea como tema? ¿Sigo adelante con ella?». Y él siempre respondía: «Todo lo que tú hagas va a estar bien». Me quedo con eso, con su apoyo, con su amistad y, por supuesto, con sus imperdibles, ese pequeño guiño tan suyo”.— Elena Sáenz de Tejada, música.
“Hoy me toca a mí, Jam... No se trata devolverte el favor, porque entre amigos los favores no existen. Aquel día te pusiste nervioso cuando leías tus propias palabras. Era la duda de la emoción; de la emotividad... algo que te acompañaba siempre, hicieras lo que hicieras. Estoy muy triste, Jam, mucho. Pero recuerdo un día que me dijiste ”la tristeza y la melancolía, son sentimientos tan puros que nos acercan a la persona que llevamos dentro. Duelen mucho, pero son tan puros que tenemos que intentar disfrutar de ellos, incluso en el dolor“. Porque son sentimientos bellos. En aquellas palabras que leíste el día de mi boda, escribiste textualmente: ”Todo lo verdaderamente importante en la vida se hace por amor“. Y por amor estamos hoy aquí, Jam. Por amor a ti, por admiración a ti y por mil sentimientos más que has sido capaz de despertar en todos nosotros. Ha sido un honor estar contigo hasta tu último suspiro, que me llamaras amigo, que confiaras ciegamente en mí para todo. Este mundo es ahora un lugar mucho más estrecho sin ti. Aunque no te vas, porque nos acompañarás siempre”.— Rafa Llorente.
“Hoy también es un día hermoso, porque recordamos el legado de un profesional, quiero recalcar la generosidad que Jam siempre tuvo con aquellas personas que estábamos empezando en el ámbito musical y periodístico. Dándonos los mejores consejos y permitiéndonos leer sus críticas. Fue un faro absoluto para quienes le teníamos como referente e incluso como cómplice. En cualquier lugar, en cualquier situación que te encontrabas con él, se presentaba con una sonrisa y un abrazo. Y siempre que le preguntabas cómo se encontraba, fuera mejor o peor, te respondía «Bien, bien, aquí disfrutando», del concierto o de lo que estuviera haciendo. A nivel personal, es un ser humano absolutamente inolvidable, el tipo con más talento que he conocido nunca, la referencia absoluta. Y seguramente, más aún para quienes intentamos escribir con palabras algo tan indescriptible como la música o el arte”.— Alberto Frutos.
Llegado a este punto me parece innecesario añadir algún otro elogio más al buen hombre que fue mi colega José Ángel Martínez Albarracín. Permitidme que nuestras anécdotas y conversaciones me las reserve para el espacio de lo privado. D. E. P.
P. D. Sirva como recuerdo y homenaje la sesión que M. Lacroix le preparó el día de la citada entrevista.
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