ENTREVISTA Director de la compañía Atalaya-TNT

Ricardo Iniesta, director teatral: "El funcionamiento de los Premios Max es lamentable"

Ricardo Iniesta, director de la compañía sevillana Atalaya-TNT

Ricardo Iniesta (Úbeda, 1956) –Premio Nacional de Teatro 2008– recogió el pasado viernes el premio a la trayectoria de la compañía sevillana Atalaya-TNT otorgado por el 52 Festival Internacional de Teatro de Molina de Segura. Por cuarta vez la compañía visita el festival murciano desde que en 1989 presentaron 'La rebelión de los objetos', del poeta y dramaturgo ruso, Vladimir Maiakovski.

Esa misma noche pudo verse dentro de la programación del festival 'Elektra.25', una versión contemporánea del mito, con la que recuerdan los 25 años de la pérdida de Heiner Müller. El espectáculo obtuvo diez candidaturas a los Premios Max entre los más de 400 espectáculos inscritos en la edición de 2021, lo que supuso el mayor número de candidaturas recibidas por un montaje teatral en los últimos años. La alegría apenas duró unos meses. Tras la segunda fase de selección –realizada por el jurado madrileño– no obtuvieron ninguna nominación finalista de las diez candidaturas. Algo que pone de manifiesto "la desigualdad tremenda con respecto a las obras que se ven en Madrid y el resto de España", afirma Iniesta.

La compañía también cuenta en un barrio del extrarradio de Sevilla con el Centro Internacional de Investigación Teatral TNT –que cumplió 25 años en 2020– y está reconocido por el Ministerio de Cultura como uno de los dos proyectos de investigación y creación teatral más valorados, junto a la Sala Becket de Barcelona.

¿En qué lugar ha quedado el teatro tras los estragos de la pandemia?

El teatro es más necesario que nunca. Los espectadores están cansados de comunicarse por pantallas y redes sociales. Es de los pocos eventos que tienen que realizarse en vivo y en directo. Esa es nuestra grandeza y también, ahora mismo, la dificultad. Los intentos de hacer teatro grabado o streaming no han terminado de funcionar.

Políticamente, ¿cuál es su estado de ánimo?

Si no fuese por el Gobierno progresista los teatros estarían cerrados, tal y como ha pasado en el resto de Europa. El Gobierno de coalición ha salvado al teatro. Hemos tenido la suerte de contar con esto en un momento muy difícil. Ministerios como el de Trabajo, entre otros, han hecho una labor importantísima, con medidas muy valientes.

¿Esperaba tantas nominaciones a los Max 2021 con 'Elektra.25'?

Los Premios Max están muy centralizados en Madrid, algo que debe cambiar. Nuria Espert, la mejor actriz de este país, no ha recibido un Premio Max. El jurado ve la mayor parte de las obras por vídeo. Hay una a desigualdad tremenda con respecto a las obras que se ven en Madrid y el resto de España.

Nosotros hemos tenido diez nominaciones y ninguna candidatura finalista. Lo cual es absurdo, en cine no pasa esto. 'Electra.25' no la ha visto nadie del jurado madrileño, los que deciden quién pasa a la final. Nos parece lamentable el funcionamiento de los premios.

A pesar del centralismo, habéis creado una escuela de teatro icónica en Sevilla.

Gracias a los maestros que hemos tenido de todo el mundo. Cada uno con sus herramientas y aportaciones nos han permitido generar un teatro basado en la capacidad de conmoción de los actores frente a los espectadores. Los actores que se forman en TNT tienen un bagaje enorme. Algunos han formado parte de grandes compañías nacionales como Els Comediants, La Fura dels Baus, entre otras, y también de compañías de fuera de España.

¿Cómo acabaría una carta destinada a un joven estudiante de teatro?

Que se prepare para uno de los oficios más bellos de la Historia del Arte, Como decía Jean Genet. Generemos ansias de un mundo mejor.

'Elektra.25', ¿algo que añadir?

Hoy día abunda el teatro que cuenta historias actuales y también es importante hablar de las grandes pasiones humanas –como Electra–, de los grandes mitos y continuar la tradición de arte universal. Si sólo contamos historias domésticas de nuestro alrededor, coartamos su potencial. El teatro español adolece de demasiado realismo y costumbrismo de lo que está sucediendo. El teatro tiene que apostar por la universalidad.

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