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ENTREVISTA

Auri Lizundia, antropóloga: “Muchos problemas de las mujeres que perdemos a bebés se solucionarían con información”

Auri Lizundia/ Nerea Azkona | Silvia Marte (La Cámara Roja)

Elisa Reche

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Auri Lizundia es Nerea Azkona (Bilbao, 1982). Ambos nombres tienen cuentas en X (antiguo Twitter) y se escriben entre sí. ¿Por qué este desdoblamiento? Nada de Doctor Jekyll y Mr. Hyde: esta antropóloga investigadora, que estuvo con diversas becas durante siete años en la Universidad y a la que echaron 27 días de haber firmado su primer contrato académico con la llegada de la Covid, se buscó un pseudónimo para escribir ficción y así seguir resultando “seria” en los congresos universitarios. En marzo de 2020 se hizo autónoma con un plan de empresa “con el que me limpié el culo toda la pandemia”.

Esta experiencia la reflejó en la primera parte de su trilogía 'Becaria en llamas' -a la que seguirán 'Autónoma en llamas' y 'Escritora en llamas'-, aunque ahora se encuentre en Murcia, en mitad de una ruta levantina para hablar en Libros Traperos de su última obra publicada por Gato Mojado, 'Madre en duelo', en la que se define como “antropóloga encarnada” y autora de “temas de los que nadie habla, aunque sean universales, como la violencia y la muerte”. Nerea sufrió cuatro pérdidas gestacionales, una de ellas la muerte perinatal de Herri -como ella siempre le ha llamado-, y en este libro denuncia el maltrato sanitario que recibió durante esos años, de 2018 a 2021, y el silencio y la culpa por los que transitó durante los cuatro embarazos.

Auri -y Nerea- cuenta con muchos seguidores en X e Instagram, y Youtube (#Lakloputointenta). En estas redes sociales, y también en la realidad, la antropóloga trata de romper el muro que rodea el duelo perinatal, formar a profesionales sanitarios de Euskadi para sean capaces de acompañar a las mujeres embarazadas, llegue su embarazo a término o no -1 de cada 4 sufren una pérdida gestacional-, y divulgar el feminismo y el 'artivismo'.

“La militancia y el arte es lo que me ha salvado”, afirma la autora, que se ríe frecuentemente, se ajusta de vez en cuando su coleta oscura y rizada y se arrebuja con un pañuelo azul sobre los hombros mientras está sentada en la terraza de El Jumillano y que posteriormente se cuelga al cuello en el estudio de La Cámara Roja, ambos en el barrio murciano de Vistabella. “He formado a ginecólogos que me trataron muy mal”, apunta con una sonrisa. “También hay que decir que la militancia es tremendamente precaria, tanta como la que existe en el mundo artístico y cultural y sus abusos de poder”.

“Cuando cumplí 40 años fue una epifanía. Llevo una camiseta en mis talleres de violencia obstétrica que pone 'No estoy loca, estoy hasta el coño'”, apunta la autora mientras muestra la prenda que también viste en la fotografía de la solapa de 'Madre en duelo'. Nerea dice sentirse contenta en Murcia -“hay una conexión muy fuerte entre la militancia feminista de ambas comunidades”-, además de declararse fan de Albacete, donde una amiga le deja la casa un mes para ella sola y así internarse en sus procesos de escritura.

En el libro reflexionas sobre la falta de información que recibimos las mujeres tanto en el embarazo como en el caso de la muerte perinatal del hijo o de un aborto gestacional. ¿Por qué todo ese silencio?

¿Por qué todo ese silencio sobre nosotras? Precisamente, en la pregunta está la respuesta: porque es sobre nosotras. Es una cuestión de derechos humanos, de mujeres y por eso está silenciado, es tabú e incluso está estigmatizado. Muchos de los problemas que tenemos las mujeres que perdemos bebés se solucionarían solo con información porque al final son decisiones que tenemos que tomar nosotras, pero para ello tenemos que estar informadas. Mi hijo acabó en la basura como un resto orgánico porque nadie me dijo que tenía que pedir el cuerpo, nadie me dijo que iba a parir. Yo parí a un bebé muerto, pero si no te lo reconocen, tampoco hay un postparto. Es muy importante también que nos acompañen en la despedida y a transitar el duelo.

También subrayas en varias ocasiones en el libro que las mujeres desaparecemos como tales cuando estamos embarazadas.

No solo como mujer, sino que también desaparece tu historial médico. Yo, por ejemplo, que tengo trastornos de conducta alimentaria o mi historial psicológico y psiquiátrico no se tuvieron en cuenta. También tengo problemas de estómago. O sea, que soy un regalito y estando embarazada en 2018, 2019, 2020 y 2021 no me pudieron hacer pruebas. Mis necesidades y yo misma desaparecimos.

Pero cuando el bebé muere ya nada importa. Si dejas de importar entonces no te reconocen el duelo, eso que denuncio como violencia obstétrica. Es un duelo no reconocido y el bebé ya no es un bebé, es un resto orgánico que tiran al lado de un hígado.

Hablas también de la importancia de los rituales para superar la pérdida de un hijo.

Los rituales son muy importantes y, además, te los puedes llevar a tu terreno. No digo que haya que hacer un entierro, eso es algo personal, pero se puede hacer otra cosa: yo voy a un memorial, me llevo una cerveza y me pongo una canción. Son sanadores e imprescindibles para transitar el duelo.

Muchas mujeres han vivido con ese dolor y esa culpa que, además, les ha afectado mucho psíquicamente. ¿Qué les dirías, sobre todo a las más mayores que no han tenido oportunidad de darle un mínimo de visibilidad a ese dolor?

Siempre hago la dedicatoria 'Ni locas, ni solas, ni calladas' porque nos han tenido calladas y solas todo este tiempo. Lo primero que te sucede durante el embarazo es hacerte creer que la responsabilidad está en tu tejado, que tú puedes controlar la situación y es mentira. Si luego si va mal ya te tratan de loca. Si un médico considera que la mujer no debe parir en casa, la policía la esposa, la mete en el coche y la llevan al hospital esposada. Eso no sucede en ninguna otra situación de pacientes con riesgo de muerte. Nadie te lleva esposado al hospital. Todo esto es violencia contra las mujeres. Es porque somos mujeres y nos tratan como si fuéramos menores de edad.

También repites en el libro varias veces que el duelo no cierra la herida, pero sí te ayuda a sobrevivir con ella y que, de cualquier forma, la vida no vuelve a ser igual.

Tengo clarísimo que superar el duelo es cuando sientes que ya estás bien, pero que nada será lo mismo. Eso es aceptar. Porque el duelo no es volver a la casilla de salida, no es circular, si acaso, es espiral y hacia arriba, pero tú nunca vuelves a ser la misma. Te ha pasado algo grave, lo transitas y lo trasciendes y ya está.

¿Cómo fuiste capaz entonces tú de encontrar esa espiral hacia arriba?

Con la militancia, con ayuda y con acabar con la idea de que ya no se puede hacer nada conmigo. He perdido cuatro bebés, ya me han tratado mal, ya he sufrido violencia, pero en mi mano está ayudar a otras personas que vienen detrás. Por lo menos que les pueda decir cuáles son sus derechos. Hablamos así, en grande, de duelo perinatal, pero también de mujeres que deciden abortar libremente o por temas terapéuticos, como me pasó a mí con mi bebé que tenía malformaciones incompatibles con la vida. Entonces tienes que tomar una decisión, pero no quieres.

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