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La rambla del puerto de la Cadena: un pequeño santuario para los anfibios

Una jornada convocada por Columbares conciencia sobre el frágil equilibrio en que sobreviven ranas, sapos y otras especies

Voluntarios llevando a cabo el muestreo en las aguas de la rambla

Voluntarios llevando a cabo el muestreo en las aguas de la rambla Noelia López

La rambla del puerto de la Cadena es un lugar transitado, muy popular entre excursionistas por la belleza y accesibilidad del paisaje. Pocos conocen, sin embargo, la rica fauna que lo habita y, sobre todo, la fragilidad del ecosistema.

“En este y otros lugares detectamos hace años una importante reducción de las poblaciones de anfibios”, explica Gabriel Buendía, coordinador de Educación Ambiental y Participación Ciudadana en el Parque Regional el Valle y Carrascoy.

Para concienciar sobre este problema, se creó en 2010 la campaña “Sin rana no hay cuento… y tú cuentas mucho”.

La rambla del puerto de la Cadena no es ajena a los peligros que acechan a los anfibios: “Es una zona de paso, con muchos excursionistas, perros, ciclistas. También hay mucho ruido debido a la cercanía de la autovía”, denuncia Buendía.

Todo esto tiene un impacto en la fauna que nace, se desarrolla y reproduce en este lugar.

“Los anfibios que habitan la rambla del puerto de la Cadena son la rana común, el sapo común y el sapo corredor”, detalla Alberto Morenilla, de la Asociación Herpetológica Murciana, Ahemur.

Voluntarios llevando a cabo el muestreo en las aguas de la rambla.

Voluntarios llevando a cabo el muestreo en las aguas de la rambla. Noelia López

La rambla es un espacio natural peculiar: “Se nutre en parte de aguas subterráneas, por eso, a diferencia de otros cauces de este tipo, el agua corre aunque no llueva”, explica la bióloga Paz Parrondo, coordinadora del Proyecto Amphibia (http://fundacion-biodiversidad.es/biodiversidad-terrestre/proyectos-convocatoria-ayudas/proyecto-amphibia), impulsado por Columbares (http://www.columbares.org/index.php/es/) y que pretende garantizar la conservación de las poblaciones de anfibios en el sureste ibérico.

La presencia humana en esta rambla viene de antiguo: Ya en tiempos de los romanos se empleaba como vía pecuaria.

En su superficie rocosa, cuyo origen se remonta a millones de años, se abren agujeros circulares de gran tamaño y de origen no natural: “Antiguamente se arrancaba la piedra para hacer ruedas de molino”, explica la bióloga.

“Los anfibios viven en un equilibrio muy delicado, son muy sensibles a los cambios”, alerta el biólogo David Verdiell, técnico de Columbares y especialista en vertebrados acuáticos.

Para divulgar esta realidad, se organizó una ruta por el cauce de la rambla en la que se llevó a cabo un muestreo de la calidad del agua y se instaló un punto de información.

Los voluntarios detectaron la presencia de crustáceos, moluscos, renacuajos y ranas, así como del invasor cangrejo americano.

“La presencia de macroinvertebrados nos indica que la calidad del agua es buena”, explica Paz Parrondo.

La jornada terminó con una limpieza de cauce que sirvió para hacerse la medida de hasta qué punto todo tipo de basura, vidrio y plástico son arrojados indiscriminadamente al monte.

En la actividad, convocada por Columbares, colaboraron Anse, Caramucel, Ahemur, MelesEplan.

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