Tres años de espera, una ruptura sindical y una huelga indefinida: así ha sido el pulso del metal en la Región de Murcia
“Mi marido va a cumplir cincuenta y nueve años. De salud, gracias a que hace su deporte, se va manteniendo, pero no ha sido muy agraciado: toma Sintrom de por vida, duerme con la máquina del oxígeno… Y ahí está, trabajando, trabajando y trabajando, en labores que no le competen, pero a las que le obligan. Trabajando de oficial de primera y pagándole 1.300 euros todos los meses. Doblado de trabajar. Vuelve a casa algunos días que me da pena. Gracias a Dios, yo también estoy trabajando, y gracias a eso nuestra situación económica es ajustada, pero no está mal. Compañeros que están con mi marido ganan todavía menos que él, sin trabajar sus mujeres, y están al límite”. Vuelven a humear las cumbres del Vesubio sindical de la Región de Murcia.
Es un volcán con mucha historia. En 1992, el año de los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla, la reconversión industrial cerraba en Cartagena la fundición de Peñarroya y la Empresa Nacional de Fertilizantes, y adelgazaba la plantilla del astillero de Bazán. Las protestas que sucedieron a estos cambios estructurales en la industria de la Región de Murcia acabaron con la sede de la Asamblea Regional en llamas bajo los cócteles molotov. 'La Bazán' hoy se llama Navantia, y construye, entre otras cosas, submarinos para la Armada. Sin embargo, una buena parte de quienes trabajan en sus naves ya no están en su nómina: según UGT, la industria auxiliar duplica en Cartagena a la plantilla de la empresa pública, y sus trabajadores cobran de media unos 22.000 euros brutos al año.
Lo mismo pasa en el valle de Escombreras, donde las contratas del metal hacen el mantenimiento de la refinería de Repsol y de las plantas químicas. El convenio que se negocia fija el sueldo de esa gente y el de los demás trabajadores del sector, hasta sumar 35.000 empleados, en una región que tiene los terceros salarios más bajos de España, según CCOO, y que, según la secretaria general del sindicato en la Región, Teresa Fuentes, es también de las que menos se movilizan.
Promesas pendientes
El primer seísmo fue hace tres años. En junio de 2023, la Federación Regional de Empresarios del Metal de Murcia (FREMM), Comisiones Obreras y UGT firmaron un convenio para el período 2023-2025 con una subida del 10,75 % y también dos promesas aplazadas. La primera, una mesa técnica para estudiar un plus para quienes trabajan en el astillero de Navantia, como el que ya cobran las auxiliares de Cádiz y Ferrol; la segunda, otra mesa sobre la subrogación, para que las plantillas conserven su empleo cuando cambia la empresa que gana una contrata. A pesar de las reuniones, ninguna mesa llegó a cerrar un acuerdo.
El 17 de junio de 2025, los trabajadores de las auxiliares de Navantia fueron a la huelga indefinida: 31 días de paro, barricadas frente al astillero, una veintena de trabajadores en huelga de hambre en el centro de Cartagena y, según denunciaban, nóminas de junio que, con los días de huelga descontados, apenas llegaron a los 500 euros. El 18 de julio suspendieron la huelga con un calendario de reuniones para negociar el plus, que los trabajadores cifraron en 33 euros por día laborable, lo mismo que ya cobran en Cádiz y Ferrol. El calendario se agotó el 29 de julio sin acuerdo, y el plus volvía a meterse en el cajón.
La primera fumarola de esta nueva erupción apareció el 28 de julio de este año tras una asamblea de Comisiones Obreras: sus delegados y afiliados tumbaban el preacuerdo que su propia dirección había cerrado con la FREMM, por un recorte en el complemento de las bajas largas. Los tres sindicatos mayoritarios del sector, UGT, CCOO y USO, cerraban filas en torno a doce puntos comunes con dos líneas rojas: ningún recorte en las bajas y ninguna absorción de las subidas salariales con los complementos que ya pagan las empresas.
El 16 de octubre, sus delegados convocaron una huelga indefinida por 130 votos a favor frente a 22 que preferían un parón de cinco días. El día 26, tras diez horas en la Oficina de Mediación y Arbitraje Laboral sin una propuesta nueva de la FREMM, firmaron el acta de ruptura. En la madrugada del 27, la erupción empezó a discurrir por el valle: piquetes en los accesos a Escombreras y al polígono de Los Camachos, en Cartagena, y una cola de camiones de cinco kilómetros. La Guardia Civil trató de despejar la carretera, y los agentes respondieron con gas lacrimógeno y pelotas de goma. Al día siguiente, ardían neumáticos frente a Navantia; según la versión policial, un piquete intentó cerrar el paso a un camión de bomberos, y la Policía Nacional se llevó a dos delegados sindicales, que con los dos arrestados la víspera en Escombreras suman cuatro detenidos.
“Cada vez tenemos menos que perder, porque esta situación es, y perdóname por la expresión, una mierda”, dice Manuel [nombre ficticio], de cuarenta y ocho años y trabajador de una de las empresas afectadas por el parón. “A estas alturas, cualquier mejora es bienvenida, porque son demasiados días sin trabajar y eso lo vamos a notar mucho en casa, pero creo que no podemos acostumbrarnos a que nos pisen. La vida se está poniendo muy mala. Muy mala. Y si no mejoramos nuestras condiciones ahora, cuando pasen unos años, a muchos se nos va a hacer tarde. No nos podemos poner estupendos porque la situación es la que es y el poder lo tiene quien lo tiene, pero la presión tiene que funcionar. Y funciona. El día que deje de funcionar, vamos a estar jodidos de verdad”.
Entre el humo de los piquetes, CCOO y UGT coinciden en el diagnóstico. “Pierdes muchas cosas cuando vas a la huelga. No es gratuito”, dice José Antonio Nieto, secretario general de UGT FICA en la Región de Murcia. Y le pone cifras: “Con 1.400 euros, dime tú cómo llegar a final de mes. Si encima tienes que pagar una hipoteca o tienes hijos que están estudiando”. Lo llama la “esclavitud del siglo XXI”: trabajar y, a pesar de eso, no llegar a fin de mes. Gerardo Medina, secretario general de CCOO Industria en la Región, señala a la patronal desde la mesa de negociación, donde en once meses la FREMM no ha querido abordar el artículo 4.5. “Parece que se nos olvida que hay una patronal que ha sido muy intransigente en algún artículo en concreto”, dice.
Dicho artículo funciona así. El convenio marca un sueldo mínimo para cada categoría, y muchas empresas pagan algo más a través de un plus personal o de una mejora voluntaria. Ese extra se respeta “a título exclusivamente personal”, según el apartado 4.3. Pero el 4.5 declara las condiciones del convenio “compensables en su totalidad” con esas mejoras. Es decir, cuando suben las tablas, la empresa puede restar la subida del plus que ya pagaba. Un ejemplo: si un trabajador cobra 100 euros de mejora voluntaria y el convenio le sube el sueldo base 60, la empresa puede rebajarle la mejora a 40. En la nómina, el salario base crece, el plus mengua y el total se queda igual.
La FREMM no ha querido hacer declaraciones para este reportaje. Su última propuesta, según el documento con el que CCOO ha informado a su afiliación, sube los salarios un 4,5 % este año, un 4 % en 2027, un 3,5 % en 2028 y un 3 % en 2029. Incluye además una revisión salarial al final de los cuatro años: si la inflación acumulada supera lo que han subido los sueldos, la diferencia se abonará entonces. Si el IPC sube un 20 %, pone como ejemplo Fuentes, los salarios recibirán ese 5 % que falta.
La subida de este año se cobrará con atrasos desde el 1 de enero, aunque, según Fuentes, la patronal quiso pagarla solo desde la firma del convenio. “Fíjate que estamos en noviembre”, apunta. La jornada anual baja de 1.759 a 1.752 horas en 2029, el complemento de las bajas se queda como está y aparecen los dos pluses que se reclamaban. Eso sí, “evidentemente no a la cantidad que pedíamos”, admite Fuentes.
El plus industrial es de seis euros por día trabajado, solo en las empresas de paradas técnicas, como la refinería. El de astillero es de 15 euros diarios para los oficiales de primera y de 10 para el resto, lejos de los 33 que reclamaban las auxiliares de Navantia en 2025. La subrogación se extiende al alumbrado de los municipios de más de 200.000 habitantes, a los hospitales públicos y a los centros penitenciarios; para las empresas de paradas técnicas, solo se propone un grupo de análisis. El artículo 4.5 no se toca. La FREMM defiende en sus comunicados que su oferta se adapta a la realidad de las empresas de la Región, en su mayoría pymes, microempresas y autónomos.
El plus de desempeño, el que se cobra en las paradas técnicas y que ya existía, sube a 44 euros diarios de lunes a viernes y a 70,52 los fines de semana y festivos. Tanto este como el industrial se revalorizarán cada año con las tablas.
La unidad sindical salta por los aires
En el artículo 4.5 es donde se separan los caminos de los sindicatos. El propio artículo deja una puerta abierta: empresa y trabajadores pueden pactar por escrito que ciertos pluses no se absorban, ya sea en un acuerdo de empresa o de forma individual. La oferta de la patronal se limita a respetar esos pactos. Para Medina, eso basta, porque la absorción ya se negocia empresa a empresa. “Que no nos hagamos trampas al solitario”, dice.
Fuentes le pone cifra al argumento. Según los datos que le han trasladado, la absorción afectaría a entre el 3 % y el 5 % de los 35.000 trabajadores del convenio, sobre todo en las grandes empresas, como la refinería, Navantia o Sabic: entre 1.050 y 1.750 personas, en las mismas plantas donde se han concentrado los piquetes. Fuentes asegura, además, que la cláusula no tocará el plus industrial ni el de desempeño, el que se cobra en las paradas técnicas, aunque el documento con el que su sindicato informa a la afiliación no recoge esa excepción. UGT y USO lo ven al revés: lo que no está escrito en el convenio no está garantizado. Con esa diferencia de fondo, la unidad sindical saltó por los aires el lunes 2 de noviembre. Tras una nueva reunión en la Oficina de Mediación y Arbitraje Laboral, CCOO decidió someter la oferta al voto de sus delegados y afiliados. UGT y USO la rechazaron.
Al día siguiente del anuncio de Comisiones, UGT FICA difundía un comunicado dirigido a todos los trabajadores del metal. Sin nombrar a nadie, acusaba a “algunas organizaciones sindicales” de intentar hacer creer que el plus industrial y el de astillero no pueden ser absorbidos, “cuando en realidad sí lo es”. Nieto lo dice sin rodeos: “No sé por qué se han bajado del carro”. A su juicio, la absorción es un fleco que se podría haber arrancado a la patronal con más presión. Medina le devuelve la expresión: “No hagamos creer que el problema es la compensación y absorción, porque eso solamente representa un mínimo de trabajadores del sector”. Según él, muchos huelguistas que están perdiendo dinero solo esperan la subida salarial, y “hay que hacer caso de las mayorías”. Fuentes va más allá: “Se está haciendo mucha demagogia”.
Autonomía de bases
Por debajo de las siglas, la huelga tiene otra arquitectura. Según una fuente conocedora de su organización, la movilización se coordina de forma horizontal entre delegados de CCOO, de UGT e independientes: en el astillero, a través de la Unión de Empresas Auxiliares, y en la refinería de Repsol, a través de delegados que actúan sin bandera sindical. Esa autonomía de las bases, añade la misma fuente, genera fricciones con las direcciones de los sindicatos. Y es en esas bases donde el acuerdo que ha respaldado la afiliación de CCOO despierta más dudas: mejora los salarios sobre el papel, pero deja intacta la absorción, que puede anular esa subida en la nómina de quien ya cobra algún plus.
Desde la dirección regional de CCOO, Fuentes defiende la consulta como lo mínimo ante una oferta que, a su juicio, “no es nada malo”. Y reparte el mérito: “Quienes ha conseguido este acuerdo son los trabajadores gracias a la huelga que han hecho”. Lo que queda fuera, dice, se peleará en la próxima negociación. “Llevo negociando convenios 15 años y jamás me he ido contenta de una mesa de negociación porque siempre quiero más”.
El referéndum se celebró el viernes, con las urnas abiertas once horas en Murcia y en Cartagena. CCOO había convocado para el jueves una asamblea con votación; la víspera, su ejecutiva decidió por unanimidad que fuera solo informativa y llevar la decisión a las urnas. Votó el 72,6 % de los afiliados y delegados llamados a hacerlo: 184 a favor de firmar el convenio, 60 en contra, dos en blanco y uno nulo. “La gente trabajadora ha elegido y vamos a firmar”, resume Fuentes. El sindicato habla en su comunicado de “un triunfo de la clase trabajadora”. CCOO firmará el lunes 9 de noviembre, la misma fecha que Nieto había anunciado para volver a reunirse con la patronal, y con su 58 % de la mesa negociadora la firma basta para que el convenio salga adelante. UGT y USO siguen en contra del texto. Dos días después, el miércoles 11, CCOO y UGT convocan, junto a otras organizaciones, una huelga general en toda España por la vivienda y los salarios.