El eterno retorno de la reconversión industrial a Cartagena
El 3 de febrero de 1992 Juan Andreu Poveda era el líder sindical de una de las empresas a las que afectó de lleno la reconversión industrial en Cartagena. Juan Andreu era un sindicalista de Comisiones Obreras que presidía el comité de empresa de Peñarroya, una vieja fundición de plomo que daba empleo a cientos de trabajadores en el barrio de Santa Lucía. Ese aciago día había una movilización en Cartagena por la crisis simultánea en varias empresas (la fundición de Peñarroya, el astillero de Bazán y las tres fábricas de fertilizantes del Valle de Escombreras) y aquello acabó en un duro enfrentamiento con 40 heridos entre los obreros y la policía que no pudo evitar que ardiera parte del edificio de la Asamblea Regional, tal era la rabia que había entonces. La fecha emblemática del 3 de febrero de 1992 ha quedado en la memoria histórica de los cartageneros como recuerdo de la dureza de los golpes de una reconversión industrial que destruyó miles de empleos en la ciudad, y de ello salieron un par de libros: La quema de la Asamblea, de Manuel Ponce y publicado en 2004, y en 2016 vio la luz Cartagena en llamas: la crisis industrial de 1992, cuyo autor es quien esto escribe. También salió de ahí una película descomunal, multipremiada en festivales de cine de todo el mundo y merecedora de un par de premios Goya: El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco, un documental de 200 minutos estrenado en 2020 en el que Juan Andreu era precisamente uno de los personajes intervinientes. Juan falleció en 2022 y en 2024 el Ayuntamiento de la ciudad le otorgó póstumamente la Medalla de Oro de la ciudad.
Y hoy 3 de febrero de 2026, Daniel Andreu Cano es un sindicalista de Comisiones Obreras en el comité de empresa de SABIC en Cartagena que también tiene que salir a movilizarse esta tarde en las calles de la ciudad para que no le cierren la fábrica, exactamente igual que tuvo que hacer su padre 34 años antes. Como un bucle siniestro del destino y en una extraña paradoja, tres décadas después tiene que volver a luchar el hijo como luchó el padre con el consabido recorrido al frente de una pancarta detrás de la cual le acompañarán miles de cartageneros manifestándose para que no se cierre, entonces como ahora, otra vez, una de nuestras fábricas. La dirección de SABIC ha decidido desde Arabia Saudí deslocalizar la empresa, desinvertir, venderla a un fondo buitre alemán de dudosa reputación y largarse a Oriente Medio y a Asia a producir los plásticos industriales que hasta ahora fabricaba en Cartagena abandonando 500 empleos directos y más de 2000 indirectos. Y todo eso sucede después de haberse beneficiado de cuantiosas ayudas públicas en forma de suelo, de dinero y de subvenciones de todo cuño que ahora se van a miles de kilómetros de aquí y si te he visto, no me acuerdo.
La historia de la reconversión industrial es la historia de familias obreras perdedoras. Y en Cartagena la familia Andreu es el símbolo del eterno retorno de algo que creíamos olvidado. Porque SABIC se instaló en Cartagena (entonces bajo bandera de General Electric Plastics) en 1994 y como compensación por el cierre de las viejas fábricas que habían quedado obsoletas y abandonadas por las instituciones. El puesto de trabajo que perdía el padre en la fábrica vieja dejaba paso al puesto de trabajo del hijo en la fábrica nueva y volvía así la esperanza. Y solo 32 años después, la nueva fábrica que iba a ser la solución, también puede que acabe cerrando y con un Andreu de nuevo sumido en la desesperación y obligado a negociar como buenamente pueda la mejor salida posible para sus compañeros. Estoy seguro que el trabajo sindical será eficaz minimizando el impacto en las familias afectadas. Pero, ay, ya no estoy tan seguro de que el trabajo político que se requiere para solucionar problemas tan gordos como este tenga el mismo nivel de eficacia. Miles de puestos de trabajo se pueden ir por el sumidero y al final Cartagena, otra vez, perderá una fábrica y habrá de nuevo un Andreu honesto y triste luchando por los demás que acabará siendo el último testigo y superviviente de un desastre anunciado.
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