La NBA europea y el fútbol americano en Madrid: el deporte global sirve al colonialismo económico de EEUU
Cuando el 16 de noviembre de 2025 sonó el himno de EEUU en el estadio Santiago Bernabéu mientras ondeaba una bandera gigante del país que cubría medio terreno de juego, se hizo efectivo el trasplante de un trozo del más profundo American way of life al paseo de la Castellana de Madrid. En las gradas había más de 78.000 personas de las que no pocas eran estadounidenses llegados en un plan de fin de semana para ver el primer partido de la Liga de Fútbol Americano (NFL) en España. Otro porcentaje eran aficionados patrios a un deporte de mil reglas y tres horas largas que parte del público probablemente ni siquiera comprendiera muy bien.
Con ese partido (cuyo acuerdo entre la NFL, Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid se ha prolongado dos años más este lunes) y otros seis disputados en el viejo continente (y un séptimo en Brasil), la National Football League sigue los pasos de la NBA en una estrategia de filtrarse poco a poco para, con el tiempo, desembarcar y, finalmente, controlar el escenario. El baloncesto, más adelantado, negocia –con embajadores como Pau Gasol– la creación de una competición continental con su marca para la que debería robar los equipos al actual máximo trofeo baloncestístico: la Euroliga.
La manera de colonizar del deporte está más cerca del llamado soft power, una lluvia fina que va calando, que de la imposición de fuerza: es más fácil ver una camiseta de Los Ángeles Lakers en el centro de una ciudad española que de un equipo nacional; también se han generalizado en los últimos años expresiones como MVP (most valuable player, el mejor jugador de un partido o un torneo) o GOAT (acrónimo de greatest of all time) para designar a los mejores deportistas.
Es claramente un intento de los estadounidenses de captar los mercados mediáticos no solo en Europa, sino también en Asia. Una forma moderna de colonialismo económico que, probablemente, comenzó con la exportación de programas de televisión estadounidenses a las audiencias europeas
“Es claramente un intento de los estadounidenses de captar los mercados mediáticos no solo en Europa, sino también en Asia”, cuenta a elDiario.es el vicepresidente de la Sociedad Internacional de Historia de la Educación Física y el Deporte, Jerry Gems. Este profesor y autor del estudio La cruzada atlética: deporte e imperialismo cultural estadounidense, analiza que este fenómeno de expansión supone “una forma moderna de colonialismo económico que, probablemente, comenzó con la exportación de programas de televisión estadounidenses a las audiencias europeas”.
Según Gems, el deporte ha sido utilizado por EEUU desde finales del siglo XIX para “inculcar” en los territorios en los que iba desembarcando “supuestas virtudes raciales, morales y comerciales”. En este sentido el deporte era algo menos duro, más admisible para generar la “adhesión a los valores y principios del sistema dominante”, es decir, el estadounidense.
El doctor en ciencias del deporte de la Universidad de Connecticut Chen Chen explica que “en cierta medida es más colonialismo cultural o imperialismo cultural porque, si se permite que empresas de capital privado con sede en Estados Unidos inviertan en la nueva liga en Europa, es probable que haya una mayor influencia estadounidense en la manera en que se hacen las cosas en el negocio del baloncesto profesional –y más allá– en Europa”.
Hasta ahora, los promotores solo han contado que esa NBA Europa tendría 16 equipos (de los que 12 serían fijos, una aberración para la concepción europea abierta de los torneos, donde nadie tiene asegurada su participación), que el dinero para montarla no lo pondría la NBA sino los equipos europeos y que a favor están el Real Madrid y la Federación Internacional de Baloncesto –peleada con la Euroliga–. En contra, otros clubes gigantes como Olimpiakos, Bayern de Múnich o Barcelona. La división interna en Europa está servida.
Históricamente, la NBA siempre ha servido como una herramienta de poder blando, el soft power, muy eficaz para el gobierno estadounidense, apoyando sus objetivos diplomáticos y de política exterior
“Históricamente, la NBA siempre ha servido como una herramienta de poder blando, el soft power” –prosigue Chen– “muy eficaz para el gobierno estadounidense, apoyando sus objetivos diplomáticos y de política exterior”.
El director del Centro de estudios latinoamericanos, del Caribe y latinos de la Universidad de Vanderbilt, Celso Castilho, entiende que este fenómeno “puede ser visto como una nueva oleada de colonialismo cultural porque, al final, se trata de mercados, trabajo e influencia. Veo todos esos aspectos juntos en este esfuerzo por expandir la NBA”. Sin embargo, este historiador matiza a elDiario.es que “no creo que se trate de un brazo del Estado. No es como el mundial de fútbol de Arabia Saudí de 2034”.
Con todo, prosigue, “está más relacionado con la globalización del negocio del deporte. Desde los años 90, la NBA ha sido muy consistente en este aspecto de expandirse por Europa en términos de mercado. El comisionado de la NBA en ese momento, David Stern, tenía este gran proyecto y ahora vemos la culminación”.
Aunque todos los académicos consultados coinciden en que el baloncesto tiene más posibilidades para colonizar otros países fuera de EEUU, lo cierto es que el deporte más genuinamente estadounidense de todos, el fútbol americano, ha iniciado su propia senda expansiva. Y va rápido.
El balón ovalado, a la caza de Europa
Hace unas décadas ya que el juego de la pelota ovalada sustituyó al béisbol como deporte nacional estadounidense apoyado en una estructura que lo hace muy televisable: temporadas cortas (17 partidos) seguidas de un playoff a cara de perro, partidos semanales siempre a las mismas horas y una cierta violencia forman un cóctel explosivo. ¿Resultado? La NFL acapara entre 70 y 80 de los cien eventos televisados más vistos del país año tras año. La gran final anual, la conocida Superbowl, con su célebre concierto en el descanso, es la guinda del pastel, un partido que trasciende con mucho el deporte y siguen uno de cada tres estadounidenses.
La liga profesional, consciente de su potencial, busca nuevos mercados. Primero fue Inglaterra. Luego Alemania. Siguió Brasil y este curso España, donde ha venido para quedarse: el Ayuntamiento de la capital ha reservado 1,5 millones de euros para promocionar el partido de este año.
Tan bien va el negocio –las entradas se agotan en todos los países– que la NFL ya ha decidido ampliar el número máximo de partidos internacionales de su temporada regular de 10 a 16. Como si fuera un juego de mesa, las franquicias se reparten los mercados (léase países), donde tienen derechos preferentes sobre el resto: a España le han tocado los Miami Dolphins y los Chicago Bears. El equipo de los Minnesota Vikings va a hacer una mini gira en 2026, no de exhibición sino de competición, en Londres y Dublín como proyecto piloto. Aunque sin comunicación oficial, los medios estadounidenses informan de que hay conversaciones internas sobre crear una división europea permanente de la NFL.
El profesor Chen analiza que “en términos relativos, el fútbol americano tiene muchas menos raíces populares en Europa que el baloncesto. Aunque la NFL está interesada en disputar más partidos en Europa y explotar ese mercado, es poco probable que se cree una división europea de la NFL en un futuro previsible”.
Es más probable que algunos equipos jueguen cada vez más partidos allí porque este deporte depende mucho del monopolio que le proporciona el Congreso, de los gobiernos locales que gastan cantidades desorbitantes de dinero para subvencionar la competición y tiene un componente cultural muy fuerte
“Considero más probable que algunos equipos jueguen cada vez más partidos allí”, coincide Castilho, porque “este deporte depende mucho del monopolio que le proporciona el Congreso, de los gobiernos locales que gastan cantidades exorbitantes de dinero para subvencionar la competición y tiene un componente cultural muy fuerte que hace que esos gobiernos gasten 500 millones de dólares en un estadio”.
Con todo, la NFL –junto a la Federación Internacional de Fútbol Americano (IFAF, en inglés)– está promocionando una versión light del deporte para extenderlo internacionalmente: el flag fútbol. Esta variante, que sustituye los placajes por arrebatar pañuelos de la cintura del contrario, será disciplina olímpica en los Juegos de Los Angeles 2028.
La cuestión es que las grandes ligas profesionales norteamericanas están en plena fase expansiva por todo el mundo. Sin ir más lejos, la NBA ha montado una “liga de desarrollo” en África con tintes extractivistas ya que es un método probado para detectar, captar y exportar las joyas locales a sus equipos nacionales, más que para desarrollar el basket en esos países.
Y la estrategia termina por dar sus réditos: ahora hay 250 millones de personas que ven partidos de la NFL por la televisión en Brasil –donde los equipos fueron antes a jugar sus partidos–. “A los aficionados estadounidenses les da igual si juegan los partidos en Múnich o Londres porque lo ven por televisión. Se trata del mercado televisivo”, apunta Castilho.
“Es principalmente un asunto de negocios ya que allí donde la clase capitalista internacional ve potencial para aumentar el capital, actúa en consecuencia”, advierte Chen Chen. “Existen ciertos intereses comunes entre la clase capitalista dominante en Estados Unidos (los propietarios de la NBA) y la de Europa, los dueños de algunos de los principales equipos profesionales de baloncesto europeos”.
Pero esta parte que parece puramente material “es difícil de separar de la cultura” porque “gracias a la ventaja que le da contar con numerosos jugadores europeos, la NBA está apelando claramente al aspecto cultural como marca global para captar una porción mayor del mercado europeo”. Ahí entran en juego embajadores como el español, Pau Gasol (estrella de los Los Angeles Lakers), el presidente de FIBA-Europa, también español Jorge Garbajosa (que jugó en la NBA dos años) o el dueño del equipo francés Villeurbanne (a favor del proyecto) y también estrella y excampeón de la NBA, Tony Parker.
En un mercado de ocio y entretenimiento cada vez más saturado, y a la vista de todos estos movimientos, el negocio del deporte profesional está por colonizar mercados.
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