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Redadas del ICE y protestas en Irán: el cambio climático condiciona la seguridad del mundo más allá de Groenlandia

CambioClimáticoConflictos

Raúl Rejón

27 de enero de 2026 22:03 h

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Es enero de 2026. Tres conflictos muy diferentes se comen los titulares internacionales: el frenesí anexionista de EEUU sobre Groenlandia; las protestas sociales en Irán y su mortífera represión y las redadas masivas de inmigrantes en ciudades estadounidenses. Sin embargo, los tres comparten un mismo origen: la crisis climática.

La relación entre cambio climático y los conflictos geopolíticos es patente aunque pase desapercibida si no implica protagonistas como el presidente estadounidense Donald Trump. “Al deteriorar el medio ambiente, genera o exacerba las tensiones”, detalla este análisis del Instituto Francés de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS). “Contribuye a la amenaza de las formas de vida, la desestabilización y el estallido de conflictos violentos”.

El punto caliente que se ha generado en el Ártico y Groenlandia con el deshielo tiene su causa inicial en el calentamiento global, aunque la profesora de seguridad societal de la Universidad Noruega del Ártico, Monika Gabriela Bartoszewicz, advierte en conversación con elDiario.es de que el caso de la isla ártica “tiene mucho más que ver con los juegos de poder que ahora han cambiado desde una seguridad basada en el miedo a la codicia. Al ”esto es nuestro'“ que ha aireado Trump.

La politóloga también señala que el frenesí de Trump habla de la “debilidad que están demostrando los EEUU, incapaces de confrontar realmente a Rusia y China lo que ha hecho que se vuelva en contra de actores más débiles, que son sus aliados. No se trata de Groenlandia, sino de posicionarse en el nuevo núcleo de la seguridad mundial que ya no es Europa u Oriente próximo”.

La crisis climática socava la seguridad en todo el mundo. Esto se aprecia en los impactos directos pero es solo la punta del iceberg. También se ve comprometida cuando los efectos del clima debilitan la seguridad hídrica y alimentaria, las cadenas de suministro o la estabilidad política otros lugares

Benjamin Pohl Director de diplomacia climática y seguridad del 'think tank' Adelphi

Siguiendo con los estallidos en este arranque de 2026, en Irán, las protestas sociales que han costado miles de vidas por la acción del régimen de los ayatolás tiene buena parte de su origen en la escasez de agua. Una sequía severa prolongada de seis años, uno de los comprobados efectos del cambio climático –unida a la explotación intensiva para regadíos– ha llevado al sistema hídrico iraní al borde del colapso. El Gobierno ha admitido que, si no llegan las lluvias, es posible una evacuación de la capital Teherán. La falta de agua ha sido una de las chispas fundamentales en los disturbios. La crisis climática amenaza la seguridad hídrica y con ella la estabilidad social.

El director de diplomacia climática y seguridad del think tank alemán Adelphi, Benjamin Pohl, explica que “la crisis climática está socavando la seguridad en todo el mundo. Esto se aprecia con mayor facilidad en los impactos climáticos directos, como los fenómenos meteorológicos extremos que cuestan vidas y enormes recursos económicos, pero es solo la punta del iceberg”. Porque, añade Pohl, “nuestra seguridad también se ve a menudo comprometida cuando los efectos del clima debilitan la seguridad hídrica y alimentaria, las cadenas de suministro o la estabilidad política y financiera en otros lugares”.

Una mujer se lamenta tras volver a su vivienda para limpiarla dadas las inundaciones que dejó a su paso Iota, en la localidad de La Lima, departamento de Cortés (Honduras).

Devastación en Centroamérica, xenofobia en EEUU

El final del análisis de este experto en relaciones internacionales introduce el fenómeno en cadena que puede comenzar en el corredor seco de Centroamérica y termina a miles de kilómetros en un niño de cinco años detenido en Minnesota (EEUU) y dos personas muertas por disparos de la policía ligados por el hilo conductor de la crisis del clima.

El corredor seco es una franja de territorio que atraviesa Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. Allí viven unos 21 millones de personas con más del 20% que dependen de la agricultura y un tercio de la población en situación de pobreza, según la FAO. Una parte del mundo “altamente vulnerable a eventos climáticos extremos”, añade la agencia de la ONU. Sequías y huracanes cebados por el calentamiento global la barren.

A la alteración de los patrones de lluvias y las olas de calor más prolongadas en la región se les añadió de golpe el paso de los huracanes Eta y Iota en 2020 lo que hizo que 2021 fuera un año excepcional de migraciones desde el sur hacia EEUU. Las autoridades estadounidenses afirman que interceptaron 1,7 millones de personas. El 43% provenían de Centroamérica. “La ruina dejada por ambos huracanes de categoría 4 y 5 provocó un nuevo periodo de inestabilidad causada por el clima en la región”, como ha descrito la Cruz y Media Luna Rojas.

La gran migración generada en Centroamérica por la pobreza crea el caldo de cultivo para que Donald Trump hable de “invasión”. Así que lo que yace tras la campaña xenófoba de su administración –ya iniciada en su primer mandato y exacerbada antes de las elecciones de 2024– puede buscarse en la devastación climática generada en el sur. Ahora, las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el ICE, en EEUU en busca de inmigrantes sin papeles (“lo más parecido a las SA nazis”) están generando protestas internas, pavor entre los migrantes y hasta la muerte de opositores.

Agentes del ICE en Minnesota en enero de 2026.

Con todo, muchos de los estudios dedicados a explorar cómo el cambio climático está generando o empeorando conflictos y condicionando la geopolítica coinciden en que África, al ser el continente más expuesto a la crisis del clima, es la parte del mundo más vulnerable a este fenómeno. Las regiones oriental, central y occidental son las zonas donde son más probables los conflictos.

Allí, las sequías que resultan en la escasez de agua tienen un impacto directo en la producción agrícola y la disponibilidad de recursos para la población. Los conflictos entre pastores y ganaderos en el oeste y centro del continente “se disparan por la falta de precipitaciones y el traslado de los segundos a nuevas áreas”, como argumenta el Banco Mundial. Una lucha entre pastos y cultivos que, en Nigeria, Malí, Burkina Faso se ha cobrado más de 15.000 muertes, según el Centro Africano de Estudios Estratégicos.

No se acaba ahí. El norte de África y Oriente Próximo se calientan el doble que el promedio planetario por el cambio climático y es la zona del mundo con mayor estrés hídrico. El 60% de la población padece altos niveles de escasez.

La competencia por el agua y la consecuente falta de alimentos genera conflictos internos y externos en Marruecos, Turquía, Libia, Irak, Arabia Saudí, Yemen, según el recuento del IRIS. El control del Nilo ha provocado amenazas de invasión entre Etiopía, Sudan y Egipto. Como resultado, solo en 2020, hubo unos 7,6 millones de refugiados y 12 millones desplazados internos.

Un niño acarrea agua en Kenya.

La Amazonía está en primera línea de la crisis climática”, sentencia la red de investigación Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR). Su análisis sobre la tipología de los conflictos climáticos en la región de 2025 concluyó que “se le ha dedicado menos atención” a cómo las consecuencias de la crisis climática “han intensificado los problemas preexistentes” y cómo los conflictos que incluyen el desplazamiento forzado para liberar tierras, la extracción de recursos y el crimen organizado siguen moldeando la vulnerabilidad de las comunidades ante las amenazas climáticas.

Por más que el líder del país más poderoso del mundo y sus terminales en Europa (ya sea el húngaro Víctor Orban, el británico Nigel Farage o los españoles Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso) se empeñen en negar o minimizar el cambio climático, su “relación con la seguridad nacional y el bienestar de las sociedades es innegable y cada vez más pronunciada”, como ha analizado el ex general estadounidense y ex jefe de la CIA, David Petraeus.

De hecho, ya en 1988 en la conferencia de Toronto sobre los cambios en la atmósfera, en su declaración final, afirmó que este fenómeno “supondría consecuencias solo comparables a una guerra nuclear global” y que representaba ya “una gran amenaza a la seguridad internacional”. Solo tres años después, la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU de 1991 incluyó por primera vez entre sus “preocupaciones medioambientales” el cambio climático. En 2025 el término fue eliminado por la administración Trump.

Bejamin Pohl contrapone que “mi impresión es que muchos países están preocupados por el impacto del cambio climático sobre la seguridad, sin embargo, es muy difícil desentrañar los elementos climáticos de otros factores que interactúan en los conflictos”.

Por eso, remata el analista, “los efectos que afectan a las formas de vida y contribuyen a agravios que pueden llevar a protestas y violencia son a largo plazo y pueden pasarse por alto o subestimarse. Este es el riesgo de que la injusticia climática mine la legitimidad del orden global”.

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