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La ordenanza del encierro, una novedad con puntos pendientes

Tres expertos de la carrera repasan sus impresiones tras la puesta en marcha durante este año de la medida, que en su opinión solo recoge en una norma y con unas sanciones lo que ya marcaba el bando municipal.

Miguel Ángel Eguíluz, Miguel Reta y Javier Solano recuerdan que falta abordar cuestiones como la concienciación de los tour-operadores sobre el peligro del acto o la masificación.

Dos trasladados al hospital por contusiones tras el encierro

Uno de los encierros vividos durante los sanfermines 2014 / Foto: Efe.

¿Ha cambiado algo en el encierro gracias a la nueva ordenanza? La consecuencia inicial de esta novedad es que, ahora, el Ayuntamiento de Pamplona tiene la capacidad de sancionar, con multas que pueden llegar hasta los 3.000 euros si son muy graves, aquello que ya se prohibía a través del bando municipal. Como tocar o incitar a las reses. Otra cuestión es que esta medida haya servido para corregir malos comportamientos o, según declaran varios expertos de la carrera consultados por este rotativo, para abordar el gran problema pendiente de San Fermín: la masificación del encierro.

Antes del arranque festivo, el Ayuntamiento de Pamplona ya presentó el vídeo que explica las novedades básicas de la ordenanza a los participantes en la carrera. Además de las normas ya mencionadas, la pantalla ubicada en la Casa Seminario también advierte, desde las 07:00 horas, de la prohibición de sacar fotografías o llevar dispositivos durante el encierro, la necesidad de usar calzado adecuado, no correr en estado de embriaguez, no portar bolsos o mochilas y hacer caso, en todo momento, de las instrucciones de la Policía. En ese vídeo no se señala, no obstante, que incumplir estas condiciones puede multarse con hasta 750 euros si se trata de infracciones leves, de 751 a 1.500 las graves, y hasta 3.000 las muy graves.

“Esas sanciones son la principal novedad de la ordenanza, porque cambios no ha habido muchos. Bueno, se ha puesto una línea en Santo Domingo que no debe rebasarse, pero poco más. Todo eso ya estaba recogido en el bando municipal”, explica Miguel Ángel Eguíluz, corredor con 38 años de experiencia y ahora retirado. Para este experto, este tipo de medidas responden a lo ocurrido hace un año, cuando, en el séptimo encierro, se vivieron escenas de riesgo con un montón que juntó a mozos y reses en la entrada al coso taurino. Este año, así, también se ha estrenado una nueva puerta en la plaza para tratar de evitar estas situaciones.

Para Eguíluz, sin embargo, ha quedado por tratar un tema clave: insistir con los tour-operadores para que conozcan, de verdad, qué es un encierro. Ya no solo se trata de explicarles las normas básicas de la ordenanza, sino que tomen conciencia de qué es un toro y, en definitiva, “que sepan dónde se meten”.

Miguel Reta conoce bien a estos despistados. Lleva veinte años como pastor en el encierro, aunque “me suelen decir que no reparto muchos palos”, bromea. Reta también coincide en que la ordenanza no ha supuesto un antes y un después, y que hay que insistir en el mensaje que se transmite sobre el encierro, sobre “una tradición que tiene mucho que ver con perder tus propios miedos, con enfrentarte al riesgo, por eso engancha tanto”. De hecho, por eso Reta cree que, aunque se intente remediar la masificación, nunca debería perderse el carácter popular del encierro.

¿Qué hacer con la masificación?

Ese tema, el de la gran afluencia de corredores al encierro durante, por ejemplo, los fines de semana, es el que, según estos expertos, ha quedado pendiente. Javier Solano, la voz del encierro en TVE desde hace 24 años, también cree que “la ordenanza solo recoge lo obvio” y que al Ayuntamiento le ha faltado coger el toro de la masificación por los cuernos. “Es un tema incómodo, porque ningún político quiere tomar medidas incómodas. Pero aquí son necesarias”, cuenta el narrador de la carrera, que además fue corredor durante 15 años. Está demostrado que a más corredores, más heridos y, por tanto, mayor peligro de muerte.

Para Solano, intentar controlar el número de corredores se lograría con varias posibilidades, aunque ninguna resulta sencilla: solo para pamploneses, solo para personas que cumplan con la tradición y vistan de blanco y rojo o, la más factible, establecer un aforo máximo antes de cada carrera. “Si, por ejemplo, se calculara que con 1.600 personas puede haber un encierro seguro, no habría que abrir las puertas para que lleguen a 4.000 o 5.000”, explica.

Este fin de semana, por tanto, se presenta una nueva prueba de fuego para conocer si las medidas de la ordenanza se cumplen o no, si funcionan o no. Estos expertos, en cualquier caso, creen que estas actuaciones son necesarias, tanto como mantener la esencia de una carrera peligrosa, masiva, tradicional, pero que nunca debe ser temeraria.

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