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El día de nuestra Tierra

Este pasado martes se ha celebrado en todo el mundo el 'Día de la Tierra', una jornada destinada a concienciar los habitantes de nuestro planeta sobre los peligros medioambientales que amenazan el futuro de nuestra sociedad. Y estos peligros no son ya algo lejano, algo que podamos posponer para más tarde. La crisis sistémica que estamos sufriendo y que cada vez tiene más pinta de ser algo crónico es un reflejo de que hemos topado en ciertos aspectos con los límites ecológicos del planeta y no nos va a quedar más remedio que adaptarnos a una nueva realidad.

Pero estas cuestiones siempre quedan al margen de las prioridades de agenda de los políticos, tanto de los líderes mundiales que dirigen los países más 'avanzados', y por tanto más contaminantes, como por las personas que rigen las instituciones más próximas a la ciudadanía. Los grandes partidos, tanto de derechas como de izquierdas, nos prometen implementar políticas destinadas a volver a esa 'senda del crecimiento infinito' en la que hemos vividos durante más de un siglo y que ha permitido grandes avances a una humanidad que ahora se ve atrapada en una situación que no tiene una fácil solución a corto plazo.

A pesar de lo que nos dicen desde la mayoría de los medios de comunicación, este no es un problema que podamos solucionar reciclando envases, absurdamente numerosos e innecesarios, o firmando peticiones y participando en campañas con mayor o menor trascendencia. Superar el reto al que nos enfrentamos, un reto que ya está aquí y que nos está afectando en nuestra vida diaria, va a requerir mucho más que unos pequeños gestos  bienintencionados. Ese tren ya partió hace tiempo.

Tampoco las actuaciones en ámbitos locales nos garantizan un futuro sostenible que respete los límites del planeta. Aquellos que plantean alternativas políticas basadas en conservar o modificar líneas sobre un mapa argumentando conflictos históricos e incompatibilidades culturales, e incluso étnicas o religiosas, no parecen darse cuenta de la gravedad y de la urgencia de un problema que va a condicionar nuestra existencia y la de las próximas generaciones. Por muy legítimas que sean sus aspiraciones, parece poco inteligente no afrontar antes un problema tan grave como el que se quiere denunciar con el 'Día de la Tierra'. No nos engañemos: ni Euskadi, ni España, ni siquiera Europa podrán por si solas solucionar un problema que nos afecta a todos los habitantes de este planeta.

Nuestra supervivencia como sociedad a medio plazo, solo será posible con una economía baja en carbono, que reduzca el consumo de energía, materias primas y agua mediante sistemas productivos eficientes, que minimice o evite los residuos y la contaminación y proteja los ecosistemas y la biodiversidad.

Nuestra supervivencia como sociedad a medio plazo, solo será posible con una economía baja en carbono, que reduzca el consumo de energía, materias primas y agua mediante sistemas productivos eficientes, que minimice o evite los residuos y la contaminación y proteja los ecosistemas y la biodiversidad. Es así de crudo, pero nadie quiere afrontar este reto y solamente se ofrecen soluciones cortoplacistas que no pretenden cambiar el modelo económico que nos está llevando al desastre. Preferimos pensar que saldremos de la crisis y que podremos volver a disfrutar de las ventajas de un sistema basado en el despilfarro de los recursos de nuestro planeta sin tener que sufrir las consecuencias de nuestro comportamiento.

Adoptar las medidas necesarias para revertir una situación cada vez más insostenible no significa renunciar a todo el progreso humano y volver a vivir en las cavernas, tal y como argumentan los defensores a ultranza del actual modelo. El reto es diseñar una nueva sociedad basada en criterios diferentes, en un modelo productivo y de consumo basado en la economía social, sostenible y del bien común. En este nuevo modelo la prosperidad también es posible, pero es una prosperidad compartida, basada en una redistribución de la riqueza y del trabajo desde criterios más igualitarios. Muchos me dirán que estos objetivos son muy bonitos, pero utópicos. Pero, ¿no es más utópico pensar que podemos seguir en la misma línea, sin tener en cuenta los límites físicos de la Tierra? Estamos cansados de escuchar que solo tenemos un planeta, pero actuamos como si no fuese así y el tiempo se agota. Y no se trata, tal y como escuchamos en muchas campañas publicitarias, de salvar el planeta. Se trata de garantizar nuestro futuro como especie y como sociedad mínimamente organizada.

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