Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Trump reacciona a la desesperada ante el golpe económico y la presión
Telefónica, Iberia, Glovo: 2026 arranca con un goteo de ERE y el auge de la incertidumbre
Opinión - 'El derrumbe del debate público', por Esther Palomera

Aunque pinta mal, que el PP no se ponga nervioso

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, se reúne con el secretario general, Miguel Tellado, durante un pleno en el Congreso
12 de marzo de 2026 22:16 h

0

Es deprimente comprobar la fragilidad de las economías de algunos de los países que se consideran los más ricos y poderosos del mundo. Por no hablar de los que no lo son tanto o lo son bastante menos. Porque en menos de diez días de la guerra de Irán los supuestos, incluso certezas, en las que se basaban sus pronósticos de futuro se han venido abajo de la mano de la subida del precio de los carburantes y de los fertilizantes y ahora el panorama está marcado por la incertidumbre y el temor de que los graves problemas que hoy se padecen terminen por convertirse en una crisis que arrase con todo.

La economía española no se escapa de esas reflexiones. De repente, sin que nadie se lo esperara, una decisión tomada lejos de nuestras fronteras –la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán– ha acabado con el buen momento que vivía nuestra economía, desde hace al menos tres años, y el pesimismo ahora domina todos los análisis y debates. La subida del precio del petróleo, hasta los 100 dólares por barril, ya ha colocado al sector agrícola y al de los transportes al borde del abismo y la crisis de otros suministros que provoca el cierre del estrecho de Ormuz amenaza a buena parte de los sectores industriales.

Todavía es pronto para ver qué impacto final tendrán esas subidas, y las otras muchas que se derivarán de las mismas, en el índice de inflación. Pero no cabe duda de que será significativo. Las bolsas, un capítulo no despreciable de la evolución económica, ya llevan varios días cayendo y nada hace pensar que en breve se vaya a revertir esa tendencia.

La cosa pinta mal porque no parece que la guerra de Irán, el origen de todos esos males, vaya a acabarse dentro de poco y mucho menos que el estrecho de Ormuz vaya a abrirse en un plazo previsible de tiempo al tráfico de petróleo, de gas y de otros muchos productos vitales para el funcionamiento de la economía mundial. La angustia marca los discursos de la mayoría de los dirigentes mundiales. De los europeos y de los asiáticos, incluidos los siempre prudentes responsables políticos chinos.

Y ya ha empezado el debate sobre qué hacer para paliar el problema y sus consecuencias. Una primera decisión ha sido la tomada conjuntamente por varios países para llevar al mercado la formidable cantidad de 400 millones de barriles de petróleo de reservas estratégicas. Y se observa con gran expectación la posibilidad de otra medida conjunta, cuando menos en Europa pero que repercutiría en todo el mundo si se adopta, que es la subida del tipo de interés del euro. También se habla de la posibilidad de intervenciones para frenar, por orden de la Comisión Europea, la subida de los precios finales del gas y de los carburantes. Todas esas medidas, y otras muchas más, son difíciles de tomar porque la teoría indica que, empezando por la subida de los tipos de la moneda única, tienen efectos secundarios indeseables e incluso peligrosos tal y como la experiencia de anteriores crisis demuestra sin género alguno de interpretaciones.

Pero, las acciones conjuntas entre los principales actores mundiales es una perspectiva que aún está muy verde. Entre otras cosas, porque el principal causante de la crisis y de que ésta siga haciendo daño a casi todo el mundo es la Norteamérica de Donald Trump, sin cuyo concurso esas acciones tendrían escaso recorrido. Y Trump no parece estar por la labor de sentarse con nadie. Al menos por el momento.

De ahí que quepa pensar que durante un plazo no precisamente corto las iniciativas que se vayan a tomar para hacer frente el problemón que se nos ha venido encima tendrán que adoptarse en cada país.

El gobierno español ha confirmado que el debate ya se ha abierto en el nuestro. Y que las primeras medidas, seguramente una reducción de los costes del carburante para el sector agrario, el pesquero y el industrial se adoptarán muy en breve. Posiblemente antes de que el PP, con el exclusivo afán de ser algo protagonista, vaya a exigirlas en el parlamento. Con un detalle adicional. Alberto Núñez Feijóo pide también una rebaja sustancial del IRPF y que se recorte el 10 % del IVA de los productos energéticos. Tal y como viene haciendo desde hace tiempo. En el primer caso encontrándose siempre con la renuencia de toda la izquierda para la cual no es de recibo que se vean beneficiados por igual por la supresión del IRPF un modesto trabajador y un rico riquísimo.

Uno de estos últimos, Juan Roig, el presidente y dueño de Mercadona no ha dudado en alinearse a las primeras de cambio con el PP y pedir la supresión del polémico pero muy importante impuesto. Y, por supuesto, sin hacer mención al hecho de que en 2025 Mercadona ha obtenido un beneficio de 1.729 millones de euros. Que el señor Roig seguramente espera mejorar si le bajan los impuestos. Idéntica reivindicación sobre el IRPF ha hecho el jueves Antonio Garamendi, el presidente de la CEOE, antes de reunirse con los líderes sindicales. Que, a la salida del encuentro, por cierto, infructuoso en cuanto a la propuesta de medidas anticrisis, no han dudado en decir una vez más que están en contra de que se toque ese impuesto.

Volviendo al PP, otra de sus últimas actuaciones ha sido criticar al gobierno por su tardanza en tomar medidas. Para Miguel Tellado y los suyos, Pedro Sánchez tendría que haber actuado ya. Como si estas situaciones, de una complejidad extrema, y más cuando el conflicto continúa sin que se sepa hacia dónde va a tirar, se pudieran arreglar en un pis-pasa. No era eso lo que hacía el PP cuando estaba en el gobierno. La calma y la serenidad son ingredientes fundamentales de cualquier política destinada a hacer frente a una crisis como la que se nos ha venido encima. Por una vez, confiemos en que el Gobierno sepa hacer lo que tiene que hacer.

Etiquetas
stats