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Ahora es el momento

Un grupo de jóvenes en la manifestación del 8 de marzo de 2025 reclamando igualdad real.
7 de marzo de 2026 22:37 h

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Tengo un sueño. No es el sueño de Martin Luther King Jr., sino uno mío, uno propio. Un sueño en el que la libertad entra en la vida de mi hija sin vacilar. Un sueño en el que no se salta una generación antes de llegar hasta mi nieta. Un sueño en el que el género describe, pero nunca limita. En el que haber nacido niña no es un factor de riesgo. Ese es mi sueño, y me niego a tener que susurrarlo. Estoy decidida a hacerlo realidad. 

Este es el momento adecuado, porque estamos atravesando una época de reacciones negativas contra los derechos de las mujeres. Nos dicen que estamos progresando. Sin embargo, con demasiada frecuencia, este progreso se utiliza como arma contra las mujeres y las niñas. Las tecnologías que se suponía que nos conectaban ahora nos dividen. Los bots amplifican el odio en internet. Las ultrafalsificaciones roban los rostros y las voces de las mujeres, despojándolas de dignidad y convirtiendo la innovación en intimidación. 

Porque en el mundo de la política y de los negocios, los viejos estereotipos llevan trajes nuevos. El sesgo ya no grita: codifica, calcula y excluye silenciosamente. Y cuando discutimos en cámaras de eco digitales, la brecha se hace más profunda. Las niñas y los niños se distancian, la desconfianza ocupa el lugar del entendimiento y la polarización sustituye a la colaboración. 

Este no es el futuro que nos prometieron. Tampoco es el futuro que quiero para mi nieta. 

Cuando asumí el cargo hace un poco más de un año, decidí que no basta con desear que las cosas cambien. La visión debe convertirse en ley. La esperanza debe traducirse en políticas. Las palabras deben convertirse en protección.

No partimos de cero. Desde la Estrategia para la Igualdad de Género de 2020, Europa ha pasado de las promesas a los avances. Hemos aprobado leyes históricas para poner fin a la violencia de género, garantizar la transparencia salarial, reforzar la conciliación de la vida familiar y la vida profesional y aumentar el número de mujeres en puestos directivos. Esto demuestra lo que la UE puede lograr cuando actuamos con determinación. 

En 2023, dimos un paso histórico al adherirnos al Convenio de Estambul, dejando claro que la protección de las mujeres no es solo una responsabilidad nacional, sino una obligación europea. El año pasado, todos los Estados miembros y el Parlamento Europeo refrendaron los ocho principios fundamentales de la hoja de ruta sobre los derechos de la mujer, un compromiso compartido de proteger y empoderar a todas las mujeres y niñas y permitirles que desarrollen todo su potencial. 

Vamos por el buen camino, pero el progreso nunca debe generar complacencia. Nunca debe utilizarse como excusa para la inacción. Aún hay brechas que pueden y deben cerrarse, y este es un objetivo con el que estoy comprometida. 

La semana pasada presentamos la nueva Estrategia para la Igualdad de Género. La Estrategia señala claramente los retos a los que nos enfrentamos. Aborda las crecientes amenazas que afectan de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas, como la ciberviolencia o las ultrafalsificaciones realizadas con IA. También trata la cuestión de los discursos nocivos en internet que generan división entre los niños y las niñas, debilitan nuestras sociedades y erosionan la confianza en nuestras democracias. 

Nuestro objetivo es sencillo pero ambicioso. Queremos alcanzar la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida: en internet y en el mundo real, en la salud y en la educación, empoderando económicamente a las mujeres y garantizando que tengan voz en los procesos de toma de decisiones. Todo el mundo se beneficia de la igualdad de género, y necesitamos la participación de todas las personas para lograrla. Hombres, mujeres, niños y niñas de todas las edades, de todos los orígenes, de todas las culturas y de todas las creencias. 

La igualdad es una recompensa compartida. Se calcula que solo la brecha de género en el empleo cuesta a la UE 390 000 millones de euros al año. Hablamos de talento que se desperdicia, innovación que no se aprovecha. Europa no puede permitirse esta ineficiencia.

Hoy, me atrevo a soñar porque estamos trabajando para construir una Unión competitiva en la que todas las personas puedan ser quienes quieran ser, sin que el género sea un límite, y tengan la oportunidad de dedicarse a la ciencia, la enfermería, las matemáticas o la política, pilotar aviones, emprender, cuidar a otras personas o dirigir una empresa. Una verdadera Unión de la Igualdad. Como comisaria europea de Igualdad, tendré presente este objetivo en todas las decisiones que tome. 

El Día Internacional de los Derechos de la Mujer es una ocasión para celebrar. Pero también nos recuerda que los derechos de las mujeres nunca fueron regalados. Se consiguieron con mucho trabajo, persistencia y solidaridad, tanto en Europa como fuera de ella. No abandonaremos ese legado. Protegeremos los derechos conseguidos con tanto esfuerzo, reactivaremos los avances paralizados y resistiremos frente a los intentos por hacernos retroceder.

Porque nuestras nietas merecen más que un sueño. Merecen un mundo que se mantenga junto a ellas con firmeza.

Ahora es el momento.

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