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Ceuta: toda la infancia necesita y merece cuidado, protección y futuro

La pequeña Amira juega junto a otros menores, en el campamento donde viven desde hace dos semanas, en Ceuta.
15 de septiembre de 2026 22:00 h

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Decía la célebre actriz Audrey Hepburn, Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF desde 1988 hasta su muerte en 1993, que “cuidar a los niños no tiene nada que ver con la política”. Esta máxima aplica a cada niño y niña del mundo, esté donde esté, e independientemente de su procedencia, su género o sus circunstancias. También en Ceuta, donde en las últimas semanas hay una situación retadora y difícil para los miles de niños y niñas que han llegado a la ciudad autónoma, y también para aquellos que ya vivían allí. 

La infancia que arriesgó su vida en el mar para llegar a España vive en la incertidumbre sobre su futuro y en unas malas condiciones de alimentación, salud, higiene y protección. Especialmente los niños y adolescentes que aún siguen en las calles o escondidos en el monte o en casas. 

Por otro lado, la llegada de miles de personas, una situación sin precedentes en nuestro país tanto por el número como por la velocidad ha tenido y tiene un impacto significativo en la vida de la población ceutí y de forma especial en su infancia. Las familias están preocupadas y afrontan con incertidumbre momentos tan cotidianos como un inicio de curso escolar que este año no se ha producido con la normalidad de siempre. 

Desde UNICEF España, nuestra mirada está puesta en todos los niños y niñas. Nos preocupa el bienestar de todos y cada uno ellos: de quienes han visto su rutina alterada y sienten la disrupción en su ciudad, y de quienes han llegado y se encuentran solos y desprotegidos. El reto, por tanto, es doble. Se debe normalizar de nuevo la vida de la infancia residente en Ceuta, que puedan acudir al colegio y acceder a espacios de ocio, juego y deporte sin incidentes. Y, al mismo tiempo, se tienen que ofrecer medidas de protección y condiciones adecuadas a los recién llegados, cuya situación es, en muchos casos, crítica. 

El desafío no es menor. Un mes y medio después de la llegada, y pese a los esfuerzos realizados, todavía no se ha conseguido identificar y derivar a muchas personas, incluidos niños y niñas, a centros o espacios seguros. El sistema de protección se ha visto sobrepasado y las posibles soluciones no son rápidas ni inmediatas, aunque deben acelerarse. Estas pasan por el aumento de los recursos de acogida disponibles y la agilidad de los procesos de identificación de los niños y niñas solos y de su derivación a espacios seguros. Es necesario poner a la infancia en el centro de las decisiones políticas y evaluar caso por caso la situación particular y las vulnerabilidades de cada niño, niña y adolescente para que las medidas que se adopten respondan únicamente a su interés superior, a lo mejor para cada uno, una vez que se le ha escuchado y se han valorado sus circunstancias y lo que le motivó a salir de su país. Esto responde a principios universales de protección de la infancia, recogidos en la legislación española y, por lo tanto, de obligado cumplimiento para las administraciones públicas. 

Para avanzar en ello, es esencial la recién puesta en marcha Unidad de Emergencia especializada en Infancia (UMAIME), propuesta por UNICEF España y liderada por el Ministerio de Juventud e Infancia, para apoyar a las administraciones y entidades que trabajan directamente con la infancia en situaciones de emergencia como esta. 

Así lo hemos trasladado durante estas últimas semanas a las autoridades e instituciones con las que nos hemos ido reuniendo para garantizar que todos los niños y niñas en Ceuta sean la máxima prioridad. Algo que requiere la coordinación entre todos los actores implicados y una responsabilidad compartida entre la Ciudad de Ceuta, el gobierno central y las comunidades autónomas. Ceuta no puede abordar sola una crisis migratoria de esta magnitud; una gestión adecuada y coordinada de la misma, que incluya traslados a otras Comunidades, repercutirá también en el bienestar de la infancia ceutí. 

Tenemos que garantizar que los niños y niñas que ya vivían en Ceuta se sientan protegidos en su propia ciudad, reforzando también servicios como los de apoyo psicosocial. Y no es aceptable que haya miles de niños y niñas solos, en las calles y sin acceso a los servicios más básicos. Toda la infancia merece que sus derechos se cumplan y que se garantice su protección. 

La protección de la infancia ceutí y la protección de la infancia migrante no son objetivos contrapuestos. Todo lo contrario, los espacios seguros, las condiciones adecuadas, el registro y valoración con garantías de cada niño o niña migrante, los traslados a otras Comunidades Autónomas para compartir la responsabilidad… son también el camino para normalizar la situación de la infancia ceutí. Y más allá, es el camino para garantizar que todos los niños y niñas que están hoy en Ceuta crezcan seguros, protegidos y con sus derechos plenamente respetados. 

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